Bolsonaro, Netanyahu y la mudanza a Jersualén

8 de enero, 2019

Por Atilio Molteni Embajador

 

Benjamín –Bibi– Netanyahu, el primer ministro de Israel, se convirtió de hecho en uno de los poco dirigentes políticos destacados en la asunción del mando de nuevo presidente de Brasil, Jair Bolsonaro.

 

Es su actual estilo y enfoque. No es el primer acercamiento con líderes de derecha, pues en la segunda semana de diciembre pasado recibió en su país al ministro del Interior de Italia, Mateo Salvini, y al líder de la Liga, que es un partido de ultraderecha y nacionalista que integra la coalición gubernamental italiana. Tampoco se priva de mantener una estrecha relación con el primer ministro de Hungría, Viktor Orban, que representa un movimiento vinculado al neofascismo ultranacionalista. Varios analistas piensan que el premier judío se manifiesta de este modo para romper el cuestionamiento europeo derivado de la falta de avances en la fórmula de los dos Estados y de la crisis que surgiera tras la denuncia, por parte de Estados Unidos, del Pacto Nuclear con Irán, conducta que la UE no acompañó y causa gran entusiasmo en el líder israelí.

 

En el caso de Brasil, el mandatario visitante se propone concebir un gran pacto político. Netanyahu no ignora que es la mayor economía sudamericana y un importante mercado para las exportaciones tecnológicas de su país, una actividad que ahora se complementaría con mayores componentes provenientes de los avances israelíes en distintas ramas, incluido el de su sofisticada industria militar. Pero el objetivo central de su participación en la ceremonia no ocultó el interés político de hacer que Brasilia reconozca a Jerusalén como capital de Israel y decida, igual que Estados Unidos, el traslado a esa ciudad de su Embajada. Como se recordará, dejando a un lado una política de la comunidad internacional que se venía aplicando desde 1948, el presidente Donald Trump reconoció, en diciembre de 2017, a Jerusalén como capital del Estado y anunció el traslado de su representación de Tel Aviv a Jerusalén, (el que se concretó el 14 de mayo de 2018) pero tal operación no incluyó el manifestarse sobre los límites de la soberanía israelí en esa ciudad, ni sobre las aspiraciones palestinas al este de Jerusalén, que ellos consideran como la capital deseable para su futuro Estado.

 

El presunto traslado de la Embajada del Brasil a Jerusalén no va ser inocuo. El 18 de diciembre de 2017 Estados Unidos tuvo que vetar un proyecto de resolución apoyado por los otros catorce miembros del Consejo (UN document, S-2017-1060) en cuyo texto se reafirmaban las anteriores resoluciones del Consejo sobre el tema, en el sentido de declarar nulas todas las acciones que tuvieran por objeto “alterar el carácter, estatus o la composición demográfica de la ciudad Santa de Jerusalén”. Con posterioridad, en su Décima Sesión especial de Emergencia, la Asamblea General adoptó una resolución no obligatoria presentada por los Estados árabes y musulmanes (por 128 votos, contra 9 y 35 abstenciones –Argentina entre ellas–), que contiene un texto similar al proyecto que discutió el Consejo de Seguridad y pidió a todos los Estados abstenerse de establecer misiones diplomáticas en esa ciudad. Si bien es evidente que existe en los países árabes contrarios a Irán (especialmente, algunos de los países del Golfo), un acercamiento a ciertas posiciones israelíes, el hecho que el Brasil lleve adelante la decisión del traslado de su Embajada va a afectar su política exterior tradicional y una de las causas que ha sido constante en la posición de Itamaraty, que es alcanzar algún día el puesto de miembro permanente del Consejo de Seguridad, pues sus acciones en Medio Oriente además de la importancia que da a su comercio exterior con la región, siempre se dirigieron, como objetivo prioritario, a ganar el apoyo árabe para su candidatura al órgano principal de la ONU.

 

Otro elemento que explica su activismo internacional de Netanyahu, es la decisión parlamentaria de la Knesset de adelantar a abril las elecciones generales en Israel previstas para noviembre de 2019. El primer ministro está en su puesto desde 2009, con un período anterior entre 1996 y 1999.

 

Según las últimas encuestas, el premier es aún el candidato favorito, lo que es resultado, entre otras razones, de que la economía anda bien en términos macroeconómicos y fiscales, con un crecimiento anual del 3,3%, un comercio exterior en constante desarrollo y una deuda pública baja con relación a su PNB. Pero se especula que este adelanto eleccionario podría tener relación con el hecho que en febrero y en diciembre de 2018, la policía recomendó al Procurador General Avichai, Mandelblit que lo procese en tres casos separados que envuelven entre otros delitos, fraude y abuso de confianza por haber favorecido a algunos de sus benefactores. Aunque las consecuencias legales y el momento en el que el procurador General pueda tomar sus decisiones no están claros, ni tampoco si ellas harán de implicar su separación del cargo, este proceso es un verdadero lastre para Netanyahu y sus seguidores.

 

De todas maneras, Israel ya está en pleno proceso eleccionario con nuevos participantes y cambios en los partido existentes, y el objetivo de Netanyahu sería reditar un esquema político de alianza muy similares a las que actualmente tiene su partido Likud. Al premier lo ayuda la popularidad que surge de su experiencia geopolítica, cuando el país enfrenta una situación regional cada vez más complicada, a pesar de su superioridad militar –y el hecho de poseer armas nucleares nunca declaradas oficialmente–. También es un activo el constante apoyo de los Estados Unidos, pues ambas naciones comparten su preocupación frente a Irán, en el contexto de lo sucedido con el Pacto Nuclear con este país, y el aumento de las tensiones con Irán y el Hezbolá en la frontera norte de Israel con Siria y el Líbano. En el primero de estos países, Israel utiliza ataques aéreos para prevenir que Teherán transfiera armas sofisticadas a la organización libanesa, pero el escenario se calentó por la consolidación en el poder de Bashar Al Assad (a quien Rusia entregó sistemas antiaéreos más sofisticados que dificultan las acciones militares) y por el comienzo del polémico retiro de los dos mil soldados estadounidenses del territorio sirio.

 

En cuanto a los palestinos, las relaciones con los israelíes están en su punto más bajo, y el acto eleccionario va a postergar la presentación del anunciado plan de paz del presidente Trump, en el que trabajan, entre otros, su yerno Jared Kushner, que tendría cierto apoyo de Arabia Saudita, los Emiratos Arabes Unidos, Jordania y Egipto, pero al mismo tiempo el constante rechazo de los pueblos árabes que respaldan la causa palestina, a lo que se suma el hecho de la crisis permanente que para Israel significa su relación con Hamas desde la Franja de Gaza y con otros grupos más radicales. Todo hace suponer que 2019 va a ser de un gran dramatismo en dicha región, lo que obviamente no es noticia.

Te puede interesar


Dejá un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *