La visión de los expertos sobre las grandes preguntas del 2019

4 de enero, 2019

 

Comenzó 2019 y, tras el merecido descanso luego de un 2018 intenso, es hora de proyectar el curso de las distintas variables a lo largo de un año que aparenta como pivotal para Argentina. Si bien no hubo 28-D en 2018, estamos ante un escenario dinámico y, antes que afirmar, es mejor preguntar. El Economista dialogó con distintos expertos para tener su visión sobre qué puede pasar en 2019 con las principales variables económicas y, dado que es un año electoral, también políticas.

 

Martín Vauthier Eco Go y UTDT

 

¿Bajará la inflación?

 

“Nuestra proyección para 2019 se ubica en una inflación entre puntas de 34%, con paritarias en 35%, tipo de cambio algo por arriba de 25% y tarifas aumentando 50%”, dice Martín Vauthier, hombre de Eco Go y UTDT. “Adicionalmente, se sumaría un componente de inercia en caso de que se registre algún repunte en el consumo que habilite a las firmas un mayor traslado a precios del aumento de costos de los últimos meses, que viene muy lento en un contexto de altas tasas de interés (incentivo al desarme de inventarios) y donde la demanda no tracciona”, agrega.

 

Así lo explica: “En 2018, la compresión de márgenes minoristas fue muy importante y eso se ve, por ejemplo, en el diferencial de aumento entre el Indice de Precios Mayoristas y los bienes del IPC. Las empresas tienen un incentivo muy importante a desarmar inventarios con estas tasas de interés y el dólar quieto, pero la demanda no tracciona y tienen muy limitado el margen de traslado a precios. Pero si la demanda empieza a traccionar un poco, ese margen puede ser un poco mayor y eso le agregaría algunos puntos a la inflación”.

 

Por último, Vauthier aclara que ese es su escenario base y que, además de la inercia, la palabra final la tendrá el dólar. “En un escenario de mayor movimiento del tipo de cambio, la inflación se ubicaría por encima de 34%, tanto por los efectos directos como indirectos. Por ejemplo, el aumento en los costos de los combustibles que impactan en energía y transporte, frente a un Tesoro que ya no puede hacerse cargo de los mayores costos en pesos vía subsidios”, concluye.

 

Gabriel Caamaño Gómez Consultora Ledesma

 

¿Qué pasará con el PIB?

 

Luego de un 2018 con una caída del PIB de 2-3%, la gran pregunta es cuándo pegará la vuelta la economía y todo depende de si se alinean los astros. O no. Esos “astros” son el tirón de Brasil, el empuje de la cosecha y cierta recuperación del consumo gracias a la estabilización nominal de la economía. Pero, aún si se alinean, la variación del PIB será amarreta y apenas dará para hablar de una recuperación. “Podemos tener variaciones interanuales positivas a partir del segundo trimestre e intertrimestral positivo desde el primero”, dice Gabriel Caamaño Gómez desde Consultora Ledesma.

 

“Ese sería un escenario base medianamente optimista. El promedio anual daría -0,5%, pero condicionado a la cosecha y Brasil. Si la cosecha es muy buena y/o Brasil arranca más fuerte de lo esperado, el cero o un registro promedio anual apenas positivo no sería descabellado”, dice. El otro punto, agrega, es la estabilización de la macro. “Si se logra, se recuperarán los ingresos reales”, anticipa. Con una mirada más amplia, incluyendo el segundo mandato de Cristina y el primero de Mauricio Macri, la luz está en rojo furioso. “Es otra década perdida”, dice Caamaño Gómez. “Aun con términos de intercambio récord y tasas históricamente bajas”, dice. “Una locura”, resume.

 

Nery Persichini GMA Capital

 

¿Bajará el riesgo país?

