Las supertasas siembran la semilla de la próxima crisis

Las divisas financieras crean la ilusión de resolver el problema en el corto plazo, pero siembran la semilla de la próxima crisis de Stop & Go

 

Por Daniel Glatstein Economista

 

Teniendo algo más de un mes de estabilidad cambiaria y habiéndose acordado los próximos desembolsos del FMI que aseguran el cumplimiento de los compromisos inmediatos del Estado, se abre una ventana para debatir la economía argentina más allá de la inmediatez.

 

La crisis que está atravesando nuestro país no es un fenómeno nuevo, sino que es un capítulo más del continuado Stop & Go que caracteriza el ir y venir de la macro argentina ante la escasez de divisas.

 

Todos los países consumen divisas porque ninguno produce todos los bienes y servicios que consume. Lógicamente, existen bienes que no se producen localmente y deben ser importados. En la medida en que una economía crece, se realizan más transacciones, se comercializan más bienes y servicios, y por lo tanto son más los productos que deben ser importados.

 

A partir del párrafo anterior se desprende que una economía va a consumir más divisas en la medida en que su actividad crezca, porque al tener más volumen económico, deberá importar más bienes (de capital, intermedios y de consumo) y, por lo tanto, desprenderse de más divisas.

 

En la Administración anterior, ante el deterioro de la cuenta corriente, la decisión política fue instalar el cepo cambiario. Esta medida, combinada con la administración del comercio (las célebres DJAI), apuntaba a limitar el drenaje de divisas en el corto plazo. Pero el cepo era una medida defensiva sin la capacidad para resolver el problema de fondo, que es el bajo nivel de exportaciones que tenemos (U$S 1.330 de exportaciones per capita frente a U$S 3.810 de Chile), y en consecuencia la economía argentina se estancó entre 2011-2015.

 

Ante esta situación, eliminar el cepo era prioritario, porque generaba un enorme desincentivo a la exportación (recordemos que el spread entre dólar oficial y blue era del 50%). El levantamiento del cepo, sumado a la salida del default y normalización de la relación con el mercado financiero, fue un paso en el sentido correcto. Y así fue percibido por el mercado, ya que el riesgo país perforó los 400 puntos básicos en abril de 2016. Sin embargo, nuevamente volvimos a tropezar con la misma piedra que es nuestro karma hace décadas: la escasez de divisas. Esto es así, porque la única forma sostenible de resolver la falta de divisas es exportando más.

 

Sin embargo, se priorizó una política de metas de inflación que no solamente fracasó en su intento por contener la suba sostenida de precios, sino que además alimentó la especulación financiera que impulsó una apreciación profunda del peso, golpeando al sector productivo transable por dos vías: tipo de cambio real bajo y altas tasas de interés.

 

Cuando se acabó el financiamiento, la calesita nos devolvió otra vez al punto de partida. Ahora, tenemos el tipo de cambio nominal estabilizado por una combinación de overshoting y tasas de interés superelevadas. La inflación esperada por el público, de acuerdo a la encuesta de expectativas de inflación que realiza la UTDT (octubre) se ubica en 40% anual. Por otra parte, el relevamiento de expectativas de mercado (REM) que elabora el BCRA indica que las consultoras esperan una inflación del 32% (septiembre) en los próximos doce meses. En este marco, la tasa de interés de referencia se ubica en torno al 68%, llegando a cerca del 100% en términos efectivos anuales.

 

Esta política de supertasas ha logrado frenar la suba del tipo de cambio nominal e incluso provocó una caída del 12% en el último mes. No obstante, si no se reduce la tasa de interés a un nivel acorde a la inflación esperada, se fomenta un nuevo ingreso de divisas financieras que alimentan el carry trade y que nos ubican nuevamente ante el mismo dilema: corto plazo financiero o largo plazo productivo.

 

Las divisas financieras crean la ilusión de resolver el problema en el corto plazo, al tiempo que siembran la semilla de la próxima crisis de Stop & Go, porque aprecian la moneda y desincentivan la inversión, alejándonos nuevamente de la verdadera solución, que es aumentar las exportaciones.

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