China, EE.UU. y la Fed

8 de enero, 2019

fed

 

Por Nicolás Creus Director de Estrategia Global en Terragene y Profesor de Política Internacional Argentina (UNR)

 

Luego de varios años de complacencia en los mercados internacionales para con los riesgos globales, 2018 finalmente resultó ser el año del regreso de la volatilidad y la incertidumbre. La política de normalización monetaria de la Fed y las mayores tensiones entre Estados Unidos y China, constituyeron sin lugar a dudas dos de las principales variables explicativas, de cuya evolución e interrelación dependerá buena parte de la dinámica y la suerte de los mercados en 2019.

 

Luego de la crisis financiera de 2008 –y ante la falta de margen para flexibilizar la política monetaria de manera convencional–, la Fed llevó adelante el denominado programa de “flexibilización cuantitativa”, consistente en inyectar liquidez mediante la compra de activos financieros en grandes cantidades, con el objeto de estimular la economía. El referido experimento se extendió de manera peligrosa por casi diez años. Desde 2015, se sucedieron innumerables comunicaciones de parte de la Fed anticipando el final del programa, pero lo cierto es que recién hacia 2018 el organismo dio inicio de manera decidida al proceso de suba de tasas y normalización monetaria.

 

Lógicamente y como suele ocurrir, este movimiento generó una reversión en los flujos de capital con salida de fondos desde los mercados emergentes y fortalecimiento del dólar a nivel global. El problema estuvo en el hecho de que las citadas tendencias se vieron además reforzadas e intensificadas por un clima internacional mucho más incierto y convulsionado como consecuencia de la agudización de las tensiones entre Estados Unidos y China, en el marco de una disputa ya no solo comercial, sino también económica, tecnológica y geopolítica. Los niveles de aversión al riesgo se dispararon y la volatilidad se apoderó de los mercados.

 

La gran pregunta, entonces, es qué hará la Fed de ahora en adelante. En estas últimas semanas, muchos especularon con la posibilidad de un freno al proceso de normalización, contemplando incluso un posible recorte durante 2019.

 

No obstante, tal como lo señaló en un artículo reciente el académico de Harvard, Martin Feldstein, a la Fed le sobran motivos para continuar con el apretón monetario, identificando tres razones: 1) la tasa de interés real es muy baja y puede ocasionar problemas en una economía que todavía no se encuentra precisamente deprimida; 2) el FOMC (Comité Federal de Mercado Abierto, por sus siglas en inglés) necesita un nivel de tasas más alto ahora para poder bajarlas más adelante cuando tenga que estimular la economía; y 3) la necesidad de hacer volver la tasa real a un nivel “neutro”.

 

Ahora bien, más allá de los motivos válidos que tiene la Fed para seguir con el proceso de normalización monetaria y suba de tasas, resulta evidente que hacerlo en un contexto de incertidumbre global, con proyecciones de crecimiento a la baja y mucho riesgo latente en diferentes partes del mundo puede ser peligroso. He aquí el dilema. Y es entonces cuando la política de la Fed se vincula directamente con la evolución de la disputa global entre Estados Unidos y China.

 

La distensión entre las potencias es clave para darle un mayor margen de acción a la Fed. La duda es: ¿serán las necesidades domésticas de la política monetaria de Estados Unidos las que impulsen la distensión entre las potencias o bien será el temor a la inestabilidad internacional lo que determine la política de la Fed?

 

Resulta claro que una renovada flexibilización monetaria no resolvería el impacto eventual de la disputa entre las potencias sobre la economía americana y global, aunque al menos contribuiría a no agravar los problemas derivados de la misma, preservando así la estabilidad internacional. Por esta razón, en un contexto de tensión entre las potencias, no será fácil para la Fed resistir los embates y no volverse algo más “dovish” (las últimas declaraciones de Powell así lo demuestran). Claro que ésta sería una salida no sostenible. Tarde o temprano los problemas deberán ser abordados en su origen.

 

Afortunadamente para el mundo, en las últimas semanas ha habido indicios de una distensión entre Estados Unidos y China. Frente a las dudas expuestas por los mercados respecto de la tregua acordada en Argentina durante la cumbre del G-20, las autoridades de ambos países –incluido el propio Donald Trump– comunicaron que existen progresos importantes en las negociaciones. Asimismo, equipos negociadores de ambas partes mantienen reuniones en Pekín, en lo que puede ser la antesala de un nuevo encuentro de alto nivel orientado a efectivizar y comunicar acuerdos concretos.

 

En un contexto de tales características, la Fed dispondría de mayores márgenes para desarrollar su política monetaria, en tanto que mantenerse por el sendero de la normalización entrañaría menos riesgos tanto para la economía de Estados Unidos como para la estabilidad internacional.

 

En conclusión, si Estados Unidos y China mantienen niveles elevados de tensión, es probable que la Fed se vuelva bastante más prudente en su política. Pero si distienden y avanzan con acuerdos concretos, puede que las expectativas actuales del mercado respecto al relajamiento sean algo exageradas. No será una fiesta, pero este último escenario parece ser sino el más conveniente, al menos el más sostenible para el mundo.

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