 

Otro de los temas clave del 2019 será el riesgo país. Más allá de que la caja en dólares está cerrada gracias a los generosos aportes del FMI, será una variable clave para monitorear el pulso inversor y la capacidad de Argentina de reabrir los mercados en 2020. “Es complejo hacer pronósticos en Argentina”, dice, como primer punto, Nery Persichini desde GMA Capital. “La trayectoria del sobrecosto financiero argentino va a depender de varios factores”, dice. El primero es el político, sostiene, “y está más ligado a la voluntad de pago ante la dualidad Cristina versus Cambiemos”. Si las encuestas mejoran para Macri, dice Persichini, deberíamos ver una menor presión para los bonos.

 

“El otro punto es la macroeconomía, aspecto vinculado a la capacidad de pago. La recuperación de la actividad económica, el descenso de la inflación, la convergencia fiscal y mejoras en la balanza de pago (cuenta corriente menos deficitaria, recuperación del ingreso de capitales y acumulación genuina de reservas) son algunos de los drivers que los inversores siguen de cerca”, dice el hombre de GMA Capital.

 

Además, agrega: “Y no hay que olvidarse de que no dependemos de nosotros únicamente. Lo que ocurra en el mundo nos resulta crítico para financiar los desequilibrios que Argentina todavía está corrigiendo. La política monetaria de los grandes bancos centrales, la guerra comercial, la situación financiera en Europa y las noticias desde otros mercados emergentes afectan el humor y la sensibilidad del mercado para con nuestro país”. ¿Y cómo seguirá el riesgo país, entonces? “A medida que empiecen a aparecer noticias más positivas (noviembre y diciembre habrían sido un piso para muchos indicadores), los bonos deberían empezar a mejorar, aunque no exentos de volatilidad. No veo el riesgo país nuevamente en 350 puntos como a fines de 2017, pero entiendo que el umbral de 800 puntos luce exagerado”, proyecta Persichini.

 

Lucía Pezzarini LCG

 

¿Qué pasará con la Cuenta Corriente?

 

Es una variable poco monitoreada por el público general, pero es sensible para los inversores, y sobre todo cuando miran qué países están más expuestos a eventuales shocks. La Cuenta Corriente (CC), de ella se trata, fue una de las variables que desencadenaron la crisis de 2018. “El 2018 cerraría con un déficit de CC de US$ 28.000 millones, un poco menor que el de 2017, aunque mayor en términos de PIB: llegaría a 5,2% por la baja del PIB en dólares”, dice Lucía Pezzarini desde LCG.

 

“Para 2019, esperamos que mejore sensiblemente, algo que se observó en los últimos dos trimestres de 2018 cuando los déficits fueron menores a los de 2017. Proyectamos un déficit de alrededor de US$ 11.000 millones (2,3% del PIB). Como venimos sosteniendo, la corrección cambiaria, la recesión y la mayor cosecha explican gran parte de la mejora”, agrega.

 

“En este sentido, esperamos que la balanza comercial de bienes vuelva a ser positiva. Esperamos que las exportaciones crezcan por encima del 15%, motorizadas por el agro que, por sí solo, puede dejar entre US$ 5 y US$ 6.000 millones más, aunque también ayudarán el mayor crecimiento esperado para Brasil y los envíos combustibles”, agrega. “La caída de las importaciones también ayudará a mejorar la cuenta. Esperamos que en promedio se retraigan 2%, pudiendo mostrar variaciones positivas recién a finales de 2019”, amplía. “Mientras que la cuenta de servicios, que en 2018 explicó un tercio del déficit de CC, también va a achicar significativamente el rojo”, señala y concluye que “las partidas que seguirán sumando un déficit elevado van a ser intereses y utilidades y dividendos”.

 

Martín Kalos EPyCA Consultores

 

¿Qué pasará con la pobreza?

