El G20 y nosotros

29 de noviembre, 2018

Por Julio Burdman Observatorio Electoral Consultores

 

El G20 fue creado hace diez o veinte años –según como hagamos la cuenta– para tratar de reflexionar, en forma colectiva, acerca de los problemas de la gobernanza económica mundial de fines del Siglo XX. Esto implicó una ampliación de los grupos que anteriormente discutían estos temas, como el G8 y el G7, e incorporar a países de otros continentes y que compartían diferentes problemas en el marco de la globalización.

 

Argentina, junto con Brasil y México fueron elegidos como los representantes de América Latina en este nuevo foro ampliado. En el caso particular de la Argentina su representatividad estuvo dada no por sus capacidades o su peso económico relativo, sino por su nivel de endeudamiento. Argentina como gran deudor tenía grandes interacciones con el sistema financiero internacional pero del otro lado del mostrador.

 

Esto quiere decir que nuestra presencia en el G20 no es atribuible a mérito propio sino a las circunstancias en las que vivimos la globalización. Ningún gobierno, ni los anteriores ni el actual, puede adjudicarse la presencia del G20 como un éxito de política exterior. No obstante, es entendible que el Gobierno de Mauricio Macri busque presentar la presencia de Argentina en este foro y, por sobre todo, el hecho de que a nuestro país le haya tocado ser el anfitrión de ésta importante cumbre, como un hito diplomático. Seguramente, el Presidente mostrará las fotos que tendrá con los principales líderes políticos del planeta como una muestra más de su política de “reinserción en el mundo”.

 

Este G20, sin embargo, se caracteriza por el hecho de que una importante porción de los presidentes que lo integran no creen en él. Estamos transitando una etapa de la globalización en la que muchos países dejaron de confiar en las instancias multilaterales como herramientas para de resolución de los problemas de la economía global. Fundamentalmente, Estados Unidos, cuyo presidente Donald Trump cree manifiestamente en la necesidad de poner freno a la globalización para salvar al capitalismo estadounidense y sus instituciones económicas de mercado.

 

Si el principal participante del G20 no cree en él es poco probable que este grupo produzca resultados colectivos. Pero eso no quita que en el marco de ésta reunión –que se sigue realizando porque las iniciativas como este foro no se desactivan– vaya a haber muchas novedades en el plano de los encuentros bilaterales. Los encuentros entre Trump, Merkel, Xi Jinping y Vladimir Putin van a producir, como siempre, importantes noticias en la política internacional.

 

Para Argentina va a ser particularmente importante lo que podamos lograr de éstas reuniones bilaterales. La reunión de Macri con su par chino, Xi Jinping, seguramente servirá para que el Gobierno pueda hablar del swap que está esperando anunciar para principios del año 2019. Algo similar podemos decir de los encuentros que tendrá con Emmanuel Macron (acuerdo Unión Europea-Mercosur) o con Theresa May (acercamiento entre Argentina-Reino Unido para la cuestión Atlántico Sur).

 

Otro elemento distintivo para Macri será que los otros presidentes latinoamericanos presentes en esta cumbre son mandatarios salientes que ya no generan ningún tipo de expectativa. Frente a Michel Temer o Enrique Peña Nieto, ambos presidentes que están finalizando sus mandatos en cuestión de meses, Macri emerge como el único presidente latinoamericano con interlocución. Todas astas circunstancias seguramente harán que el gobierno argentino quiera entender a ésta cumbre de Buenos Aires como un importante éxito de su política internacional.

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