Autor: Martín Polo

Con un mercado cambiario estabilizado y sin nuevos ajustes en las tarifas de los servicios públicos, el proceso de desinflación de la economía continuará.

Desde 2008 a la fecha, la economía argentina atravesó cuatro ciclos recesivos de diferente intensidad y con patrones disímiles.

Comienzan a notarse algunas señales que invitan a moderar el pesimismo sobre el consumo. Lo más importante es la desaceleración que marca la inflación desde la segunda semana de mayo y que se consolida en junio. Asimismo, hay otros factores adicionales.

Desde que el Gobierno regularizó su situación con los holdouts, se terminó la restricción externa. Esperamos que el ingreso de capitales se mantenga y, con ello, el tipo de cambio no tendrá grandes fluctuaciones, previendo que la cotización del dólar termine el año en $15,3.

La soja en alza, el real para arriba, el dólar para abajo y las tasas de interés, bajas. Nuestra dura transición hacia una economía menos intervenida y regulada se encuentra con un contexto internacional favorable que persistirá por más tiempo al que esperábamos.

A diferencia del kirchnerismo, que buscó hacerlo por la fuerza, las nuevas autoridades del BCRA apuntan a lograr la pesificación usando las tasas de interés. En su ADN está implícito que la inflación es un fenómeno monetario. ¿Podrá lograr su objetivo?

La buena noticia es que, considerando que el PIB nominal estaría subiendo por encima del 25%, eso permite que el desequilibrio fiscal se reduzca en términos del PIB.

El reordenamiento macro requiere acceder a financiamiento externo