BRICS

¿Tenía razón Jim O’Neill?

El 30 de octubre de 2001, el director de Economía Global de Goldman Sachs, Jim O’Neill, publicó el trabajo “Building Better Global Economic BRICs” (Construyendo mejores ladrillos económicos globales). Desde ese día, su trabajo se convirtió en el disparador de uno de los procesos de transformación económica y política más importantes para el escenario global actual. El BRIC, conformado por Brasil, Rusia, la India y China, es el producto de marketing financiero más exitoso y superador que se haya visto hasta el momento.

Reunidos bajo el denominador común de tasas de retorno potencialmente superiores al promedio, O’Neill desarrolló ese primer trabajo basado en las fortalezas macroeconómicas de los cuatro países y las posibilidades de desarrollo que todos ellos tendrían en las próximas décadas para ganar espacio en las cimas de los rankings económicos, y dedicó parte de su estudio a analizar la posible (y deseable) inclusión de estos cuatro emergentes en el G-7. Dos años después, en 2003, Dominic Wilson y Roopa Purushothaman, miembros del mismo departamento de Goldman Sachs, duplicaron la apuesta en otro trabajo titulado “Dreaming with BRICs: the path to 2050” (Soñando con BRICs: el camino hacia 2050). En él, los autores planteaban los resultados de las proyecciones a futuro de los BRICs, afirmando que en 2025 representarán más de la mitad del tamaño del G- 6. En 2050 sólo Estados Unidos y Japón serían los actuales miembros del grupo que se mantendrían en él, dado que la economía agregada de los BRICs será superior al G-6 actual, medida en dólares. En 2004, un nuevo reporte realizado por los mismos autores, junto a Themistoklis Fiotakis, hacía un análisis más microeconómico sobre el impacto que tenía el desarrollo de los BRICs en mercados globales específicos como el automotor y el petrolero.

“El mundo necesita mejores BRICs”, era la famosa consigna de Jim O’Neill en 2001. Sin embargo, recién en 2008, como resultado de la crisis financiera y ante la evidencia de economías más resistentes a los shocks internacionales, los países que conformaban esta agrupación pasaron al plano real. Así, en 2009 se concretó la primera reunión de los países miembros del BRIC. Reunidos en Ekaterinburgo, Rusia, los mandatarios de Brasil, Rusia, la India y China establecieron las bases de una agrupación con consecuencias directas en la política internacional. Un hecho insospechado por O’Neill cuando el BRIC todavía era un concepto para inversores.

Desde entonces, cuatro reuniones se han desarrollado, se lanzaron diversos proyectos de asociación política y financiera y, en 2011, se incluyó a Sudáfrica. A diez años después de la invención de la agrupación, ¿se concretaron las expectativas financieras?

Predicciones y realidades

En su primer informe sobre los BRICs, O’Neill consideraba cuatro escenarios distintos para las economías de los países que conformaban la agrupación. En cualquiera de las cuatro opciones, basadas en distintos métodos de proyección, el economista irlandés sostenía que China tenía posibilidades de ser tan grande como Alemania en base a su PIB, mientras que Brasil y la India estarían cerca del PIB de Italia. A su vez, Rusia se mantendría en el puesto 11 de todas las mediciones, excepto aquella correspondiente al PIB en términos de Paridad de Poder de Compra (PPP, por su siglas en inglés). El peso relativo de las economías de los BRICs oscilaría, según los escenarios planteados, entre el 9% y el 27%.

Diez años después de este primer trabajo sobre el potencial de los BRICs, las cifras parecen ratificar la profecía de O’Neill. En 2011, China se posicionó como la segunda economía más grande en términos de PIB nominal, según las estadísticas del Fondo Monetario Internacional (FMI) y del Banco Mundial. Así superó a Japón y Alemania, que quedaron en el tercer y cuarto lugares, respectivamente. Las mismas posiciones se mantienen si se consideran los datos del PIB en términos del PPP. Por otra parte, los cuatro países del BRIC alcanzaron puestos en el top ten en las estadísticas de ambos organismos internacionales, ya sea medido en PIB nominal o en PIB en términos de PPP. Sólo en un caso Rusia se mantuvo en el puesto 11 del ranking (PIB nominal según el Banco Mundial). Además, el peso relativo de las economías de los BRICs actual ronda el 25% de la economía global, es decir, muy de las proyecciones de máxima planteadas en 2003.

En el trabajo publicado por Goldman Sachs en diciembre de 2011, “The BRICs 10 years on: Halfway Through the Great Transformation” (Los BRICs 10 años después: medio camino a través de la Gran Transformación), se mantienen las predicciones sobre el horizonte 2050, pero se advierten distintos factores que podrían intervenir con la gran performance de los BRICs. En particular, los autores del informe advierten que la contribución de los BRICs a la economía global se mantendrá alta, pero puede haber alcanzado ya su pico máximo, acompañada también de la creciente importancia de otros mercados emergentes (como los N-11, grupo promovido por la misma institución financiera como aquellas economías con mayores posibilidades de acompañar a los BRICs en el liderazgo económico del Siglo XXI).

