Claro que se puede

14 de diciembre, 2018

El Gobierno cree en un rebote pronto

 

Por Carlos Leyba 

 

Hacer el inventario de los problemas que atraviesa la economía, al acercarse el último año de este Gobierno y al tener por delante un proceso electoral, es imprescindible.

 

El Gobierno tiene la obligación de diagnosticar y proponer una solución convincente, con precisión y profesionalidad.

 

Ahora el elenco gobernante se ha dedicado a las metáforas climáticas para comunicar que hay problemas y en lugar de procurar soluciones propone “confianza” que es el mantra de su aparición en la vida política del país.

 

Para un correcto análisis de los problemas razonablemente identificados se investigan las causas o problemas asociados y se abordan las conexiones sistémicas de los mismos.

 

El PRO reduce el número de problemas y los pocos que identifica los trata como cuestiones aisladas sin repercusiones sistémicas. Al igual que José A. Martínez de Hoz y Domingo Cavallo, el PRO se concentra en un objetivo que considera alfa y omega de todos los males, sin referir las consecuencias sobre las demas variables económicas de los avances sobre ese objetivo y sin considerar las variables que afectan o provocan “el problema”.

 

Más allá del fracaso y las consecuencias no deseadas de esos progamas, hay una enorme distancia en la calidad técnica de anteriores equipos respecto de este team “de ensueño”. Si se tratara de fútbol el equipo se destaca en goles en contra. En los tres años M se han agravado todos los problemas económicos heredados de la gestión K que fueron inmensos y doblemente graves porque se produjeron en un escenario en el que todas las constelaciones, internas y externas, estaban a favor.

 

El período K desde el primer día fue, además de los fracasos acumulados, un período de oportunidades y por lo tanto uno de pérdida de oportunidades, lo que los K ocultan con astucia.

 

La afirmación merece un párrafo adicional. Los términos del intercambio favorables, con incremento de actividad en los países que demandan nuestras commodities, integraron uno de los pocos “motores activos” de los que ha dispuesto la Argentina. Una de nuestras cuestiones cruciales es la de los “motores activos”

 

Ejemplo, Alemania es un sostenido motor de la economía europea como China para toda su área geográfica de influencia. Las razones por las que Alemania y China son “motores activos” son distintas, pero no sus consecuencias sobre las economías empujadas: crecen y tienen un horizonte.

 

Nuestra Argentina alguna vez imaginó en Brasil un motor sea por su dimensión de mercado, que atraía inversiones destinadas a aprovechar el arancel cero Mercosur, o sea por sus políticas activas que en materia industrial impulsaban el desarrollo interno. Ese motor no funcionó.

 

La paradoja argentina es que las economías que hemos identificado como “motores activos”, propios o ajenos, en términos netos “no nos empujan” ya que nuestro balance comercial es por muchos años negativo.

 

El llamado “viento de cola”, más otras circunstancias internas, forjaron – por la excedencia extraordinaria de fondos externos y fiscales provocada – una oportunidad de transformar el funcionamiento de nuestra economía. Pero esa oportunidad fue desaprovechada (¿ahogada en consumismo berreta?). La consecuencia fue una economía más primarizada y más monoproductora. Esa es una, no la única, de las cuentas negativas de la herencia K.

 

El período M, que a esa herencia le sumó el sufrimiento de una distancia enorme con respecto al escenario que disfrutaron los períodos previos, hasta aquí, ha profundizado los problemas y reducido –por lo tanto– el márgen de oportunidades.

 

La situación presente es dificil y la futura presenta una telaraña dificil de desenredar de manera controlada. Para graficar lo que sugiere el presente usemos letras a la moda.

 

La salida de esta recesión no será una “V”, que justificaría decir “lo peor ya pasó” o una “U”, que justificaría decir “hay algunos brotes verdes” sino una “L” que quiere decir que el desierto es largo, la cantidad de horas bajo el sol queman y, naturalmente, uno se acostumbra.

 

¿Y el futuro inmediato? Ese tiene forma de “U” invertida. Traducción: la “U” invertida expresa el rendimiento de los Bonos Argentinos nominados en dólares. La tasa sube (el riesgo o el miedo) a partir del agotamiento del stock disponible de crédito del FMI. La tasa alcanza su máximo para los bonos que duran 5 años (10,5%) y caen a largo plazo, pero nunca debajo de 9%. El futuro mirado por los financistas expresa, primero, la economía argentina adolece de un poca capacidad de pago; segundo, esa capacidad de pago es hoy mayor que la que se supone del próximo gobierno y tercero, las cosas mejorarán después, pero no mucho.

 

Un país sin crédito a tasas normales, pagables, convenientes. Las tasas normales, pagables, convenientes, tienen una condición necesaria, aunque no suficiente, que es que esa tasa debe ser igual o menor que la tasa de crecimiento de mediano plazo de la economía.

 

Por ahora nadie imagina una economía creciendo a mediano plazo al 9% y por lo tanto nadie imagina la reducción del riesgo país. Es cierto hay otra noticia dando vuelta. Y es la que surge del potencial de Vaca Muerta.

