“Industrializarse será más difícil, pero no imposible”

Entrevista a Ha-Joon Chang.

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Ha-Joon Chang, economista, investigador, autor de más de una decena de libros y profesor de la Universidad de Cambridge, es uno de los especialistas más respetados en el área de desarrollo económico. De perfil heterodoxo, nació en Corea del Sur, uno de los países que logró una de las transformaciones productivas más reconocidas en la segunda mitad del siglo pasado. En diálogo con El Economista, habló sobre su especialidad y dijo que no hay razones para que la Argentina no sea un país desarrollado en el futuro cercano.

En un artículo reciente, su colega Dani Rodrik manifestó que será crecientemente raro encontrar “milagros de crecimiento”. Decía que sería cada vez más difícil para los países en vías de desarrollo hacer, como hicieron los del este de Asia en las últimas décadas, ese formidable catch-up productivo. ¿Usted coincide o es menos pesimista que su colega?

Todas las cosas que menciona Rodrik son reales e importantes. Industrializarse va a ser más difícil. Sin embargo, no sería tan pesimista como él, dado que la historia mundial, y la de los procesos de industrialización específicamente, estuvo repleta de sorpresas. Por ejemplo, hasta los ’70 o incluso comienzos de los ’80, muchas personas pensaban que Japón, al ser el país más europeo de Asia, sería el único de la región que lograría industrializarse. Pero pronto, países como Corea del Sur, Taiwán y Singapur, lo hicieron y mostraron que sí era posible. Luego, muchos decían que ellos serían los último tres países del Tercer Mundo en industrializarse vía las exportaciones, ya que el mercado mundial no era lo suficientemente grande como para que entrara un nuevo país con ganas de industrializarse. Y apareció China, y esos pronósticos volvieron a fallar. En su tesis, Rodrik se preocupa de que habrá más competencia y más competidores en busca de industrializarse. Pero siempre hubo competencia. En los ’70, cuando Corea del Sur intentó exportar acero, barcos y automóviles, entre otras cosas, muchos creían que fracasarían por el exceso de capacidad que había en los mercados mundiales de esos productos. Pero Corea del Sur triunfó en esos mercados porque fue más competitivo que los países que los producían. En síntesis, diría que industrializarse será más difícil pero que, aún así, algunos países triunfarán y no hay razones para que la Argentina no sea uno de ellos.

Se ha hablado mucho en los últimos años sobre el espectacular dinamismo de muchas economías emergentes, principalmente de Asia pero también de Africa y América latina. En una entrevista reciente, usted dijo que no habría que sobreexcitarse por esas performances. ¿Por qué?

La gran pregunta es la sustentabilidad de ese crecimiento. Por ejemplo, algunos países africanos y latinoamericanos han tenido buenas performances sobre la base de exportar commodities, pero la demanda y el precio de esos productos puede caer. Esto puede ocurrir si China se desacelera, algo que no es improbable dado que es muy dependiente de sus exportaciones a Europa y EE.UU., que están atravesando problemas. China tiene problemas propios, además, como una creciente desigualdad en el reparto de la riqueza. Si esto se traduce en tensiones políticas, el crecimiento de China podría descarrillar. Estos problemas ya se están viendo en la India, tal como queda expresado dramáticamente por el renacimiento de las guerrillas maoístas en el este del país, que es la zona más pobre.

La Argentina es abundante en recursos naturales y tiene un sector primario muy competitivo. Además, desde hace poco más de una década, los precios de muchas de las commodities que exporta han llegado a niveles elevados. ¿En qué habría que invertir los recursos excedentes que esto genera? ¿Cree que tener muchos recursos naturales podría ser una “maldición”, como plantean algunos?

Creo que tenerlos es una gran oportunidad sólo si los recursos resultantes son invertidos en las cosas correctas: infraestructura, industrias de alta productividad, investigación y desarrollo (R&D) y capacitación de la fuerza laboral. Si esto no se hace, la oportunidad desaparece. Es cierto que estos días, debido a la tesis de la “maldición de los recursos naturales”, es común ver sólo la parte negativa de la película. Pero si esta tesis fuera cierta, ¿cómo se explicará que países como Canadá, Australia y, especialmente, EE.UU., hayan sido tan exitosos económicamente?

Desde un punto de vista macroeconómico, ¿cuáles son las condiciones irrenunciables para articular un proceso de desarrollo? ¿Qué importancia le asigna a la baja inflación, el acceso al crédito y al tener un tipo de cambio competitivo?

Con respecto a la inflación, todo depende a lo qué te referís con ‘baja inflación’. Si es la de 1-3% anual, como pregona, entre otros, Stanley Fischer, ex profesor del MIT y economista jefe del FMI, entonces bajar la inflación a esos niveles podría ser dañino para la economía pues estaría ahogando la demanda a través de políticas fiscales y monetarias más restrictivas. Incluso Robert Barro y otros economistas del libremercado sostienen que no hay evidencia de que, por debajo del 8-10% anual, la inflación importe. Hay otros economistas, como Bill Easterly y Michael Bruno, que dicen que, en realidad, ese umbral es cuando la inflación llega al 20%, o posiblemente al 40%. Por otra parte, tener un tipo de cambio competitivo y acceso al crédito para los productores también son cruciales para el desarrollo económico.

De las exportaciones totales de la Argentina, 20% van a Brasil. De las industriales, casi el 50%. De las de automotores, más de 80%. ¿Cuán importantes son los mercados regionales y los acuerdos comerciales para estimular un proceso de desarrollo?

La integración regional es un formidable primer escalón, pero finalmente los países deben ser capaces de competir en los mercados mundiales. Si no puede llegar el día en que los consumidores de esos países se rebelen. Eso ocurrió en el bloque soviético. Tenía un mercado comercial extenso y que funcionaba relativamente bien (el Comecon), pero finalmente sus consumidores querían mejores productos y sus productores, mejores tecnologías, y el bloque no pudo mantenerse unido.

¿De qué trata su nuevo libro y por qué decidió escribirlo?

Es una introducción general a la economía para el gran público y no especialista. El título aún no está decidido y será publicado por Penguin Books. Decidí escribirlo porque, si bien ya traté muchos temas de economía, creo que aún me resta ofrecer una visión más comprensiva y sistémica de la economía.

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