Un nuevo actor internacional

Desde el comienzo, no todos estuvieron de acuerdo con la formulación de los BRICs. Jorge Majfud, escritor uruguayo radicado en Estados Unidos, fue uno de los grandes críticos a la concepción de los BRICs. Según Majfud, “no es más que una asociación de países gigantes en un muy buen momento económico con la expectativa de que durará hasta medidados de siglo”. Sin embargo, BRICs tomó forma en el ámbito político entre 2008 y 2009.

Según Mariano Turzi, autor de “Mundo BRICS”, la crisis desatada durante esos años funcionó como disparador de la unión estratégica de los cuatro países, unidos por el miedo a la ausencia de gobernabilidad en el ámbito internacional: “BRICS se escribe con B de Borges, porque los une el espanto”. El otro factor clave, según Turzi, es la unipolaridad del escenario global en manos de Estados Unidos, que empujó a estos países a buscar protagonismo conjunto en la reconfiguración internacional. Actualmente, los países que conforman la agrupación han celebrado cuatro reuniones o cumbres: Ekaterinburgo (2009), Brasilia (2010), Sanya (2011) y Nueva Delhi (2012).

Dichas reuniones han tenido como objetivo mostrar la unión, en apariencia sólida, de los países que conforman la agrupación y plantear con voz propia sus demandas ante el resto del mundo. Uno de los elementos más notables de la superación al concepto del BRIC financiero es la incorporación de Sudáfrica en 2011. Los BRICs pasaron a ser BRICS. Mientras Jim O’Neill criticó públicamente la decisión, alegando las diferencias entre las economías de los BRICs y la de Sudáfrica, el resto del mundo entendió esta incorporación como un evento de corte político. En particular, es imposible negar el perfil estratégico que implica la unión de Sudáfrica, dado que es un país clave en el continente africano.

Por otra parte, esta novedad no ha sido la única intención planteada durante las reuniones de los BRICS durante los últimos años. Dos propuestas se destacan en lo económico. Primero, la Declaración de Sanya, firmada en la reunión de 2011, en la que se plantea el multilateralismo de divisas entre los BRICS, y la creación del Banco BRICS, propuesta discutida en la última reunión en marzo pasado, pero aún sin concreción alguna hasta el momento. Segundo, los BRICS han dejado en claro su intención de alcanzar mayor relevancia en las decisiones internacionales. Si bien sus intenciones de formar el Banco BRICS no pudieron concretarse, existieron intentos de respaldar una candidatura común a la presidencia del Banco Mundial así como el acompañamiento de los cinco países miembros a una salida a través del diálogo en Oriente Medio.

A su vez, la agrupación de emergentes busca ocupar un lugar más activo en la política y la economía internacional con su inclusión entre las potencias del G-7, consenso que no comparten respecto a su ingreso como miembros permanentes del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. En conclusión, ¿podrán los BRICS alcanzar su objetivo de preponderancia política y económica en el escenario global? Desde lo económico, los contrastes entre las proyecciones originales de Goldman Sachs y los resultados hasta 2011 han sido positivos. Sin embargo, en lo político y en lo social existen aún muchos cuestionamientos que no parecen tener respuestas inmediatas. Según Turzi, todo dependerá del contexto internacional. Desde lo económico, Turzi considera que un episodio recesivo agudizaría conflictos, sobre todo cambiarios y comerciales, aunque los BRICS funcionan como “paraguas” para la coordinación del comercio entre los socios. En lo político, el especialista considera que los resultados se verán en el largo plazo, dependiendo de la voluntad conjunta de reforma del sistema internacional actual. Por su parte, Majfud sostiene que la clave es la cuestión cultural. De ser así, entonces, le hará falta a los BRICS mucho más que cumplir proyecciones financieras para ser líderes del proceso de cambio global.

(De la edición impresa)

Te puede interesar

4 Comments

  • Armando dice:

    yo diría que los que cuestionan la existencia de este grupo no están muy errados, lo que pasa es que están viendo el problema a contracorriente.

  • Raul dice:

    Muy buena nota. Quién es el autor?

  • Arturo dice:

    Bien por El Economista, bien escrito. El articulista presenta también la otra perspectiva menos popular de los críticos y así no pierde perspectiva de un tema que no es tan simple como se lee en los medios en general. Esto de los BRIC tampoco me está cerrando, me suena a algo que no existe como conjunto sino por sus elementos separados, que sí son una realidad.

  • Nicolás dice:

    La nota es la misma que salió en la edición impresa del Viernes 20 de Abril, página 9, escrita por Analía Gómez Vidal.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *