A la restricción externa…

… el Gobierno le agrega las internas.

Entre 2003 y 2010 el salto exportador de la agroindustria, combinado con un tipo de cambio competitivo actuando como muralla para las importaciones, permitió registrar un elevado saldo comercial. Este ingreso de divisas posibilitó financiar el pago de intereses de la deuda y las transferencias de utilidades de las empresas multinacionales a sus casas matrices, y aún así dejar margen para que el Gobierno cancele deuda externa y el BCRA acumule reservas. Es decir, se estaba en presencia de un abultado superávit en cuenta corriente en el balance de pagos. En números, entre 2003 y 2010 el saldo comercial sumó U$S 103.000 millones de los cuales la mitad se utilizó para el pago de intereses y utilidades, en tanto que, de la otra mitad, U$S 40.000 millones se destinaron a recomponer las reservas del BCRA. El remanente terminó por financiar la salida de capitales.

Respecto a este último factor, si bien es cierto que la salida de capitales privados sumó U$S 66.000 millones entre 2003 y 2010, también lo es que entraron capitales privados a la economía por U$S 51.000 millones –entre prefinanciación de comercio exterior e inversión extranjera directa–, dando como consecuencia una salida neta de capitales privados de U$S 15.000 millones en todo el ciclo 2003-2010. Al margen de ello, en 2010 culminó el ciclo en el que “sobraban dólares”, ante la desaparición del superávit externo en la economía. La pérdida del tipo de cambio competitivo condujo a agotar el superávit en la cuenta corriente del balance de pagos, al desarmar la muralla de contención de las importaciones. Ello quedó plasmado en 2011, cuando aun con cosecha récord y el precio de la soja en 480 dólares promedio la tonelada –y que posibilitó un nuevo récord de exportaciones–, la economía consumió todos los dólares que entraron, sin dejar margen para que el BCRA continúe acumulando reservas. Desapareció el ahorro externo.

El superávit externo era consecuencia de la decisión política de sostener el tipo de cambio competitivo. La pérdida del superávit fiscal en manos de la situación energética, terminó desbordando de responsabilidades al BCRA: emitía para sostener el tipo de cambio y ahora también para financiar el Gobierno. La emisión subió la tasa de inflación y ella redujo la competitividad de la economía. Si bien el tipo de cambio todavía dista de estar atrasado como en los noventa, la pérdida de competitividad acumulada derivó en que el año pasado el saldo comercial se agotara tras el pago de la renta de la inversión (intereses y utilidades), sin dejar capacidad al BCRA de comprar dólares comerciales. Por primera vez desde la salida de la convertibilidad el saldo en la cuenta corriente del balance de pagos de la economía fue nulo.

Como consecuencia, el pago de los vencimientos de deuda más la salida de capitales privados implicó perder U$S 11.000 millones de reservas, aunque el BCRA se endeudó por U$S 5.000 millones en el exterior –con el objetivo de “atenuar” la pérdida de reservas a “sólo” U$S 6.000 millones–. La magnitud no fue mayor producto de las nuevas restricciones en el mercado de cambios, que impidieron una mayor pérdida de reservas, al costo de desdoblar el tipo de cambio.

Ahora bien, 2012 arrancó con la restricción externa en marcha, condicionando el nivel de actividad a la baja y expectativas de tipo de cambio al alza. Para sortear la restricción externa no se eligió el camino “ni de los endeudadores ni el de los devaluadores”, sino que se eligió el camino de las “restricciones”. Para cada uno de los rubros del balance de pagos que demandan divisas se impusieron restricciones (importaciones, transferencia de utilidades al exterior y salida de capitales privados), al costo de desdoblar el tipo cambio y al riesgo de infligirse cuellos de botellas a algunos sectores. Todo esto alienta la suba de la tasa de inflación. La desaceleración económica se plasma en los números oficiales. El mismo día en que el Gobierno anunció que la economía creció 8,9% en 2011, también publicó que la tasa de actividad en enero de este año crecía a un ritmo de 5,5% interanual. También el INDEC plasmó la desaceleración en la industria, que en febrero creció al 2,7% interanual, y la construcción cayó 0,5% en igual período. Por último, la producción automotriz descendió 4% en marzo.

Consideramos que lo peor de la desaceleración ya se vio y la economía lograría crecer al 2,5% este año, aunque recordando que poco más de un punto es el arrastre estadístico de 2011. Al correr todos los jugadores del mercado cambiario, el BCRA compró U$S 1.000 millones en enero, otros U$S 1.000 millones en febrero y U$S 1.500 en marzo. En el segundo trimestre posiblemente compre una mayor cantidad ante el inicio de la liquidación de la cosecha. Finalizará el primer semestre comprando más de U$S 6.500 millones, igual magnitud de lo que necesita para el pago de la deuda. En suma, las restricciones cambiarias estiran la estrategia de vivir de las reservas del BCRA por lo menos un año más. Dado que ahora no serán afectadas por la salida de capitales y se reservan exclusivamente al pago de la deuda y el resto de las operaciones corrientes de la economía. Igualmente la actividad empieza a frenarse dado que dejó de generar dólares por lo que la restricción externa igualmente opera, con o sin restricciones en el mercado cambiario.

(De la edición impresa)

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