¿Aumentar la deuda pública?

12 de febrero, 2019

American economic deuda

 

Por Pablo Mira Docente e investigador de la FCE-UBA

 

En su discurso presidencial de la American Economic Association de principios de 2019, el ex economista jefe del FMI, Olivier Blanchard, puso sobre la mesa un debate polémico. En un mundo crecientemente preocupado por las obligaciones financieras de muchos países, Blanchard se refirió a las potenciales ventajas de incrementar en el presente la deuda pública en los países desarrollados. En la controvertida visión del economista francés, una deuda pública no solo no implicaría costos, sino que sería financieramente ventajosa para los Estados. Para un argentino medio, acostumbrado a vivir situaciones traumáticas en materia fiscal y externa, estas parecen ser afirmaciones atrevidas. ¿Cómo se justifican?

 

Blanchard basa su argumento del costo nulo de la deuda en la evolución empírica de la relación entre la tasa de interés pagada por el Fisco y la tasa de crecimiento de la economía. Según sus datos para Estados Unidos, y contrariamente a lo que suele suponer, la segunda ha sido superior a la primera durante la mayor parte de su historia. Y al parecer esto sigue siendo así: los bonos estadounidenses rinden hoy 3% mientras que los pronósticos de crecimiento orillan el 4%. Siendo que la recaudación marcha al ritmo de la mayor actividad económica, estos números sugieren que las obligaciones públicas se irían diluyendo, y por lo tanto resulta conveniente que el Estado se endeude más. Este estado de cosas se extiende a la Eurozona, donde la tasa de interés promedia apenas 1,2% anual, frente a un pronóstico de expansión de la actividad económica de 3,2%. Si esta es la real situación financiera y real que enfrentan los Estados, las alarmas de exceso de endeudamiento no están del todo justificadas.

 

El economista francés complementa su argumento citando otras potenciales ventajas del endeudamiento. Primero, el multiplicador del gasto público es superior al que se pensaba, dando lugar a una recaudación más alta. Segundo, con tasas cercanas a cero el Banco Central se ve limitado para estimular el crecimiento. Tercero, existen potenciales efectos persistentes de las fluctuaciones de corto plazo sobre la tendencia de largo del producto. Cuarto, la inversión pública ha cedido, de modo que existe espacio y buenos rendimientos para revitalizarla.

 

El autor no olvida señalar algunos riesgos. Es posible que las tasas estén bajas por razones artificiales o transitorias. El continuo refinanciamiento de deuda, además, puede estar afectado por la actitud de los inversores, los que pueden actuar de manera conjunta y crear profecías autocumplidas si coinciden arbitrariamente en que las obligaciones son demasiado elevadas para ser satisfechas. Pero, en el total, Blanchard está bastante seguro de que los riesgos señalados por los “deficit hawks” del mundo financiero están sobredimensionados y propone que la expansión fiscal para apoyar el crecimiento u otras políticas es posible y deseable, al menos en los países más ricos.

 

Desde nuestras pampas, esta discusión no hace más que confirmar que los debates macroeconómicos vigentes en los países avanzados están a años luz de los problemas que enfrentamos localmente. Argentina enfrentó durante buena parte de su historia de crisis externas tasas de interés muy superiores a su media de crecimiento, y su riesgo país sigue siendo una variable muy difícil de apaciguar en el presente. El año pasado el país registró un violento sudden stop de capitales que hizo estallar el tipo de cambio y creó una nueva crisis de estanflación.

 

Lo que el análisis de Blanchard en realidad revela es una nueva oportunidad que tienen los países más avanzados para seguir ganando a partir de su condición de tales, un efecto que se suele denominar “economías de escala dinámicas”. Como el financiamiento global es limitado, la mayor capacidad de absorción de capitales por parte de los desarrollados dejará una menor disponibilidad de los mismos para los menos desarrollados, expandiendo más aun la brecha de desarrollo entre ambos grupos de países.

 

 

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