La sangre no llegará al río

4 de febrero, 2019

Bolsa mercado dólar

 

Por Luis Varela

 

A lo largo de la historia los mercados internacionales fueron conquistando cumbres con subas largas, con pasos de hormiga, y en ciertas ocasiones, de manera estrepitosa, esas burbujas acumuladas, interminables, se fueron pinchando, en general de manera abrupta.

 

Los grandes derrumbes son bien conocidos. Al desatarse la Primera Guerra Mundial, en 1914, Wall Street cerró durante cuatro meses, y al reabrir acumuló una caída del 24,4%. En octubre de 1987, por la guerra entre Irán e Irak y problemas de suministro de petróleo, la Bolsa de Nueva York cayó 22,6% en un día. El 11 de septiembre de 2001 atacaron las Torres Gemelas y en días el Dow bajó 14%. El 28 de octubre de 1929 el Dow cayó 13%, y luego quebraron 600 bancos y 32.000 empresas.

 

Y ya más cerca en el tiempo hubo otros casos, que quizás hayan dejado algún agujero en los bolsillos de lo que leen este comentario, como el desplome del 8% el 3 de octubre de 2008 por la crisis de las hipotecas y la necesidad de ayuda a los bancos, sobre todo a los que eran demasiado grandes para caer. Y en Argentina, ni hablar, las hiperinflaciones, el 2001, etcétera.

 

El recuerdo de esos malos momentos viene a cuento porque los mercados globales experimentan en estos días una volatilidad extrema. Sucede que entre 2009 y 2018 los precios de la Bolsa de Nueva York subieron, medidos por el Dow, lo hicieron 280%, a razón de algo más del 12% por año.Las cotizaciones treparon tanto que a partir de enero de 2018 los inversores le pusieron un límite a la suba, desconfiando que los precios pudieran ser sostenibles. Por eso, los precios llegaron a caer en algún momento 16% en dólares, pero en ese piso, la avaricia empezó a empujar y se inició una recuperación con altibajos. Hoy la Bolsa de Nueva York está 7% abajo de las últimas dos cumbres y 14% arriba del último pozo, y los tenedores de activos de riesgo enfrentan grandes dudas por varias razones fundamentales: la debilidad de Gran Bretaña y la zona euro (Italia acaba de entrar en recesión), la todavía posible guerra comercial entre China y EE.UU. y otros factores también significativos como la tensión por Venezuela. Todo eso está desatando una traslación financiera global de proporciones.

 

En medio de ese gran movimiento de capitales, los fondos globales están desensillando de las monedas que se consideraron refugio en los últimos tiempos. Así, en lo que va del año hay una marcada caída de valor en el franco suizo, el euro y nada menos que el dólar. Desde fin de diciembre a esta parte el dólar sube únicamente contra el franco suizo (1%), pero está casi estable contra el euro, y baja, en algunos casos fuerte, contra algunas monedas significativas.

 

Por ejemplo, en lo que va de 2019 el billete verde baja 0,7% contra el yen, cae 2% contra el yuan, 3% contra la libra esterlina, 5,5% contra el real brasileño y el peso chileno… Y el derrumbe llega al 6% contra el rublo ruso y hasta el 7,3% contra el rand sudafricano. El peso argentino también está muy sostenido: el dólar mayorista vale $ 37,37, casi lo mismo que hace 130 días.

 

Por supuesto, en línea con la pérdida de valor que está teniendo el dólar, las commodities suben porque están cotizados a nivel internacional en esa moneda. Así, en lo que va de 2019, con Venezuela en el foco, el petróleo sube 22%, el níquel avanza 18%, la soja sube 4,7% en Rosario y 4% en Chicago, la onza de plata gana 3,4%, el oro aumenta 2,9%, el cobre 2,5% y el aluminio 1,6%. El trigo, con cosecha récord en Argentina, sube apenas 1% en Rosario por tanta abundancia.

 

Pero atención, no todo está para arriba. Hay muchas posiciones que están mostrando que el momento es extremadamente volátil. Por ejemplo, el bitcoin o casi todas las criptomonedas, están de mala racha. El bitcoin había llegado a cotizar a US$ 14.300 en el cierre de 2017, y hoy vale apenas US$ 3.450 dólares, con una caída del 14,6% en lo que va de este año. Por supuesto, frente a todo eso, los inversores van reaccionando. En general van mostrando cierto temor, y aumentan sus posiciones en bonos, sobre todo en lo que se consideran emisiones más seguras, como países con alto PIB. Y, en contraposición, retraen algo sus posiciones en acciones, que supuestamente son activos de más riesgo.

 

Por eso, en medio de la administración entregada al FMI que tuvo que hacer Macri para tener dinero para pagar sus deudas y no ir al default en el medio de su pobre primer mandato, los bonos argentinos recuperan 4% en lo que va de este año, tras la estrepitosa caída del 20% que habían tenido en 2018. Con esos valores, los bonos argentinos tienen a vencimiento tasas del 8 al 12% anual, mucho más altas que la de otros países emisores. Un bono promedio de Brasil, por ejemplo, promete pagar 8,7% anual, uno de México 8,4%, uno de la India 7,4%, uno de Grecia 3,9%, uno de Italia 2,7%, uno de EE.UU. 2,68% anual, uno de Gran Bretaña 1,24%, uno de Francia 0,57% y uno de Alemania 0,16%. Y hay casos bien absurdos: teniendo bonos de Japón, no se cobra, hay que pagar 0,03% y por tener bonos de Suiza, tampoco se cobra, hay que pagar 0,3% anual. A tal punto está la locura de los mercados de estos días.

 

Y debajo de las monedas y de los bonos, las Bolsas están bailando su minué a bordo de un transatlántico que navega. Por lo visto, los inversores creen que la sangre no llegará al río. Entienden que prevalecerá la cautela, que habrá negociación entre grandes naciones y, por eso, lo que más está subiendo de todo el espectro son justamente las bolsas, y dentro de esto, la de Buenos Aires vuela.

 

En lo que va de 2019 el índice Merval de papeles líderes sube 29% en dólares y casi 21% en pesos, cuatro puntos más que el mejor bono. Debajo de la efervescente Buenos aires, la Bolsa de Moscú sube 14,3%, San Pablo 11,3%, la Bolsa de Nueva York gana 9,5%, Madrid 6,2%, Frankfurt 5,9%, Santiago de Chile 6%, México 5,5%, Tokio 3,9% y Sudáfrica 2,5%. ¿Podrá seguir esta tendencia?

 

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