Desarrollo Humano

¿Dónde está parada la Argentina?

(Columna de Jorge Paz, economista e investigador del CONICET y director del IELDE)

Hace apenas unas semanas se publicó el Informe de Desarrollo Humano 2013 (HDR-13). La agencia encargada de su publicación y difusión, el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), lo denominó este año “El ascenso del Sur: progreso humano en un mundo diverso”, quizá para destacar y contraponer el desempeño reciente de las economías en desarrollo (entre las que se encuentra la Argentina), al de Europa y América del Norte luego de la crisis de 2008-2009 y de la recesión subsiguiente.

Según sostiene el HDR-13, de seguir este ritmo de progreso, dentro de no muchos años las economías en desarrollo de Brasil, China y la India, superarán en producción a Canadá, Francia, Alemania, Italia, Inglaterra y los Estados Unidos combinados. Esto será posible porque, como algunos economistas lo mostraron, los logros en desarrollo humano son el combustible que necesita el crecimiento económico; y el crecimiento, el combustible del desarrollo humano. Una población más educada, mejor nutrida y más saludable es más productiva; pero también, los frutos de la mayor productividad pueden usarse para expandir y perfeccionar esas capacidades. En la medida en que ese proceso se ponga en marcha, en que se sea posible transformar el desempeño económico favorable en más desarrollo humano, el círculo virtuoso de la riqueza será posible.

Sorpresas y déjà vu

El HDR-13 tiene algunas sorpresas y también buena parte de déjà vu. Lo marcado en el título podría ser la principal sorpresa. Así, mientras que en 1950 Brasil, China y la India representaban el 10% de la economía mundial, de continuar las tendencias actuales, se estima que en 2050 generarán conjuntamente el 50% de la producción del planeta. Esto, además, acompañado de una clase media que crece tanto en tamaño como en ingresos. Es bueno recordar que China solamente tiene más de 1.340 millones de habitantes, es decir, aproximadamente el 20% de la población mundial, cifra que impresiona tanto por la abundancia del trabajo como por el potencial de consumo.

A su vez, se consolidó en la última década la cooperación Sur-Sur, detalle no menor por el impacto que tiene en la innovación tecnológica en procesos específicos y locales. Los resultados del HDR-13 que no sorprenden en absoluto se encuentran en los extremos de la tabla mundial de posiciones.

Así, como en las maratones, los corredores de élite son siempre los mismos. Los diez primeros en la lista del desarrollo mundial siguen siendo los de siempre: los nórdicos, Australia, Estados Unidos y Japón. Los diez últimos tampoco se mueven demasiado de lugar: Níger, Chad, Malí y otros africanos, sumidos siempre en la pobreza más honda de todas las posibles y sin perspectivas de largo plazo. Es decir, los cambios ocurren en los sectores medios de la tabla de orden de las naciones. La diferencia entre el número 1 (Noruega) y número 186 (Níger) es de 3:1 y está medida con el Indice de Desarrollo Humano (IDH).

La Argentina y la región

El IDH es un agregado de tres dimensiones consideras básicas: nivel de vida digno, educación y salud. Los indicadores de cada dimensión están, por lo general, disponibles en los países que entran en el ranking: el ingreso nacional per cápita, los años de educación y la esperanza de vida al nacimiento. El PNUD divide al mundo en cuatro clubes según el valor del IDH: muy alto, alto, medio y bajo. La Argentina se ubicó en 2012 en el puesto 45 y quedo, así, dentro del primer pelotón. En la región sólo es superado por Barbados (38) y Chile (40). Muy cerca se encuentran Uruguay (51) y Cuba (59), que comparte posición con Panamá. Los otros grandes de América Latina se encuentran en los puestos 61 (México) y 85 (Brasil). Los demás vecinos de la Argentina, están muy lejos: Bolivia (108) y Paraguay (111).

No todo lo que brilla…

En el Informe de 2010, el PNUD introdujo una innovación metodológica crucial: corrigió los valores del IDH por desigualdad en cada una de sus dimensiones. El IDH es un promedio que oculta situaciones heterogéneas dentro de los países. Como resultado, todos los países de América Latina cayeron varias posiciones dentro del ranking del desarrollo mundial. La Argentina, 8 puestos; Bolivia, Brasil y México, 12; Chile, 10 y Uruguay, 4. También descendieron algunos de los grandes: EEUU, 13 puestos y la República de Corea, 18. Lo anterior implica al menos que: a) la Argentina enfrenta un serio problema de desigualdad, y b) ese problema transciende la desigualdad de ingreso, observándose también en salud y educación.

