Ordenar, potenciar y competir

Argentina enfrenta varios desafíos para dar el salto hacia el desarrollo: no será fácil lograrlo, pero será difícil que le vaya mal si lo hace bien

 

Por Alejandro Radonjic

 

“¿Argentina es un país fracasado y todos nosotros somos ciudadanos de un país que fracasó?”. Así inició María Esperanza Casullo su recomendable exposición en el 54° Coloquio de Idea, realizado la semana pasada en Mar del Plata. “No”, dijo, rotunda, aunque admitió, lógicamente, que es un país “con múltiples problemas y fallas”. Pero, ciertamente, con sus éxitos también. “Hay que apalancarse en lo que ya existe”, concluyó. Más que imaginar ideales, debemos hacer un inventario de lo que hay y ver, con eso, qué se puede hacer. Los riesgos de no hacerlo ya están a la vista y solo serán más graves hacia adelante.

 

Si bien sus palabras hicieron eje en los progresos sociales, institucionales y políticos, también se puede habilitar una lectura económica. Es cierto que, en esa esfera, hay pocos países (si es que hay alguno) tan erráticos, inestables y extraviados como Argentina, pero también hay potencialidades, oportunidades y activos que, con los incentivos correctos, pueden reconducirnos, quizás en no tanto tiempo, a la esquiva senda del desarrollo. Para recorrer ese camino, El Economista dialogó con varios expertos para conocer su visión y aportar algunas ideas para terminar con el pesimismo secular que recorre el país. El camino tiene tres ejes: estabilidad macroeconómica, primero; políticas productivas, luego y, por último, integración con el mundo.

 

Fase I

 

“No estamos condenados”, dice Fernando Marengo. Aunque, quizás, desorientados. O poniendo el carro delante del caballo. “Antes de pensar en cómo distribuir nos tenemos que preguntar cómo generar riqueza. La sola distribución de riqueza termina afectando la tasa de retorno a la inversión, desincentivando la misma. Sin inversión, no hay crecimiento, no se genera riqueza y no hay que distribuir”, agrega en diálogo con El Economista.

 

Crecer, crecer y seguir creciendo resulta, entonces, el Primer Mandamiento. La clave es hacerlo con equilibrio y no, como viene sucediendo, acumulando desbarajustes que lo aborten más temprano que tarde. Así lo dice Marengo: “El desafío de Argentina es lograr un período de crecimiento sostenido a mediano plazo, algo que no logró nunca en su Historia”. Sin eso, es difícil que se sume con fuerza la otra invitada imprescindible del desarrollo: la inversión privada, madre de la productividad.

 

En ese trance aparece un tema clave: el déficit fiscal. La madre del borrego. El germen de todas las crisis. El eterno recurso para “inflar” la economía. Con una economía más apalancada en el sector privado, y una mayor conciencia social sobre la importancia de las cuentas públicas ordenadas, parte del trabajo estará hecho. Allí irán saliendo de escena la inflación, el endeudamiento y las devaluaciones recurrentes. También habría un Estado menos atado para hacer política fiscal (central en el desarrollo, más allá de lo que digan los libros) y empezar a desandar la suba de la presión impositiva.

 

Fase II

 

Pero los problemas no acaban allí, como parecería. Hay una tentación a procrastinar con el crecimiento o la estabilidad. Como si el desarrollo se produjera por ósmosis. Así lo grafica Andrés López (UBA). “Cuando la macro anda mal no es momento de pensar lo productivo y cuando anda bien, ¿para qué ocuparse?”, dice. Pero, en rigor, es entonces cuando donde empieza el partido.

 

Allí aparece un tema gordo: la estructura productiva. El norte. La respuesta a la gran pregunta (sin responder aún) sobre a qué se dedicará Argentina. El sitio ocupará en las Cadenas Globales Valor del Siglo 21. Si una mala cosecha te da vuelta la economía, como ocurrió en 2018, el razonamiento es simple y el error, visible: no has diversificado. Pero, ¿qué podemos hacer (y qué no)?

