Economías emergentes

¿Qué pueden hacer para volver a crecer a tasas altas?

(Columna de Kalpana Kochhar, directora adjunta en el Departamento de Estrategia, Políticas y Evaluación del FMI y  Roberto Perrelli, economista de la División de Mercados Emergentes del Departamento de Estrategia, Políticas y Evaluación del FMI. La columna fue publicada en el portal Diálogo a Fondo del FMI)

Tras una década de alto crecimiento y rápida recuperación después del desplome del banco de inversiones Lehman Brothers, los mercados emergentes se ven ante un crecimiento más lento. En promedio, su crecimiento es ahora 1,5 puntos porcentuales menor que en 2010 y 2011. Se trata de un fenómeno generalizado: el crecimiento ha estado desacelerándose en prácticamente tres de cada cuatro mercados emergentes. Esta proporción es muy alta. En el pasado, lo típico era que este tipo de desaceleraciones sincronizadas y persistentes sólo se produjeran durante crisis agudas. Según nuestro análisis, esta desaceleración es atribuible en parte a fuerzas cíclicas, entre las que se incluye un debilitamiento de la demanda externa y en parte a cuellos de botella estructurales, por ejemplo, en infraestructura, en los mercados de trabajo y en el sector energético. Y se ha producido a pesar de que las políticas macroeconómicas internas han sido expansivas, los términos de intercambio son (aún) favorables y las condiciones de financiamiento han sido propicias, y sólo recientemente han comenzado a endurecerse.

Sin embargo, una parte no insignificante de la desaceleración sigue sin explicarse, lo cual lleva a pensar que están operando otros factores comunes a los mercados emergentes.

¿Este crecimiento más lento llegó para quedarse?

La actual desaceleración lleva a preguntarse si los mercados emergentes pueden volver a las tasas de crecimiento observadas en la última década, o si sus perspectivas son menos prometedoras de lo que pensábamos hace unos años. En la década del 2000, una sólida demanda externa y el desarrollo de las cadenas de suministro promovieron un mayor crecimiento a través del comercio y la especialización. Y las políticas prudentes dieron fruto. Los países que manejaron bien su economía en “las buenas épocas” tuvieron más poder de fuego para defenderse de la crisis financiera mundial.

En cambio, aquellas economías con grandes desequilibrios externos y financieros, incluidas muchas de las economías europeas emergentes, están atravesando por un penoso proceso de desapalancamiento y su recuperación después del desplome de Lehman ha sido más prolongada. Determinar si esta desaceleración es un fenómeno a largo plazo depende del grado en que se considere que es estructural, la jerga usada por los economistas para referirse a cambios fundamentales en el potencial de crecimiento de una economía. Pero el crecimiento potencial es un indicador no observable.

Teniendo en cuenta el hecho de que el financiamiento barato y el alza de precios de las materias primas durante la última década promovieron un mayor nivel de inversión y de crecimiento en muchas economías, y el hecho de que estos vientos favorables se están atenuando, estimamos que es necesario revisar a la baja el crecimiento “potencial” de los mercados emergentes. El crecimiento pronosticado por el FMI para los próximos cinco años se ha reducido 0,7 puntos porcentuales en comparación con el que se pronosticó en octubre de 2012. Los analistas de mercado también han revisado sus pronósticos a la baja de manera similar. Esto significa que en los mercados emergentes las autoridades deben reconocer que las tasas de crecimiento serán más bajas que en el pasado.

De lo contrario, corren el riesgo de sobreestimular sus economías y generar desequilibrios por los que terminarán pagando caro. Pero hay cosas que pueden hacer para generar un crecimiento sostenible más alto.

Retomar los desafíos del pasado

Este análisis cobra más relevancia cuando tenemos en cuenta el inminente aumento de las tasas de interés mundiales. Tras el anuncio de la Reserva Federal de Estados Unidos de que abandonaría gradualmente su política monetaria no convencional, algunos mercados emergentes se han visto ante un fuerte éxodo de capitales de efectos perturbadores. Y los mercados emergentes más vulnerables, aquellos con déficits en cuenta corriente abultados y crecientes y con un alto nivel de inflación, se han visto ante una depreciación más abrupta del tipo de cambio y aumentos de los rendimientos de los bonos. Las políticas tendrán una importancia crítica en el futuro, dado que los inversores serán cada vez más selectivos entre los países de mercados emergentes en función de sus marcos de política y la solidez de sus balances.

¿Cómo pueden los mercados emergentes recuperar el ritmo? A riesgo de reiterar lo que podría considerarse una “historia antigua”, los países tendrán que identificar las prioridades de reforma para superar las limitaciones de oferta, aumentar la productividad y empujar sus economías hacia niveles más altos de la cadena de valor de las actividades económicas. Esto significa superar las barreras que persistentemente traban el crecimiento a largo plazo, por ejemplo, impulsando inversiones en infraestructura y mejorando el clima de negocios. Las políticas contracíclicas de gestión de la demanda ya no surtirán su efecto mágico. Hay mucho en juego y el momento de tomar medidas decisivas de política económica es ahora.

Considerando el tiempo que lleva implementar medidas estructurales y el desfase con que naturalmente reacciona la economía, el repunte de los mercados emergentes no será ni rápido ni fácil. Pero tendrán que empezar pronto si quieren evitar el riesgo de una década perdida.