 

Dadas ciertas condiciones y generando una enorme cantidad de inversiones directas y de infraestructura, es probable que Vaca Muerta provea una inmensa masa de recursos que se convertirían en dólares, contantes y sonantes, que permitirían crecer y mejorar el balance externo.

 

Dos aclaraciones: la primera, Paolo Roca en la reunión de AEA dedicada a la energía dijo que Vaca Muerta es posible sólo a US$ 7,50 el MBTU y que la industria es posible sólo a US$ 3 el MBTU. El hombre está de los dos lados. Y ese bache, de existir, sugiere, de no mediar otras condiciones u otra estrategia, que Vaca Muerta sólo es posible con un subsidio tan paradójico que cuando aumente la producción aumentará el déficit fiscal.

 

La segunda aclaración es que “crecer”, que es muy bueno y necesario, no es lo mismo que desarrollarse que es la demanda central de una sociedad que se ha subdesarrollado (desindustralización, pobreza) aún en los años recientes en que el PIB crecía.

 

Sin haber precisado “los problemas” sí hemos repasado algunos de los que están en la base de nuestras penurias. ¿Qué penurias?

 

Veamos algunas mediciones insospechadas de “oposicionismo”. La prestigiosa consultora Poliarquía prepara un “Barómetro de la Opinión Pública” que combina 15 indicadores. Ese barómetro en noviembre estaba en niveles mínimos lo que significa niveles altos de mal humor social y escepticismo acercándose, en términos de la Consultora, a la zona de “crisis”.

 

Cada lector deberá definir que es “crisis” para él. No es fácil, como no es fácil inventariar los problemas económicos que alimentan esos escenarios.

 

Por ejemplo, la confianza de los consumidores, que mide Poliarquía, está en los niveles más bajos del Gobierno de Macri y está por debajo de todas las mediciones posteriores a la gran crisis 2001/2002.

 

La evaluación general del Gobierno, que mide la misma empresa, tiene signos de mejora, pero la estratégica medición de la “capacidad del gobierno para mejorar la situación” muestra un declive importante.

 

La síntesis es que la estimación del Indice de Optimismo Ciudadano se encuentra en mínimos históricos.

 

¿Cómo responde el Gobierno a estas condiciones sociales dominantes? Dice, “las que tienen que ver con las quejas, o las malas noticias, son consecuencia de una tormenta”. Algo que, naturalmente, significa salirse del cuadro de la autoria.

 

Y cuando se trata del futuro, la metáfora climatica, tiene que ver con el tratamiento que siente que le han dispensado los líderes del G20.

 

Un buen clima social de la política internacional que tratan de traducir, para el consumo popular, como que “ellos” dicen que estamos haciendo las cosas bien y que sigamos así.

 

“Ellos”, los líderes del G20, “saben” y su simpatía es un aval. Bueno, sin embargo, para esos líderes, no están dadas las condiciones para que la UE avance en el tratado de librecomercio y tampoco para ingresar a la OCDE y menos para atraer inversiones o para viabilizar la reversión del desequilibrio comercial…pero “van bien”. Gracias. De plata ni hablar.

 

Nada en el mensaje gubernamental puede ser considerado un aporte clarificador. Nadie se dedica a eso en el Gobierno.

 

Conscientes de no haber producido nada que se parezca a un plan, a un programa, a una visión, acaban de anunciar que convocarán a los think tanks de los partidos que integran la coalición Cambiemos para diseñar una estrategia para el próximo período gubernamental o, al menos, para elaborar un discurso de campaña que acredite que se ha pensado en como salir de este berenjenal. Habrá que esperar que produzcan algo y le damos el crédito de la espera.

 

La oposición, todas las oposiciones posibles, no han hecho gala de tener siquiera un planteo profundo que no sea el indagar la manera de bajar del escenario a los que están ahora arriba.

 

La demanda social es que respondan (diagnostiquen y propongan) a dos de los problemas centrales, ya los mencionaré, sin cuyo abordaje no habrá por largos años ni crecimiento y menos desarrollo.

 

Ambos problemas, para ser resueltos, requieren tener en claro que hay que reconstituir “la política” – las ideas destinadas al bien común – y “el poder” –la capacidad del Estado para llevarlas a cabo.–

 

Esos problemas son la incapacidad de la estructura económica actual para generar excedente de dólares y la incapacidad para crear el nivel de empleo productivo que permita erradicar los nivele de marginalidad y pobreza. La doble incapacidad.

 

El déficit de dólares y el déficit de empleo, hijos de nuestra actual estructura productiva, son la madre de nuestras desgracias.

 

La transformación necesaria pasa inevitablemente por una reindustrialización capaz tanto de rendimiento externo neto como de generación de empleo con una estrategia demográfica de ocupación territorial. Eso sólo es posible, condición necesaria, con una política y poder capaz de funcionar como motor.

 

Sin eso nos espera un largo desierto sólo soportable con la voluntad de vivir en decadencia. Claro que se puede.

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