 

El último dato del Indec muestra que la pobreza fue de 27,3% en el primer semestre de 2018 y todo indica que siguió subiendo en el segundo semestre del año pasado, incluso superando el 30%. ¿Qué pasará en 2019? “Todavía el primer semestre de 2019 va a mostrar un empeoramiento de la tasa de pobreza”, dice Martín Kalos desde EPyCA Consultores. “Más allá de que entran en vigencia las renegociaciones paritarias, hay varios sindicatos que quedaron debajo de la inflación y también amplias franjas de la población que no están sindicalizadas”, explica ante El Economista.

 

“Además, se anunciaron los ajustes tarifarios para el primer semestre de 2019 y eso presionará el costo de vida hacia arriba. Por eso, creo que la pobreza subirá en el primer semestre y, dependiendo de cómo avance la economía, podrías llegar a tener una leve mejora eventualmente en el segundo semestre”, concluye Kalos.

 

Bárbara Guerezta Arriazu Macroanalistas

 

¿Cuánto subirá el dólar?

 

El tipo de cambio de equilibrio en el mediano plazo es el que mantiene en un nivel competitivo los costos laborales medidos en dólares ajustados por productividad, dice Bárbara Guerezta desde Arriazu Macroanalistas. “Ese indicador hoy está por debajo de los niveles de 2010, y si se lo ajusta por la inflación de Estados Unidos, está por debajo de 2009. En un país que siempre recurre al tipo de cambio para ‘ganar competitividad’, no hay muchos argumentos que justifiquen otra ola de suba de tipo de cambio”, dice, como introducción.

 

“Asociado a lo anterior, cuando la ganancia de competitividad se da por aumento de tipo de cambio, el empobrecimiento del país reduce la capacidad de comprar bienes, incluyendo al dólar en esa canasta. La mejora de la balanza comercial es un reflejo de que los argentinos hoy somos más pobres para comprar bienes importados (en noviembre las importaciones cayeron casi 30% interanual), y los datos del BCRA también muestran que hemos licuado los activos en pesos. En noviembre, se terminaron vendiendo “billetes” por más de US$ 100 millones, algo que no ocurría desde 2013”, dice.

 

Así, el esquema de análisis de flujos de fondos muestra que el tipo de cambio puede estar más calmo que lo que se cree, y que habrá cierta recomposición de los salarios en dólares. “Eso no significa que el peso vaya a apreciarse respecto de los niveles registrados en diciembre y, de hecho, el esquema monetariocambiario quiere evitar el ‘atraso cambiario’, pero nosotros vemos un dólar más cerca del piso que del techo de una banda cuya pendiente se irá reduciendo a medida que las expectativas de inflación vayan bajando”, dice Guerezta y agrega que el mayor riesgo es el político y, a la vez, que la situación internacional se torne sensiblemente más complicada.

 

“La incertidumbre alrededor de las elecciones y de la posibilidad de un cambio abrupto de rumbo puede incentivar la compra de divisas por ‘protección’. Es habitual que en los años electorales aumente la dolarización de portafolios. Pero, esta vez, la dolarización que se observó en 2018 fue tan abrupta (cerca de US$ 26.000 millones de compra de divisas), y la política monetaria establecida por el BCRA con su compromiso de no expandir la base monetaria hasta el mes de junio es tan restrictiva que acota la potencial dolarización de portafolios”, dice la economista. El conjunto de stock de billetes y monedas en poder del público y de todos los depósitos en pesos en el sistema financiero se encuentra apenas por encima de 18% del PIB, añade. “Para una economía que utiliza al peso para realizar transacciones, ese nivel es bajísimo, comparable sólo con 2003. Existe un piso a la tenencia necesaria de pesos para el funcionamiento de la economía, y es posible que estemos cerca de ese umbral. El único riesgo es que aparezca algún evento disruptivo a nivel local o internacional que asuste a los argentinos y haga perforar ese piso de demanda de base”, señala.

