Las expectativas de inflación complican el nivel de actividad

El acuerdo con el FMI le plantea a la economía de Argentina una tasa de sacrificio de la actividad exagerada y riesgosa

 

Por Guido Lorenzo FCE-UBA

 

Por tratarse de una situación de emergencia, analíticamente uno puede comprender en parte las decisiones tomadas por el BCRA y reconocer que, en el primer mes de la puesta en práctica del nuevo esquema, va consiguiendo los logros propuestos en el corto plazo. Pero al mismo tiempo uno no puede dejar de advertir que este esquema no está exento de riesgos importantes, sobre todo en términos de actividad económica.

 

Esto es así porque la tasa de interés no sólo es muy elevada en términos nominales, sino que además lo es, y se proyecta así, en términos reales. En efecto, si bien el dato inflacionario de septiembre y muy probablemente también el de octubre terminen mostrando una tasa de interés real ex post no demasiado elevada, lo cierto es que si se la estima ex ante, esto es, en relación a la inflación esperada, los niveles actuales la sitúan en niveles superiores al 20% anual. Este nivel de tasas, en función de los documentos elaborados por el Gobierno y el FMI se proyectan en estos guarismo, e incluso más elevados. La proyección efectuada por el staff del FMI sitúa a las tasas reales en 37% para diciembre entrante y en niveles superiores al 30% hasta abril de 2019, cuando comienza a converger hasta zonas superiores al 20%, cerrando el año en casi 16,8%. Este último nivel más que triplica los niveles observados en otras economía de la región.

 

El problema es que a mayo de 2019, la economía real habrá atravesado trece meses muy duros, con una caída abrupta del nivel de actividad, una recomposición fuerte del tipo de cambio real, un rebrote inflacionario y un nivel de tasas de interés inédito en nuestra Historia reciente.

 

Este contexto adverso pone en riesgo la sostenibilidad de las empresas más pequeñas, que cuentan con menor respaldo patrimonial y financiero, y que forman el grupo de empresas que mayor cantidad de empleo generan. No hay que abundar en demasiados detalles para imaginar que una situación dominada por el racionamiento del crédito, y a estos niveles, puede volver inviable la financiación de capital de trabajo.

 

La proyección de esta situación al futuro no sólo está sustentada en los documentos elaborados por los funcionarios del Gobierno y del FMI, sino que además fueron implementado para lograr, vía el canal del crédito, una fuerte contracción de la demanda buscando enfriar la dinámica inflacionaria. Si bien la contracción económica comenzó a observarse como producto del comienzo de la crisis cambiaria de fin de abril y se profundizó con el tiempo, no hay modo de sostener que este nivel de tasas reales sea compatibles con una recuperación futura. En términos de recuperación de la actividad cuesta entonces pensar que la misma sea en forma de V como sostiene el Memorándum de Entendimiento con el FMI, es decir, un frenazo súbito seguido de una recuperación vigorosa de la actividad. La tasa de sacrificio por la estabilidad cambiaria que va a terminar pagando la economía podría ser menor si se pudieran relajar las tasas.

 

En este sentido, el acuerdo comprometido con el FMI, al priorizar por sobre todas las cosas el objetivo antiinflacionario, le plantea a la economía argentina una tasa de sacrificio de la actividad económica, a nuestro juicio, exagerado y riesgoso. En nuestro país, una vez que una empresa ingresa en un proceso de convocatoria de acreedores, resulta muy costoso en términos económicos, sociales y en tiempo para salir de esta situación.

 

Claramente la medicina acordada con el FMI contiene elementos de sobreactuación para procurar recuperar la credibilidad perdida especialmente por el BCRA a partir del fracaso del esquema de metas de inflación implementado por Federico Sturzenegger.

 

A medida que la inflación ceda desde estos niveles sería conveniente aplicar una política que tenga un mejor balance entre empleo y desinflación. De hecho, quizás eso sea lo que sucede efectivamente y hoy el BCRA esté sobreactuando para disminuir la expectativa de inflación que bajó por dos meses consecutivos (promedio a 12 meses), pero que aún es elevada. De esta manera, la persistencia de expectativas inflacionarias actúa como un freno para la actividad y agravará la caída de la actividad en los próximos meses.

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