Un drama secreto: Macri perdió a sus voluntarios

12 de marzo, 2019

macri

Por Oscar Muiño

 

La estridente puja cordobesa entre la UCR vs. Cambiemos está alumbrando un secreto. Entre el PRO, la Coalición Cívica y Mario Negri no parecían contar con fiscales suficientes para una elección interna que, finalmente, no se hará. El oficialismo ha perdido capacidad de control en la provincia más macrista del país.

 

Hace apenas una década, Propuesta Republicana (PRO) era una organización nueva, hija de la crisis del 2001. La sagacidad y el mérito de haber construido una fuerza que en pocos años ganó el gobierno de la ciudad de Buenos Aires. Saltar a la Nación parecía una tarea imposible. ¿Cómo haría un partido vecinal para disputar el poder en dos docenas de provincias?

 

La estructura de la desorientada Unión Cívica Radical le dio el armazón primario. Pero el viejo partido se había deteriorado en el vital conurbano. ¿Cómo evitar que los barones peronistas volcaran las urnas? Ahí nació el éxito de Macri. No fueron las redes –que por cierto ayudaron- sino la capacidad de inventar miles de personas dispuestas a controlar las urnas.

 

Los lilitos ya habían pagado con sangre su despreocupación por el fraude en 2007 y estimularon las redes Soy Fiscal y Encuentro Ciudadano. Nacieron ONG que decidieron enfrentar al kirchnerismo con la bandera de la pureza del sufragio. La principal de esas organizaciones sería Ser Fiscal.

 

La pelea del kirchnerismo contra el campo de 2008 fue clave. Allí se sumaron a la marea fiscalizadora la Sociedad Rural Argentina y Confederaciones Rurales Argentinas. No se distinguen por su manejo de redes pero sí por su extensión en cientos de departamentos rurales. Soy Fiscal reunió desde la Acción Católica Argentina hasta numerosas ONG de peso dispar. Hasta logró respaldo de la fundación Friedrich Naumann, del Partido Liberal alemán.

 

Las demasías cristinistas arrimaron más voluntades. Desde modestas empleadas públicas hasta grandes empresarios. “Saliendo para la Matanza, a fiscalizar, esperando que Argentina pueda salir de 85 años de frustraciones”, dice el mensaje de Cristiano Rattazzi, el titular de la sucursal argentina de Fiat Chrysler Automobile, de las 6 de la mañana, a donde fue para ser parte de una mesa y fiscalizar los votos de Cambiemos.

 

Tres años y medio más tarde, la venta de automóviles se derrumbó a la mitad. No parece que Ratazzi vuelva a las mesas escrutadoras de La Matanza.

 

Pero la fiscalización no depende de los empresarios, por poderosos que resulten. El voluntariado de las pequeñas gentes fue decisivo para competir en el control electoral con las aceitadas maquinarias de los intendentes bonaerenses, en particular en la superpoblada Tercera Sección Electoral: cuatro millones de potenciales electores repartidos en doce mil mesas.

 

Hoy, los voluntarios ya no están. Algunos se sumaron al Estado y la mayoría volvió a su casa. Es cierto, pasar al gobierno divide aguas. No es lo mismo el espíritu de los militantes radicales de 1894, esforzados opositores perseguidos por el régimen, que los satisfechos oficialistas de 1929. Los duros militantes de la Resistencia Peronista de 1960 no tenían idéntica fibra que los asentados funcionarios de los años menemistas.

 

Las ONG rezongan. Están convencidos que el PRO decidió dejarlos de lado y armar su propia red con sus propios cursos y profesores. Pero tampoco el PRO parece haber incorporado número suficiente de fiscales.

 

El Presidente perdió la magia. Se disolvió la capacidad de encantamiento. Y se fueron los que se habían sumado, con entusiasmo, para custodiar la victoria en 2015. El proceso de Ilusión-Desilusión que tanto explicara Manolo Mora y Araujo está en su (¿inevitable?) fase descendente.

 

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