Conociéndonos un poco más

El IDH argentino es 17% más alto que la media mundial. Su valor (0,811) lo ubica cerca de Croacia, Letonia y Portugal. Noruega, el primero de todos, aventaja a la Argentina en un 17%. La Argentina es, según el IDH, el tercer país más desarrollado de América Latina y el Caribe, subió 4 puestos entre 2007 y 2012 y desde que se computa el IDH, desde el año 1980, el desarrollo aumentó en un 20%, superando el avance promedio de los países del grupo de “muy alto desarrollo” (17%), pero muy por debajo de los más pobres: 48% de avance en los últimos 30 años.

Es decir, hay una clara convergencia de los países del mundo hacia niveles más elevados de desarrollo y la Argentina se aproxima a un ritmo moderado a los países que están a la vanguardia del bienestar económico y social del mundo.

La caída del índice por desigualdad fue intensa para la Argentina: el IDH pasa de 0,811 sin corregir al 0,664 corregido, es decir, una pérdida por desigualdad del 19,5%. Pero se debe hacer notar que ésta es una caída que resume el ajuste en las tres dimensiones: ingreso, educación y salud. Cabe entonces la pregunta: ¿Cuál de las tres dimensiones es la más importante? O bien, ¿en qué somos más desiguales los argentinos? Las pérdidas por desigualdad en ingresos, educación y salud fueron del 34%, 12% y del 10%, respectivamente. Nueva conclusión: con la desigualdad todos pierden, pero algunos pierden más que otros y los que pierden lo hacen porque algunas desigualdades son más virulentas que otras. La desigualdad de ingresos en la Argentina es un problema muy serio.

Puertas adentro

Otro problema ya conocido son las disparidades regionales. Como puede verse en la tabla, en la Argentina hay situaciones diversas a tener en cuenta. Todas las jurisdicciones del país están en los que el PNUD clasifica como “muy alto desarrollo” y “alto desarrollo”. En la tabla se muestra, sin embargo, la gran diversidad dentro de los clubes: hay provincias de la Argentina que en el ranking mundial ocuparían el puesto 72 (como Formosa y Chaco), y otras (como la Ciudad de Buenos Aires), que estarían en lo alto de la tabla, en el puesto 13, junto a un país como Islandia o Dinamarca. Sólo para tener en cuenta: el IDH de la Ciudad de Buenos Aires supera en un 22% el de Chaco. Ciertamente toda esta historia cambia al corregir por desigualdad. Pero eso es harina de otro costal.



Jurisdicción IDH IDH similar Puesto mundial
Ciudad de Buenos Aires 0.908 Islandia 13
T del Fuego 0.867 Grecia 29
Santa Cruz 0.839 Eslovaquia 35
Neuquén 0.827 Polonia 39
Chubut 0.822
Córdoba 0.820
Santa Fe 0.815 Chile 40
La Pampa 0.815
Mendoza 0.813
Argentina 0.811 45
GBA 0.802 Croacia 47
Tucumán 0.802
La Rioja 0.801
Catamarca 0.795 Uruguay 51
Entre Ríos 0.795
San Juan 0.793
Río Negro 0.791 Rusia 55
San Luis 0.788
Jujuy 0.786
Salta 0.784
Corrientes 0.770 Costa Rica 62
S del E 0.759
Misiones 0.756
Formosa 0.746 Dominica 72
Chaco 0.746 Líbano 72

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One Comment

  • degaulle dice:

    Son estadísticas. Marcan generalidades, no situaciones particulares. Es tarea de artesano estadista lograr que las zonas argentinas peor ubicadas corran a la velocidad de los países más pobres para alcanzar posiciones como la de la ciudad de buenos aires, quien -con más oxigeno y en otra posición- puede manejar una velocidad de desarrollo mas moderada. No obstante no olvidemos que la ciudad de Buenos Aires pretende competir con ciudades como San Pablo o Barcelona. Tampoco se puede alejar mucho de ellas. Si bien la primera es más industrial, la segunda más comercial y la nuestra más financiera, con cierta integración comercial, cultural, y una pretensión industrial. Los mayores ingresos siguen proviniendo del campo, dentro de ese diseño en el que nos puso la potencia británica, y del que pretendemos apartarnos. La educación pública está incluyendo a los pueblos originarios, incluso de países vecinos, y la salud pública cubre esos mismos pueblos originarios y vecinos. No es fácil esa distribución de educación y salud, mientras se pretende salir a competir con la industria nacional desde inversiones provenientes del campo generador de ingresos.
    Continuar invirtiendo en el recurso humano, para el campo tecnificado, para la industria incipiente, para otorgar salud y educación, requiere de unas finanzas claras, con una conducta en los hombres y mujeres que las manejan.

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