La “sociedad streaming” y la adicción a la series

Seis de cada diez personas consumen series y películas por televisión una o más veces por semana mientras que uno de cada diez lo hace por de Internet o plataformas pagas

 

Por Sofía Alvarez Beroqui

 

“Sólo un capítulo más”. ¿La frase les resulta familiar? En los últimos años, el contenido audiovisual ha ido ganando terreno hasta liderar el entretenimiento. El gran auge de las series es parte de esta tendencia social que modificó los hábitos de consumo cultural en todo el mundo y Argentina, esta vez, no fue la excepeción.

 

En nuestro país, seis de cada diez personas consumen series y películas por televisión una o más veces por semana mientras que uno de cada diez lo hace por de Internet o plataformas pagas. El contenido audiovisual ha logrado adaptarse exitosamente a los nuevos formatos digitales, ofreciendo acceso a la reproducción de manera más versátil.

 

Antonio Alvarez, Director de Programación de Cablevisión Flow, explica que con la masificación de los dispositivos móviles el streaming se ha vuelto protagonista. “Como en todo el mundo, ha crecido en Argentina por la practicidad que implica a la hora de consumir contenidos a demanda. Las personas quieren tener acceso instantáneo. Ante esta transformación, la industria de la TV paga ha tenido que adaptarse y evolucionar hacia un modelo que le brinde al cliente la libertad de elegir no sólo qué ver, sino como, cuando y donde hacerlo”, sostiene en diálogo con El Economista.

 

La nueva forma de consumir es multiplataforma y flexible a los horarios del usuario. Lo que se ve reflejado en el éxito de las plataformas de streaming como Netflix, HBO GO, Amazon Prime Video, Cablevisión Flow, Personal Web Play o el nuevo Movistar TV, que buscan simplificar el acceso a los contenidos. Incluso es cada vez más común ver películas o series en el transporte público.

 

Gerardo Sánchez es coordinador del Sistema de Información Cultural de la Argentina (SInCA), que busca conocer el comportamiento de la población argentina. La Encuesta Nacional de Consumos Culturales 2017 evidencia, que si bien la principal vía de consumo siguen siendo los canales de TV por aire y cable (58% y 74% de la población, respectivamente, los utiliza frecuentemente), la modalidad online se consolidó como la segunda opción más elegida. Los sitios como YouTube y Netflix avanzan representando alrededor de 32% y 25% del consumo, respectivamente.

 

Ante la llamada “cultura de las pantallas” diversos contenidos como películas, documentales o programas se generan especialmente pensados para adaptarse al streaming. “Todo lo breve, simultáneo y portable crece. Las series responden a ese formato”, señala Sánchez ante El Economista.

 

La tecnología digital se ha transformado en un bien de consumo en sí misma, a la vez que funciona como soporte para otros productos culturales. “Ha reconfigurado los modos de construir identidad, de habitar el espacio doméstico, de participar en vínculos sociales, de concebir las delimitaciones espaciotemporales, la relación con el propio cuerpo, los roles laborales y el acceso al conocimiento”, observa Aldana Neme, psicóloga social y especialista en educación.

 

Surgen así otras formas de contar las historias y ritmos que buscan atrapar la atención del usuario. Las escenas se suceden con mayor velocidad, y al ser capítulos continuados suelen terminar en el momento más intrigante o emocionante. Ha cambiado la narrativa.

 

El objetivo es persuadir al espectador para que mire el siguiente capítulo…y otro más. Sin ir más lejos, el mes pasado internaron a un hombre de 26 años en la India por su adicción a las series: miraba siete horas por día. Conceptos televisivos como el horario pico de audiencia o la “hora de la novela” son reemplazados por otros como “maratonear”. En nuestro país, el 90% de las personas reconoce haber visto una temporada completa en un breve tiempo.

 

Entre las series más vistas de 2018 se encuentran títulos variados como “La Maldición de Hill House”, “Stranger Things”, “La Casa de Papel”, “The Man in the High Castle”, “The Handmaid’s Tale”, “Las Chicas del Cable”, “Castle Rock” y “La Casa de las Flores”, entre muchos más.

 

Alvarez explica que en Flow, además de contar con películas y más de 200 series de la industria global, también apuestan por invertir en coproducciones locales. “Somos pioneros en el país en el stacking de series nacionales. Títulos como ‘Un gallo para Esculapio’, ‘El Maestro’, ‘El Lobista’, ‘Rizhoma Hotel’ y ‘Morir de Amor’ han sido sumamente exitosos, con millones de views”, señala.

 

Pero el éxito de este formato no se debe sólo a las estrategias de edición o difusión. Tal como reflexiona Sánchez, las series crean comunidad. “Más allá de la versatilidad del formato y el tiempo, que otro esté viendo la misma serie aparece como algo sumamente relevante. Si bien el consumo es individual y personalizado, se comparte la repercusión del contenido a través del comentario y la recomendación”.

 

En el contexto de sensibilidad política, económica y social que se vive hoy en Argentina, Neme considera que las series instalan temáticas de conversación comunes en grupos muy heterogéneos, lo que contribuye a la reparación del tejido social. Pueden ser pensadas, entonces, como un instrumento de cohesión.

 

Una buena serie tiene el mismo resultado que un buen libro o película: nos permite escapar de la realidad y adentrarnos en la historia, identificándonos con los personajes. El ser humano es empático, por lo que puede experimentar emociones sin conocer al sujeto ni tener pruebas de la veracidad de una historia. El objetivo es atraparnos en la trama, pero las series pueden cambiar incluso nuestra forma de ver el mundo. Aquí el secreto de su encanto.

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