Cómo salió el “10 Years Challenge” del mercado

21 de enero, 2019

 

En medio del desafío global “10 Years Challenge”, que invita a mostrar cómo pasó el tiempo desde una foto de hace 10 años, GMA Capital hizo lo mismo con el mercado de capitales.

 

Según explicó, en 2009 comenzó con el pie izquierdo para Argentina. A mediados del primer mandato de Cristina Kirchner, cuando las “tasas chinas” de crecimiento ya se habían agotado, llegó la onda expansiva de la crisis internacional con fuerza y el país cerraría el año con una recesión de 5,9%.

 

En paralelo, la intervención del Instituto de Estadística y Censos (INDEC) cumplía dos años y era reciente la estatización de las AFJPs, que le permitieron al Gobierno quedarse con unos US$ 30.000 millones. Sin estadísticas confiables ni garantías sobre los derechos de propiedad, la reputación y el nivel de institucionalidad de Argentina se erosionaba día a día.

 

Así, los inversores se desprendían de activos locales y esa desconfianza se notaba sensiblemente en el riesgo país, el sobrecosto financiero por encima de Estados Unidos que paga Argentina para tomar deuda a diez años. En ese entonces el indicador rozaba los 1.500 puntos básicos: es decir, un bono argentino de largo plazo rendía 15 puntos porcentuales más que un treasury norteamericano. En general, el malhumor global y las maniobras del Gobierno no jugaban a favor de los activos locales, que estaban en decadencia.

Acciones y ADR

 

Por el lado de las acciones, el Merval en pesos cotizaba entonces a 1.077 puntos y en dólares en 309 puntos. Pero durante los últimos 10 años, el cambio político y el ánimo internacional positivo alimentado con bajas tasas permitieron que el equity local se recuperara, aunque con una enorme volatilidad.

 

Así, el Merval creció 3.081% nominal (41,3% anual) y en términos reales las acciones avanzaron 140% por sobre la inflación, a una tasa de 9,2% anual sobre el aumento de precios. Sin embargo, el monto operado en acciones se incrementó tan sólo 21% en dólares en una década, o 1,9% por año.

 

La capitalización bursátil, o el valor de las empresas cotizantes, también mostró altibajos de punta a punta: si bien aumentó desde US$ 31.222 millones a US$ 51.747 millones (+66%), apenas creció en términos del PIB (sólo 2,3 puntos porcentuales). Y además, la cantidad de empresas listadas retrocedió desde 112 a 102.

 

Yendo a los ADR, las acciones argentinas que cotizan en Wall Street tuvieron en promedio una buena performance. Avanzaron 305% en dólares de forma acumulada en la última década y 15% en términos anuales, superando las subas del índice S&P500 y del ETF de acciones emergentes.

 

Los ADRs más dinámicos fueron los de gas, electricidad y bancos. TGS lideró el ranking (554% acumulado, 20,7% anual), seguida por Edenor (513% acumulado, 19,9% anual) y el Banco Francés (439% acumulado, 18,4% anual). Le siguieron el Grupo Financiero Galicia (399% y 17,4%), Banco Macro (393% y 17,3%), IRSA (316% y 15,3%), Pampa Energía (223% y 12,4%), Telecom (99% y 7,1%), Cresud (91% y 6,7%), y Tenaris (20% y 1,8%).

 

Renta fija

 

Por su parte, el valor total operado en renta fija mejoró 8% por año y completó un salto acumulado de 116%. Si bien hubo acciones que mostraron rendimientos muy respetables, para GMA Capital la renta fija fue “la clase de activo que mejor cristalizó el cambio de paradigma que vivió el mercado en la última década”.

 

La curva de hace diez años mostraba los peores temores de los inversores, con rendimientos a uno o dos años superiores al 30%. El mercado vivía con la espada de Damocles del default de forma cotidiana y de una manera mucho más cruda que lo fue durante los últimos meses porque el gobierno kirchnerista radicalizaba su discurso.

 

“En enero de 2009, la pendiente negativa (mayores tasas en el corto plazo) era el correlato del enorme estrés financiero producto de la expectativa de incumplimiento en las condiciones contractuales. Las dudas abarcaban desde la cesación de pago hasta la pesificación. Por eso, los inversores que se quedaban con bonos argentinos preferían los de largo plazo que contaban con paridades más bajas, un aspecto favorable a la hora de enfrentar, eventualmente, un canje o una reestructuración”, sostuvo GMA4.

 

En este escenario, si bien la curva de 2019 no muestra su mejor cara (está casi plana desde 2020 y hay un gap de 500 puntos básictos entre una Lete y un bono 1 año más largo), la comparación con las tasas de hace una década deja a los rendimientos actuales un poco mejor parados.

 

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