El peronismo no K ahora espera por Roberto Lavagna

14 de enero, 2019

 

Desde que Roberto Lavagna quedó tercero en la elección presidencial de 2007, por debajo de Cristina Kirchner, pero también de Elisa Carrió, se escudó persistentemente en el perfil bajo. Con apariciones esporádicas en la escena pública y señales de que permanecía activo. Algunos de sus viejos aliados, como Eduardo Duhalde, de quien fuera ministro de Economía, lo volvieron a poner varias veces como candidato posible. En varias oportunidades. Como alternativa al kirchnerismo. Como prenda de unidad de una oposición fragmentada. Pero sin que pudieran convencerlo.

 

En estos días de verano, Lavagna volvió a ofrecer señales. La foto con el gobernador socialista de Santa Fe, Miguel Lifschitz, antes de un almuerzo en Cariló, fue la más notoria. Pero no la única. Se cuentan también algunas reuniones informales. Con dirigentes del peronismo, en estos casos. Del peronismo no kirchnerista, sin candidatos taquilleros para encara el trascendente año electoral. Mientras que recibió elogios y guiños. De Graciela Camaño, por ejemplo, diputada nacional por el Frente Renovador. “Siempre es una persona de consulta, con excelentes reflexiones. Lo veo competitivo. Tiene cualidades para ser candidato a Presidente”, dijo la dirigente cercana a Sergio Massa, otro de los candidateables, distantes del kirchnerismo. “Lavagna es una figura prestigiosa, reconocida, una persona que ha demostrado su capacidad frente a las crisis, ya nos sacó de una fuerte crisis como la del 2001. Es respetado por todos los sectores de la política. Lo vi con vocación de estar al frente de un proyecto de unidad nacional”, volvió a insistir Lifschitz.

 

La valoración de su gestión de 2002, que se prolongó hasta noviembre de 2005, ya con Néstor Kirchner en el Ejecutivo, es uno de los puntos en su haber. También su buena relación con parte del empresariado. Sobre todo, segmentos industriales con anclaje en el mercado interno, golpeados por la política de Cambiemos. Mientras que pretende erigirse como figura de unión posible entre sectores críticos, más allá del kirchnerismo.

 

En ese espacio existen varios precandidatos. El mencionado Massa, que reactivó su recorrido por el país, es uno de ellos. El otro, el gobernador de la provincia de Salta, Juan Manuel Urtubey. El senador nacional Miguel Angel Pichetto completa el lote. Sin que en ninguno de los casos logren alterar el movimiento de las encuestas. De modo que Lavagna llegaría (en caso de decidirse, toda una incógnita) para apuntarlas las chances esquive de ese espacio. Para ampliar la oferta, si lo que deciden es generar una primaria abierta con varias opciones.

 

Por cierto, Lavagna también suma interrogantes e incógnitas. La fragmentación territorial del peronismo y las dudas respecto de la posibilidad del economista de lograr ascendencia entre otros trozos desperdigados es una. A lo que se suma la tendencia a la polarización del escenario, con Cristina Kirchner como figura principal de la oposición y una centralidad política que mantiene a pesar de no tener mucha visibilidad. Y características del propio Lavagna. Por un lado, una autoconsideración alta sobre sus propias virtudes públicas, muchas veces señaladas por propios y extraños. Y una vocación política persistente que no siempre parece corresponderse con la decisión de intervenir de manera continuada en la escena pública.

 

¿Será candidato? ¿Podrá hacerse un lugar en un duelo que parece ser de dos? Preguntas sin respuestas, todavía.

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