Hay margen para ser optimistas con el Merval

Más allá de la recesión y la inflación, hay una serie de datos alentadores que comenzó a mejorar las expectativas de ciertos jugadores

Por Javier Rodríguez Economista de Proficio Investment

 

Durante octubre, hemos visto una leve suba del índice Merval (hasta US$ 817), pero lo notable es que dicha suba se dio en un mes en el que los mercados de referencia mundiales se vieron fuertemente presionados, con caídas cercanas al 8%, por ejemplo, para el S&P 500 y similares para el índice de mercados emergentes EEM.

 

Esta fortaleza relativa se da en un contexto mixto. Por un lado, en los medios masivos la agenda sigue siendo negativa, puntualizando problemas en actividad, tarifas e inflación pero, por otro lado, una serie de datos alentadores ha comenzado a mejorar las expectativas de ciertos jugadores. La tranquilidad en el frente cambiario, con el dólar a punto de tocar la banda inferior, la media sanción del Presupuesto, ciertas encuestas con datos algo mejores a lo esperado, buenos números de recaudación y déficit fiscal sobrecumpliendo el acuerdo con el FMI, sumados a la victoria de Jair Bolsonaro en Brasil, entre otros, permiten un cauto optimismo.

 

Entendemos que, de consolidarse esa incipiente recuperación, pueden verse mejoras sucesivas en los precios de los activos argentinos, aun contra titulares e indicadores en su parte más crítica e, incluso, con un set de balances correspondientes al tercer trimestre que se espera frágil. Pero los datos macroeconómicos y los balances llegan con cierto retraso, y el mercado parece haber comenzado a descontar que lo peor ha pasado.

 

En el escenario bueno se esperan tres o cuatro meses más de recesión para luego comenzar un repunte y mostrar resultados interanuales, en el caso del EMAE, de 4-5% apoyados en una buena cosecha, un repunte de las exportaciones en general y una mejora de la economía brasileña que comience a traccionar la producción local. También hay expectativas por el desempeño de Vaca Muerta y la inversión que trae consigo, por nuevas inversiones en PPP y las mejoras de competitividad generadas por uno de los mejores TCRM de los últimos años. Dentro de las principales amenazas a este escenario se encuentran la tasa de interés, la inflación, una continuada inestabilidad cambiaria y la incertidumbre política de un año electoral.

 

La del 2018 ha sido la segunda mayor corrección del mercado, dada su velocidad y profundidad, de los últimos 26 años, solo superada por la de 1992. Ante esto diversas empresas lanzaron programas de recompra de acciones propias (BMA, VALO, EDN, COME, PAMP, TGS, CRES y BYMA), al considerar que el mercado estaba “priceando” a las compañías por debajo de su valor justo, lo cual permite, si se le asigna una razonable probabilidad de ocurrencia al escenario bueno, ser optimista acerca de las valuaciones actuales.

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