Tras los festejos, llegan los conflictos

3 de enero, 2019

Macri bolsonaro asunción

 

Por Héctor Rubini Instituto de Investigación en Ciencias Económicas de la USAL

 

En su mensaje presidencial, Jair Bolsonaro ha marcado la cancha siguiendo el “modelo Trump”: la prioridad será la reversión de las reformas aplicadas durante los años de Lula y Dilma. En la política exterior, priorizar una agenda en los antípodas del “Foro de Porto Alegre” y una alianza con los EE.UU., abiertamente en contra del eje La Habana-Caracas-Managua.

 

En materia económica, la prioridad es impulsar el crecimiento económico con estabilidad, reinstaurando una economía con más mercado y menos Estado. El ministro de Economía de Pablo Guedes prioriza finanzas públicas sanas, un Estado más eficiente y menor presencia estatal. El paralelo con los años de Menem-Cavallo en Argentina es inevitable. Las palabras “privatizaciones”, “desregulación” y “reforma previsional” que en los ’90 horrorizaban a casi todos los políticos brasileños, estarán en boca de todo Brasil. Su instrumentación provocará choques con el Partido de los Trabajadores, cuyos legisladores no asistieron a la asunción del nuevo presidente.

 

La viabilidad dependerá de la claridad y rapidez de las reformas. Si bien el primer discurso de Bolsonaro los mismos lineamientos de la campaña electoral, no anunció nada concreto, el ministro de Economía, Paulo Guedes ratificó que las prioridades serán: a) reformas previsional y laboral, b) privatizaciones y c) simplificación tributaria, todo en línea para preservar cuentas fiscales sin déficit por al menos cuatro años.

 

Es de esperar que las primeras reformas tomen la forma de medidas provisorias sujetas a posterior debate y aprobación en el Congreso para que tenga carácter y fuerza de ley. De movida ya está listo un conjunto de medidas de ese tipo para reformar parcialmente el sistema previsional, corrigiendo lagunas legales e imprecisiones que se han prestado históricamente a la concesión irregular de jubilaciones y pensiones de trabajadores rurales, y otras sobre el recupero de recursos en juicios de jubilados contra el Estado. El objetivo, ya anticipado ayer por Guedes, es la implantación de un sistema de capitalización inicialmente optativo. También se esperan medidas de simplificación de trámites con entes estatales, y la agilización de procedimientos para fiscalizar y autenticar documentos o firmas por medios electrónicos, incluyendo los trámites y procedimientos para el comercio exterior.

 

En el día de mañana se tomarán varias de las definiciones operativas. El nuevo Jefe de la Casa Civil, Onyx Lorenzoni, anticipó que mañana habrá una reunión ministerial en la que el equipo económico presentará sus propuestas de reforma, las medidas precisas a adoptar, y el timing de su puesta en vigencia.

 

Lo más apremiante es el cierre del déficit fiscal. 2018 cerró con las cuentas en rojo (quinto año consecutivo) y con un crecimiento del PIB apenas superior al 1%. Para 2019 se espera un crecimiento de 2,6% según el último informe Focus del Banco Central de Brasil.

 

Esto dependerá tanto del avance del programa de reformas, como del contexto exterior. No será fácil acelerar el crecimiento sin una baja del “costo Brasil” si las reformas prometidas se terminan empantanando en el Congreso y no se concretan. El resurgir del proteccionismo y el reflujo de fondos de países emergentes hacia EE.UU. pueden también generar incertidumbre sobre la disponibilidad de divisas. Por consiguiente, no será fácil acelerar el crecimiento. Algo imperioso para revertir el “rojo” fiscal que en 2018 habría ascendido a no menos de 7% del PIB, y para recrear vacantes laborales. Si bien desde mediados de 2018 se observa una gradual baja de la tasa de desempleo hasta 11,6% en noviembre último, ha obedecido fundamentalmente al aumento del número de empleados en actividades informales. Entre desocupados y subocupados y desalentados se encuentran hoy unos 27 millones de brasileños de 14 o más años de edad. Una cifra en extremo preocupante, cuya reversión exige crecer a más de 3% anual por varios años.

 

Uno de los documentos favorables al proyecto promercado de Guedes ha sido la “Carta Brasil” firmada en noviembre por 112 economistas y consultores del grupo “Economistas do Brasil”. En materia fiscal proponen revertir el actual déficit fiscal primario en torno de 2% del PIB y pasar a un superávit primario de 3% del PIB. En materia comercial, una baja de aranceles, acuerdos de libre comercio con países de la Alianza del Pacífico y que el Mercosur pase a ser una zona de libre comercio. Algo que muchos anticipan como la decisión más relevante para el bloque regional. Varias controversias emergerán con relación al sentido de la existencia del Parlasur, la caducidad o no del Arancel Externo Común, y las protestas de los sectores afectados por una mayor penetración de importaciones de México, Europa u otros orígenes.

 

¿Podrá Bolsonaro aplicar las políticas que promete? Eso es otro frente complicado para el nuevo mandatario. Debe cerrar alianzas en el Parlamento, para sumar fuerzas frente a la dura oposición del Partido de los Trabajadores. Sin sumar mayorías parlamentarias no es claro cómo instrumentará las prometidas reglas para habilitar a la policía a matar criminales bajo determinadas condiciones. La reforma educativa, a su vez, es también polémica. La iniciativa de eliminar la discusión de cuestiones políticas o de temas sexuales en las clases no va acompañada por ningún proyecto concreto de reforma en contenidos. Lo que muchos ven y no sólo los simpatizantes del PT, es la intención de crear un clima de restricción de la libertad de enseñanza y de persecución a docentes simplemente por no alinearse con un “recetario” inspirado en doctrinas de algunas iglesias evangelistas brasileñas.

 

La agenda oficial es ambiciosa pero no es del todo claro si los riesgos atados a su eventual rechazo en el Congreso, o a su implementación efectiva, están realmente bajo el efectivo control de la nueva administración. Bolsonaro debe demostrar que puede reunir mayorías propias en el Parlamento para hacer realidad sus propuestas de campaña. Y en caso de no lograrlo, no optar por medidas extremistas y antirrepublicanas, como el cierre del Parlamento de Fujimori en Perú, dos décadas atrás.

 

El tiempo de los festejos ya pasó, y el de la “luna de miel” con los mercados no es infinito. Se trata de no más de 6 o 9 meses en los que deberá demostrar si logra los consensos parlamentarios necesarios para transformar las promesas electorales en hechos concretos. En caso afirmativo, podría ser el punto de partida de una etapa de crecimiento y estabilidad inédita en las últimas cuatro décadas. En caso de fracasar, la retórica nacionalista y anti-PT no podrá evitar una pérdida de credibilidad de los votantes y de inversores de efectos negativos tanto en la economía brasileña como en la de varios otros países de la región, incluido el nuestro.

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