Si no es Massa, ¿quién?

9 de enero, 2019

Massa elecciones

Por Juan Radonjic 

 

Se suele escuchar con referencia a las elecciones que “todavía falta mucho” y que en política “las cosas pueden cambiar rápido”. Sin embargo, esa visión, en apariencia prudente, debería relativizarse porque demorar decisiones también tiene sus costos. Primero, porque no falta tanto ya que antes de mitad de año, el 22 de junio, deben estar definidos los candidatos que pretenden competir en las primarias del 11 de agosto.

 

Y segundo, porque los escenarios no se modifican tan rápido como lo demuestra que las dos figuras políticas con más intención de voto para las presidenciales – Mauricio Macri y Cristina Kirchner– son las mismas desde hace mucho tiempo. ¿Puede aparecer una figura nueva? Es extremadamente difícil que ocurra y cada día que pasa lo será más. El lugar para los terceros se achica.

 

Esta situación implica un desafío para los que integran el espacio que se define como no macrista y no kirchnerista. Hay encuestas que demuestran que allí se ubica un tercio del electorado pero hay mucha heterogeneidad entres quienes aspiran a representarlo porque incluye desde progresistas como Margarita Stolbizer hasta peronistas conservadores como Juan Manuel Urtubey.

 

En ese sector faltan organización política y candidatos y si ambas cosas no se definen rápido, su espacio será ocupado por la polarización entre Cambiemos y el kirchnerismo. No falta tanto, y las cosas pueden cambiar, sí, pero en dirección de una mayor polarización aún.

 

La expresión política más importante de ese espacio, y el único sobre el cual se podría armar una propuesta competitiva, es Alternativa Federal que reúne a muchos gobernadores peronistas y legisladores de peso como Miguel Angel Pichetto.

 

Pero este espacio puede convertirse en algo parecido al radicalismo, con una fuerte implantación territorial pero sin un candidato presidencial competitivo y sin votos en el conurbano bonaerense con los cuales tiene que contar todo peronista que pretenda llegar a la Casa Rosada.

 

El único que puede alterar esta situación, entre los que ha manifestado su decisión de competir, es Sergio Massa. Cuenta con varias ventajas por sobre sus posibles rivales – hasta ahora Urtubey y Pichetto- en una eventual primaria del peronismo federal, o de un frente más amplio, porque es un dirigente conocido a nivel nacional que ya hizo una campaña presidencial y no le son extrañas la geografía, la cultura y las necesidades del GBA, un territorio lejano para sus competidores y que sepultó en más de una oportunidad las aspiraciones presidenciales de figuras políticas relevantes del peronismo.

 

Las desventajas de Massa también se saben: en todas las encuestas aparece con una elevada imagen negativa porque muchos sectores lo ven como poco confiable y oportunista. Otro problema que enfrentaría Massa, y cualquier otro candidato de ese espacio, es que sus principales apoyos serán gobernadores que adelantarán las elecciones locales (para ganar en sus terruños muchos arreglarán incluso con el kirchnerismo local) y por lo tanto perderán incentivos para trabajar en una elección presidencial y más aún si al que apoyan tiene pocas chances de ganar. También puede haber gobernadores peronistas como Sergio Uñac que se sentirían más cómodos con un candidato como Roberto Lavagna porque no le interesa fortalecer a una figura como Massa que por una cuestión generacional puede ser un rival en el futuro.

 

La ventaja de ese espacio es que, a pesar de sus debilidades, tendría más posibilidades que Cristina, o eventualmente al que compita con su apoyo, de ganarle un balotaje a Macri. Pero llegar a esa instancia parece extremadamente difícil.

 

Entre quienes forman parte de ese espacio, sólo Massa, aún con todas sus debilidades, tiene potencialidad para ser realmente competitivo. Puede no gustarles a la mayoría de sus compañeros de ruta, pero no hay otro si es que pretenden hacer un intento real por conquistar el voto de quienes, en principio, no quieren ni la continuidad de Macri ni el retorno de Cristina. ¿Estarán dispuestos a apoyarlo? ¿Puede Massa mejorar su imagen? ¿Cómo romper la polarización?

 

Son interrogantes para responder pronto, porque no falta tanto. Y un candidato presidencial en serio no se construye en seis meses.

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