Más allá de Cristina, el PJ no logra posicionar otras mujeres para 2019

Las mujeres son una ausencia recurrente en los lugares de mayor relevancia del peronismo

 

Por Delfina Torres Cabreros 

 

La foto con que se presentó el frente peronista Alternativa Argentina, semanas atrás, parecía haber sido tomada con un cuidado extremo sobre los detalles: el gesto afable en las caras de Sergio Massa, Juan Manuel Urtubey, Miguel Angel Pichetto y Juan Schiaretti, el desorden cuidado sobre la mesa, las luces de una avenida porteña entrando a raudales por la ventana. Un solo elemento, disonante con los debates del último tiempo, parecía perturbar la imagen y colarse como la evidencia de un problema más profundo: la ausencia de mujeres.

 

Las mujeres faltaban en la mesa de la foto porque faltan en los puestos clave de la nueva alianza del PJ y porque, por fuera de algunos liderazgos fuertes y excepcionales, son una ausencia recurrente en los lugares de mayor relevancia del peronismo en general. Hasta ahora, y por fuera de Cristina Fernández de Kirchner, no hay mujeres que se hayan anotado como candidatas a disputar la presidencia en 2019.

 

La tensión dentro del movimiento peronista es evidente. El partido ha promulgado a lo largo de su historia las leyes más determinantes para la ampliación de los derechos de las mujeres –el sufragio femenino y la ley de cupos, por ejemplo–, ha sido la plataforma de donde emergieron las mujeres más relevantes de la política argentina –Eva Perón, Cristina Fernández de Kirchner– y, al mismo tiempo, no ha encontrado la forma de dar lugar para que florezcan liderazgos femeninos que ocupen regularmente lugares de decisión.

 

“Es una cuestión atávica en todos los partidos políticos. Sigue habiendo una conducta machista o de privilegio para los varones”, apunta, en diálogo con El Economista, la senadora provincial de Unidad Ciudadana María Teresa García. Destaca que la situación “se ha modificado mucho en los últimos 10 años” y aclara que Cristina Kirchner “ha propiciado permanentemente que las mujeres tomemos decisiones en lugares delicados”.

 

La mirada de algunos estudiosos de la política partidaria es muy distinta a la de la senadora. “Yo creo que Cristina Kirchner rompió con la tradición del peronismo de empoderar a las mujeres”, lanza Carolina Barry, investigadora del Conicet y la Untref que ha publicado estudios sobre la participación de las mujeres en el partido. La historiadora hace un recuento de los hitos de expansión de participación política femenina durante gobiernos peronistas para concluir que durante el gobierno de Cristina Kirchner esa tendencia se interrumpió. “No hubo políticas claras destinadas a las mujeres durante su gobierno –señala– y entonces, en ese panorama general, no me sorprende que no hayan surgido liderazgos femeninos cerca de Cristina. Tampoco masculinos. Tiene que ver con una forma de ejercer el liderazgo o del poder”.

 

El investigador Gabriel Vommaro coincide en ese punto. “En el peronismo kirchnerista había algunas mujeres importantes dentro del esquema de poder –dice–: Juliana Di Tullio, Diana Conti, Verónica Magario, Nilda Garré, pero como casos excepcionales insertos en una fuerza en la que hay un liderazgo único que eclipsa todo el resto. Con lo cual, el estilo de conducción más que el género es lo que pesa ahí para apagar cualquier posibilidad de aparición de un líder alternativo”.

 

Para la socióloga Luisina Perelmiter, autora de “Burocracia plebeya: la trastienda de la asistencia social en el Estado argentino” (Unsam Edita), también juega en contra que el perfil de las mujeres en el peronismo haya estado siempre ligado al modelo de Eva Perón. “Supone un lugar de acompañamiento más ligado a la acción social, que dificulta el ejercicio pleno de un liderazgo”, señala.

 

De todos modos, Vommaro, que es uno de los mayores estudiosos del PRO, considera que el rol subordinado de las mujeres en la política no es un problema exclusivo del peronismo, sino una situación generalizada de la que sólo podrían encontrarse excepciones en armados minoritarios como la izquierda trotskista.

 

“En el PRO el rol de la mujer también es bastante secundario porque funcionan como complemento de un hombre al que ‘suavizan’ con su sensibilidad y cercanía”, apunta. Es la fórmula que el asesor Jaime Durán Barba le impuso desde las elecciones de 2007, en la que Mauricio Macri se presentó secundado por Gabriela Michetti (luego en 2011 lo acompañó María Eugenia Vidal y en 2015 nuevamente Michetti). “Hay una especie de alquimia de laboratorio respecto del rol de la mujer –resume Vommaro–, no una visión orgánica de que las mujeres tengan un rol preponderante dentro del partido y sus candidaturas sean consecuencia de eso”.

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