El compliance salvó a Odebrecht, que quiere volver a construir en el país

21 de noviembre, 2018

Odebrecht quiere volver a construir en el país

 

El Lava Jato puso a Brasil de rodillas y sus coletazos llegaron a todos los rincones de la principal economía de América Latina. Fue una bomba que hizo implosionar un sistema corrupto, complejo e interconectado, que iba desde la política y la Justicia hasta las principales empresas del país.

 

Una de las empresas más afectadas fue Odebrecht y uno de los símbolos del Lava Jato fue la condena a Marcelo Odebrecht, entonces Nº 1 de la compañía, por casi 20 años. El que firmó el fallo fue Sergio Moro, que el próximo 1° de enero asumirá como ministro de Justicia de Jair Bolsonaro.

 

El Lava Jato puso al poderoso holding constructor ante una bifurcada y nada menos que la propia supervivencia de la empresa, creada en 1944, estaba en juego. La compañía eligió el camino de asumir sus errores, que se plasmó en el “Compromiso con Brasil”. Eso incluyó, lógicamente, pagar los costos correspondientes (no sólo en Brasil sino en más de diez países del mundo) para dejar atrás el pasado. “No es posible construir futuro sin antes reconciliarse con el pasado”, explicó Olga Pontes, Chief Compliance Officer (CCO) en un almuerzo con la prensa en el que participó El Economista. En Brasil, por ejemplo, la multa fue de 7.000 millones de reales. Y, sobre todo, decidió cambiar radicalmente sus propias prácticas internas y externas. En ese último aspecto, el compliance fue clave y el rol de Pontes, también.

 

Hoy, gracias a ese giro que tomó la empresa, las oportunidades vuelven a resurgir. Lentamente, por cierto: hoy tiene 60.000 empleados, aún lejos del pico de 200.000. Días atrás, por ejemplo, Petrobras levantó el bloqueo cautelar para que Odebrecht pueda volver a ser contratada como proveedora. “Es la confirmación de que Odebrecht está en el camino correcto hacia un nuevo ciclo de crecimiento”, celebraron desde la empresa.

 

Algunas de las acciones de compliance que adoptó Odebrecht desde 2016 son, entre otras, la decisión de darles más lugar a los consejeros independientes en los Consejos de Administración (no hay ningún miembro de la familia en el de Odebrecht SA), la creación del Consejo Permanente de Conformidad y abrir sus números ante el Ministerio Público Fiscal de Brasil y el Departamento de Justicia (DoJ) de EE.UU. Eso, incluso, redundó en reconocimientos varios para la empresa. “Hemos elegido los estándares de compliance más altos del mundo”, dice Pontes y agrega que fue más por convicción que por requerimientos porque Odebrecht es una empresa de capital cerrado.

 

Uno de los países en los que la empresa aun no firmó un acuerdo para dejar atrás el pasado es Argentina. También integran ese lote Venezuela y Angola. La voluntad de la empresa es poder volver a operar a pleno en el país (aún sigue afuera del Registro de Constructores) y desde Odebrecht creen, además, que pueden hacer un gran aporte para el crecimiento de la economía y ayudar a dinamizar los aún tímidos PPP. Antes del escándalo, llegó a tener 10.000 empleados en su nómina en Argentina y hoy son 800, que participan en algunas obras privadas en el interior del país.

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