Para bajar la tasa, hay que acelerar la reducción del déficit fiscal

Si se quiere controlar el dólar y bajar la tasa de interés hay que acelerar, ahora más que nunca, la reducción del déficit fiscal.

 

Por Jorge Colina Idesa

 

La estrategia de las autoridades económicas siempre fue explícitamente concentrarse en el déficit primario (ingresos menos gastos, sin considerar el pago de intereses) por lo que implícitamente se deduce que relega en importancia el pago de intereses. Tanto es así que a principios del 2018 se presentaba como un logro en materia económica que el déficit primario en el 2017 había bajado a 3,9% del PIB desde 4,3% en 2016. Nada se dijo en ese momento que los pagos de intereses del Tesoro habían subido desde el 1,6% del PIB en el 2016 a 2,2% del PIB en 2017. En otras palabras, se pasó por alto, o se quiso hacer pasar por alto, que el déficit total del Tesoro había subido desde 5,9% del PIB en 2016 a 6,1% del PIB en 2017.

 

A principios del 2018, el circulante de dinero en poder del público era de $750.000 millones y el monto total de Lebac de $1 billón. Es decir, el BCRA había llegado a absorber una cantidad de pesos del mercado superior al total de circulante como una forma de evitar que la monetización del déficit fiscal no alimente la inflación. Pero síiel principal pasivo remunerado del BCRA (Lebac) es superior a su principal activo no remunerado (el circulante que el público acepta) y el déficit primario del Tesoro se mantiene alto, generando presión a favor de más emisión monetaria, era previsible que se iba a tener que apelar a mayores tasas de interés para sostener en poder del público un nivel tan elevado y creciente de Lebac

 

El alto déficit fiscal más la excesiva cantidad de monedas y deudas emitidas por el BCRA fueron las condiciones propicias para que la sequía y la reversión del flujo de capitales internacionales traiga consigouna sideral crisis cambiaria con una devaluación del 100% desde principio del 2018 a la fecha. En vanos intentos por controlar la crisis cambiaria se llevó la tasa de interés a niveles exorbitantes superando el 70% anual. Así, el alto déficit fiscal terminó generando dólar muy alto e incierto y alta tasa de interés.

 

Se puede poner en duda de que la actual crisis cambiaria y la alta tasa de interés se expliquen por el déficit fiscal. De hecho, la mayoría de los países desarrollados tienen déficits fiscales casi permanentes y no tienen estas crisis cambiarias. El problema de Argentina es que su déficit fiscal es muy alto y la cantidad de moneda local que los argentinos están dispuestos a detentar es muy baja.

 

Por caso, el déficit fiscal total del Tesoro ascenderá en el 2018 a $765.00 millones o 5,5% del PIB y la deuda remunerada del BCRA que corresponde a déficit fiscales pasados ascienden a otros $800.000 millones que equivalen a 5,8% del PIB. O sea que, entre el déficit fiscal actual del Tesoro y los déficits fiscales pasados acumulados en el BCRA, hacen que el desequilibrio total del sector público nacional ascienda a más del 11% del PIB. Si uno suma, no sólo el circulante en poder del público, sino también las cuentas corrientes y las cajas de ahorro de la gente, que sería una medida más global de la cantidad de dinero que la gente mantiene, se encuentra con que esto representa apenas el 13% del PIB.

 

Es decir, a grandes rasgos, entre el Tesoro y el BCRA generan una necesidad de financiamiento que equivale al 85% del total de dinero de la gente. Tratar de monetizar este desequilibrio, aunque sea parcialmente, implica que la cantidad de dinero que se vuelca al mercado es mucha. Por lo tanto, la gente la dirige a comprar dólares o hay que subir mucho la tasa de interés para seducir a los potenciales compradores de dólares a que no lo hagan.

 

La situación es un círculo vicioso porque el dólar alto y la alta tasa de interés hacen cada vez más caros seguir tomando financiando el déficit fiscal. Por eso, si se quiere controlar el dólar y bajar la tasa de interés, a la vez, no hay que dolarizar ni subsidiar tasa de interés: hay que acelerar, ahora más que nunca, la reducción del déficit fiscal.

 

Esto se puede hacer minimizando el costo social. No hay que tocar los ingresos de la gente (jubilaciones, salarios públicos, transferencias sociales). Hay que mejorar la administración tributaria, eliminar la posibilidad de seguir generando doble cobertura en el sistema previsional y eliminar los programas nacionales que se superponen con funciones nacionales y provinciales. Todas cosas que no están en el proyecto de Presupuesto 2019.

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