 

“Desde 1976 hasta acá, Argentina ha tenido problemas para adaptarse a las nuevas configuraciones de la economía global y esto se acentúa en una época de Cadenas Globales de Valor, donde estamos lejos físicamente de los principales hubs del comercio y en una región sin una economía líder que articule cadenas. Tampoco tenemos, por suerte, salarios tan bajos como para meternos al estilo asiático”, según López.

 

Allí, dice Martín Alfie (Radar Consultora), hay margen para pensar en grande. “El principal activo de Argentina es la posibilidad de desarrollar una estructura productiva totalmente diversificada. Además del agro, que sabemos la potencialidad que tenemos, tenés minería, hidrocarburos, varios sectores industriales (que si bien no necesariamente están en la frontera, tienen capacidades, historia y empresas), servicios basados en conocimiento, pesca y acuicultura, turismo, por nombrar las principales”, dice. “El desafío es que no tenés ningún sector que sea suficiente por sí solo, cada uno tiene que jugar un rol en particular y necesita un set de políticas específicas”, dice ante El Economista. La integración regional es clave y la empiria, irrefutable. Lo hizo la Unión Europea, Norteamérica y Asia Pacífico. Allí, el comercio intrarregional es alto y denso. Primer paso. En el Mercosur, aún no. Empezar por la región puede ser un approach gradualista para maridar oportunidades y aplacar temores antes de salir hacia el mundo.

 

“Activos ha habido y hay suficientes”, dice Roberto Bouzas desde UdeSA. Más interesante aún es su reflexión posterior: “Son justamente ellos los que nos han permitido dilapidarlos construyendo una cultura política que enaltece el conflicto. No es que el conflicto no exista. Existe, pero en lugar de gestionarlo nos atrincheramos en él. Así no hay capital físico o humano que aguante”, dice, categórico. Una interesante lectura colateral a la denominada “maldición de los recursos naturales”. ¿Y si, en vez de una de las geografías más dichosas del planeta, tendríamos un desierto pobre y apático? Contrafácticos interesantes.

 

Allí, López sostiene que se deben complementar las “acciones horizontales” (impuestos, regulaciones, infraestructura y capital humano, entre otras) con las microsectoriales, “detectando oportunidades y obstáculos y generando estrategias e iniciativas de política en diálogos público-privados, algo que el Gobierno ha intentado poner en marcha”. Pero la economía no acompañó. Hoy, las empresas están viendo cómo reculan con el menor costo posible para su capital.

 

Más allá del andar errático de las últimas décadas y el temblor del 2018, dice López, no han dejado de producirse fenómenos valiosos en materia de acumulación de capacidades productivas y tecnológicas. “Los logros en el área nuclear o espacial son ejemplos notorios de esto, pero también, para ir a las décadas más recientes, están los casos de los servicios basados en conocimiento, el vino, las pick ups de Toyota, las válvulas de Basso y podríamos seguir con ejemplos tanto en el área industrial como de servicios”, sostiene. Iniciativas, hechas más “a pesar de” que “gracias a”, deben replicarse. Sin embargo, grafica López, varios de esos ejemplos son “boutique” o islas, es decir, “no mueven el amperímetro exportador, industrial ni del empleo”.

 

Algunos hubs potenciales más grandes incluso (allí aparece Vaca Muerta) tampoco implican un gran derrame social, más allá de que, en términos de exportaciones, pueda ser una nueva Pampa Húmeda. “Vaca Muerta te va a dar exportaciones y algún eslabonamiento productivo más bien local hacia atrás, pero no te va a resolver el problema del empleo en el conurbano, ni va a generar impactos significativos en materia de productividad e innovación”, dice López. Hay varios frentes abiertos, amplía, “y ninguna rama productiva te los va a resolver por sí solos”. Aun así, Vaca Muerta aparece como una gran esperanza y un logro. Es cierto, la naturaleza fue bondadosa, pero la sinergia público-privada fue clave a posteriori: apenas cuatro países del mundo (entre ellos, nosotros) extraen, hoy en día, no convencionales.

