La política de género es pobre

8 de marzo, 2019

congreso ley

Por Mara Pegoraro Politóloga

 

En 1975, las Naciones Unidas lo establecen como el Año Internacional de la Mujer. En 1977, la Asamblea General de Naciones Unidas formaliza, a través de la Resolución 32/142, el 8 de marzo como el Día Internacional de la Mujer. En 1857, en la Ciudad de Nueva York un grupo de mujeres (obreras) de la industria textil se movilizan en reclamo de mejores condiciones laborales, condiciones que al menos “equiparasen” las de los obreros (hombres). En 1909, se produce la “huelga de las camiseras”. En 1911, 146 trabajadoras mueren en el incendio de la fábrica Triangle Shirtwaist. Según el Informe Global de Brecha de Género, llevará 202 años lograr la paridad en la participación y las oportunidades laborales de las mujeres.

 

Pasaron 120 años entre la primera movilización de mujeres registrada en favor del reconocimiento de derechos y el acto simbólico de instaurar el 8 de marzo como Día Internacional de la Mujer. Menos tiempo pasó, 18 años (lo que se tarda en llegar a la mayoría de edad) entre aquel acto simbólico y la firma, por parte de 189 gobiernos, de la Declaración y Plataforma de Beijing. A 23 años vista las desigualdades persisten. Las llamamos “brechas”: tenemos brecha económica, alimentaria, de pobreza, salarial, tecnológica, laboral, de salud, sexual, política, de representación, educativa, de expectativas, oportunidades y sueños. Lo que tenemos es brecha de género y una pobre política.

 

Según el informe de 2018 de ONU Mujeres, a escala global la pobreza afecta de manera desproporcionada a las mujeres y a las niñas: hay 122 mujeres con edades comprendidas entre los 25 y los 34 años que viven en la pobreza extrema por cada 100 hombres del mismo grupo etario. Un total de 15 millones de niñas en edad escolar nunca tendrán la oportunidad de aprender a leer o a escribir en la escuela primaria, en comparación con 10 millones de niños.

 

La carga de trabajo doméstico y de cuidados no remunerado que realizan las mujeres es 2,6 veces mayor que la que asumen los hombres. La brecha salarial a nivel mundial es del 23%, del 17% en América Latina y cercana al 27% en Argentina. La brecha de empleo alcanza los 20 puntos en favor de los hombres – 64% vs 43,9%. La brecha se corresponde también en la tasa de desocupación y subocupación: 10,5% y 14,4% para las mujeres y 7,8% y 9,8% para varones, respectivamente. Aun siendo menos, las mujeres enfrentamos más obstáculos para conseguir trabajo.

 

El Indice Global de Brecha de Género se integra por cuatro dimensiones: participación económica y oportunidad, logros educativos, salud y supervivencia y empoderamiento político. Argentina ocupa los puestos 114, 63, 1 y 23 respectivamente. Lo que en términos globales la colocan en el puesto 36° y la brecha de género equivale a 39%.

 

Que haya brecha de género significa que no vivimos en una sociedad igualitaria ni equitativa. Significa que las desigualdades, resultado de la lotería natural y social, impactan de manera diferenciada en hombres y mujeres. Donde somos las mujeres no solo las más dentro de les menos aventajadas sino, además, las más perjudicadas.

 

Que haya brecha de género significa que no hay una efectiva aplicación del principio de igualdad y no discriminación. Significa que los principios de justicia a la Rawls no funcionan ni aún bajo velo de ignorancia. Probablemente porque en la posición originaria no hubo mujeres ni perspectiva de género en los hombres que allí se “reunieron”.

 

Decidir públicamente, es decir hacer política pública, significa establecer prioridades, distribuir costos, asignar beneficios, definir ganadores y perdedores. Que haya brecha de género significa que entre las decisiones que se toman no se incorporan medidas encaminadas a compensar las desventajas históricas y sociales. El análisis del presupuesto 2019 realizado por el Equipo Latinoamericano de Justicia y Género (ELA) muestra algunos avances relativos en la incorporación de una perspectiva de género en la elaboración de presupuestos. Señala, sin embargo, un recorte significativo en los programas orientados a la reducción de la brecha salarial, laboral y de ingreso. “Los recortes de servicios públicos y los gastos del endeudamiento afectan la prestación de servicios de salud, educación y cuidado, que en última instancia sobrecargan a las mujeres”, dice. La política pública está lejos de orientarse a la destrucción de las paredes y los techos de cristal en lo que las mujeres estamos inmersas. Que haya brecha de género significa que no hay igualdad de oportunidades y de derechos entre hombres y mujeres. En Argentina, 27,3% es pobre. Y la política de género, la más pobre.

 

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