 

Por el lado de flujos, concluye, el sector público no podrá ejercer mayores presiones sobre el mercado cambiario si cumple con su compromiso de déficit primario cero. “Es más, tiene el potencial poder de vender parte de los dólares del FMI para pagar intereses de títulos en moneda nacional, y eso puede hacer caer el tipo de cambio. El sector privado, por su parte, podrá acumular divisas provenientes de sus excedentes exportables (la cuenta corriente excluyendo el pago de intereses puede ser levemente superavitaria si la cosecha agrícola llega a los 130 millones de toneladas como se espera). Todo lo que no se quiera acumular, si se vuelca al mercado doméstico en la forma de demanda de activos denominados en pesos, generará mayores presiones hacia la apreciación”, proyecta Guerezta.

 

Federico Furiase Eco Go y UTDT

 

¿Se cumplirá la meta fiscal?

 

El partido fiscal no fue 2018. Será 2019. Allí, Nicolás Dujovne deberá poner en caja las cuentas y ceñirse al déficit 0% acordado con el FMI. “Si se extiende la recesión porque el BCRA requiere mucha tasa de interés real para calmar el dólar será un problema porque consumirá tanto capital político como recaudación tributaria y ambos fenómenos complicarán el ajuste fiscal”, dice Federico Furiase. Un dato positivo es que las retenciones aportarán casi 1 punto del PIB y que 2018 podría dar cierta holgura para adelantar algunos gastos de 2019.

 

Por el lado de los riesgos, dice Furiase, cerca de la mitad del gasto público indexa con la inflación pasada y, por ende, “una desaceleración muy rápida de la inflación podría complicar el ajuste porque pagarías jubilaciones con la inflación de 2018 y recaudarías con la de 2019”. “Creemos que la meta de déficit 0% antes de intereses se va a cumplir”, resume Furiase.

 

Adrián Yarde Buller SBS

 

¿Qué hará la Fed?

 

¿Qué hará la Fed? “En las últimas semanas, la acumulación de señales alrededor de una desaceleración del crecimiento global y dudas sobre Estados Unidos llevaron a los inversores a recalcular a la baja sus expectativas con respecto al sendero de la política monetaria, esperando ahora que la Fed no se incline por ninguna suba en todo 2019”, dice Adrián Yarde Buller desde el poderoso Grupo SBS.

 

“Aunque reconocemos que comenzaron a sumarse dudas alrededor de la salud de la economía global y las presiones políticas también tendrán peso, entendemos que están dadas las condiciones para que la Fed impulse al menos una suba más en 2019. Con esa alza, la entidad estaría llevando su tasa de política monetaria ‘tan sólo’ a 2,50%, nivel que representa el mínimo del rango que la mayoría de los miembros del FOMC ven como una tasa de interés neutral o de largo plazo (2,5-3%)”, agrega.

 

Sobre el impacto sobre Argentina, dice: “Mucho más importante que la cantidad de subas de tasas será prestar atención al contexto en el que se produzcan. En este sentido, dos subas de tasas en un entorno de fortaleza de la economía global puede ser un escenario mucho mejor que uno donde la debilidad global obliga a la Fed a dejar las tasas en estos niveles”.

 

Julio Burdman Observatorio Electoral Consultores

 

¿Qué hará Cristina?

 

“Va a jugar seguro y, de hecho, ya está jugando, y desde un lugar central”, dice Julio Burdman, pero aclara: “Eso no necesariamente significa que ella será la candidata”. Por ejemplo, puede llegar a ungir una candidatura. Así lo explica: “La idea básica es que si Cristina ocupa, como hoy, una posición central en el espacio de la oposición puede ser reconocida por el peronismo en su conjunto como la única líder con poder electoral y eso es, de hecho, lo que muestran todas las últimas encuestas. Ella se ha ido consolidando y ningún otro peronista creció en 2018. Allí ella podría dar un paso hacia un costado, en tanto y en cuanto sea reconocida como líder y determinar la fijación de la oferta electoral”. Concluye Burdman: “Hoy no puede ser derrotada por nadie en el peronismo y dependerá de ella si juega o la convencen de que es es mejor que de un paso al costado y diga ‘el candidato es tal y yo lo apoyo’”.

 

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