 

¿Y las políticas de Estado? Más que esperar un gran acuerdo nacional, a La Moncloa española, la clave parece ser despuntar el crecimiento, primero. Allí aparece la validación social y la oposición, sea la que fuera, se sumará a ese set de políticas. También lo graficó Andrés Malamud en el 54° Coloquio de Idea. “Necesitamos que alguien la emboque y que el que venga después lo siga”, dijo. Esa parecería ser la única Moncloa aspirable por estas tensas latitudes.

 

Los sectores empleo-intensivos, y con foco en las fases primarias de las cadenas, son clave para los conurbanos (no está solo el bonaerense) y la absorción de mano de obra con baja calificación, más allá de que no sean sexy ni aporten divisas. Algo de protección arancelaria puede ser útil temporalmente. Los riesgos de desatender esos sectores son enormes.

 

Además de los sectores productivos, Marengo suma dos más que, dice, son claves. “El sector financiero, que intermedie los excedentes de liquidez con la demanda de crédito y el la infraestructura y logística, que permita el transporte, eficiente y a bajo costo de las producciones”, suma el hombre del Estudio Arriazu.

 

Por supuesto, Marengo añade factores no estrictamente económicos pero que, a la larga (o a la corta, también), im
pactan. Menciona cuatro, más como flujo buscado que como stock incorporado: cultura y cumplimiento de la ley; ética; instituciones y gobernabilidad y educación.

 

Fase III

 

Toda esa sinergia puertas adentro es clave antes de dar el gran paso (aún no dado por el país) de salir hacia el mundo. Argentina es un país cerrado. Muy cerrado, en rigor. Argentina exporta e importa poco. Está descolgada del mundo.

 

El Gobierno, que acaba de lanzar el ambicioso Argentina Exporta (aunque sin instrumentos), lo reconoce. También lo saben en Cippec, cuyo equipo de Desarrollo Económico ha puesto su lupa allí. “A diferencia de otros países de la región, Argentina no puede basar su estrategia exportadora y de inserción internacional en un pequeño conjunto de productos vinculados a Recursos Naturales (RRNN). Necesariamente debe diversificarse más. La estrategia de desarrollo exportador debe combinar estímulos a actividades vinculadas a RRNN, generadoras de divisas y con enormes ganancias de productividad, pero baja generación de empleo y actividades industriales y de servicios que resultan más intensivas en mano de obra y son claves para potenciar la productividad”, dice Pablo Carrera Mayer, Coordinador de Desarrollo Económico de Cippec, ante El Economista.

 

“Dentro de las actividades vinculadas a RRNN, además de la tradicional producción pampeana, la riqueza hidrocarburífera y minera son oportunidades clave para expandir nuestras exportaciones, aunque se requieren precios internacionales que acompañen y generar las condiciones que promuevan hundir el elevado capital que estos emprendimientos requieren. Además, las industrias vinculadas a las llamadas ‘economías regionales’ como el vino y la fruta fresca, ofrecen oportunidad de crecer hacia productos de alto valor agregado y encadenamientos hacia atrás”, amplía Carreras Mayer y agrega, entre los industriales menos conocidos, el sector automotriz y autopartista y, entre los servicios, aquellos basados en conocimientos. Sobre estos, dice: “Los servicios basados en conocimiento han tenido un gran crecimiento durante los 2000, con sectores como software y servicios empresariales liderando. En este caso, las ventajas como el buen manejo del idioma inglés, una base de profesionales universitarios con buenas habilidades y el huso horario compartido con Estados Unidos constituyen una rica dotación de ‘elementos estructurales’ que hacen competitivo al sector internacionalmente, y dotan de una base de apoyo a una estrategia de promoción sectorial que los incluya”.

 

Una Argentina que exporte más de US$ 100.000 millones anuales es deseable en el corto plazo por sus derrames en el empleo, las ganancias de especialización y para financiar su potente demanda de dólares.

 

Conclusiones

 

Hay que ordenar la casa, primero; inventariar los activos estratégicos, después, para potenciarlos y, por último, salir a competir con inteligencia, como dice el Gobierno, con el mundo. No será fácil lograrlo, pero será difícil que le vaya mal si lo hace bien.

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