La reforma previsional es inexorable

La realidad hace inexorable el tratamiento de una reforma previsional con eje en en sentido común

Por Jorge Colina Economista de IDESA

 

El Ministerio de Hacienda se puso el objetivo de tener déficit primario cero en el 2019 y a partir de allí superávit primario. Esta meta es loable, pero muy difícil de cumplir si no se realiza una reforma previsional. Según el Presupuesto 2019, el gasto en jubilaciones y pensiones contributivas representará el 48% del gasto primario y crecerá el año que viene 38% interanual. Para lograr la meta del déficit cero, el gasto primario total tiene que crecer sólo 24%, con lo cual, el crecimiento en el resto del gasto público no puede superar el 14%. En otra palabras, hay que sobreajustar en el resto del gasto primario para poder financiar un crecimiento del gasto previsional excesivo. Si además ese sobreajuste es sobre la inversión en infraestructura, el esquema no es sustentable.

 

¿Qué ajustar?

 

Dos cosas. Una es la regla de pensión por sobrevivencia que establece que cuando un jubilado fallece le deja la pensión a su cónyuge. Esta regla fue pensada a mediados del siglo pasado cuando la mujer no participaba del mercado laboral. Como en general los varones tienden a morirse antes que las mujeres, con la pensión se evitaba su desprotección. Pero en el siglo presente la mayoría de las mujeres participa del mercado laboral y muchas de ellas acceden a su propia jubilación. Así, cuando fallece un jubilado deja una pensión a una persona que ya tiene una jubilación, por lo tanto, se va progresivamente duplicando la cobertura. Como agravante, como las moratorias dieron jubilaciones sin aportes a prácticamente todas las mujeres actualmente mayores de 65 años que no tenían jubilación contributiva, la doble cobertura se potencia. En términos numéricos, hay 1,2 millones de personas con doble cobertura en las cuales 800.000 se duplican gracias a que tiene la moratoria y de las cuales 115.000 tiene jubilación y pensión ambas con moratorias. Así es como el sistema previsional hoy tiene pocas bajas de beneficios cuando fallecen los jubilados. Si a la doble cobertura se suma que la población está envejeciendo, y con ello que hay cada vez más altas, esta dinámica es económica y fiscalmente insostenible.

 

Lo que hay que hacer es revisar la regla de pensión de sobrevivencia y estipular que cuando un cónyuge sobreviviente ya tiene una jubilación debe optar entre su propia jubilación o la pensión del fallecido (para darle la oportunidad de que opte por la mayor). En paralelo, a todas las personas que hoy duplican su cobertura con las moratorias (o sea, con una jubilación sin aportes) se debería prever una movilidad del haber de la moratoria menos beneficiosa que la de su jubilación contributiva, en el entendido de que como ya está duplicando cobertura con una haber sin aportes, por una cuestión básica de equidad no debería también duplicar la movilidad de los haberes.

 

El segundo punto que hay que revisar son los regímenes por los cuales las personas se jubilan en mejores condiciones que en el régimen general, sea porque aportan menos años, se jubilan antes o reciban un haber superior. Aquí se cuentan los regímenes especiales (que es casi una cuestión de privilegio para ciertos colectivos de trabajadores), los diferenciales (que en teoría se justifican por las condiciones de envejecimiento prematuro que tendría la actividad, aunque muchos de estos causales son de dudosa legitimidad) y el personal de seguridad y fuerzas armadas que se retiran antes por una cuestión de carrera dentro de las fuerzas. Por una cuestión básica de equidad, salvo muy contadas excepciones, todos los ciudadanos deberían estar cubiertos por el mismo régimen general.

 

En suma, la realidad hace inexorable el tratamiento de una reforma previsional que está lejos de implicar reducciones arbitrarias de haberes para los jubilados. Se trata simplemente de aplicar el sentido común para eliminar reglas que provocan irritantes inequidades, como personas que duplican coberturas, en muchos casos sin aportes, obteniendo haberes medios superiores a gente que sí hizo aportes, y los regímenes que jubilan a ciertas personas antes, con menos exigencias y/o mayores beneficios.

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