Los desafíos de una profesión en constante evolución

Mañana, se celebra el Día del Psicólogo en Argentina

Por Sofía Alvarez Beroqui

 

Un 13 de octubre, hace 44 años, se realizaba en Córdoba el Primer Encuentro Nacional de Psicólogos y Estudiantes de Psicología convocado por la Confederación de Psicólogos de la República Argentina. Se conmemora mañana ese camino iniciado en 1974 para legitimar esa práctica profesional, que hoy constituye una de las principales en nuestro país.

 

Una de cada diez personas convive con síntomas de depresión o ansiedad y en contexto críticos, como el actual, esa cifra aumenta a una cada cinco. Según estima la Universidad de Buenos Aires (UBA), ya en el 2015 se registraron más de 98.000 psicólogos activos, lo que sitúa a Argentina como el país con mayor cantidad de profesionales de la salud mental por habitante del mundo.

 

Incluso hay una zona dentro del barrio porteño de Palermo que se ha ganado la denominación informal de Villa Freud o Palermo Sensible, debido a la cantidad de consultorios psicológicos que nuclea en sus alrededores. Ubicada en las inmediaciones de Plaza Güemes, esta zona fue el centro de un importante movimiento cultural desde 1960.

 

Años antes de que se formalizara la psicología como carrera universitaria, en Argentina ya había intelectuales como José Ingenieros y José María Ramos Mejía que analizaban problemas psicológicos con las herramientas de la época. Luego surgieron grandes referentes nacionales como Enrique Pichon-Rivière, Eva Giberti y Oscar Masotta que consolidaron el estudio psicológico. Hoy la formación ya tiene más de sesenta años y sus cifras continúan en aumento.

 

Tal como indican los datos de la Secretaría de Políticas Universitarias, desde 2012 la carrera de Psicología se encuentra entre las cinco principales a nivel nacional, con más de 21.000 ingresantes en 2015. Y, en 2018, entre 90 carreras que ofrece la UBA, Psicología fue la segunda en cantidad de inscriptos. Las mujeres son mayoría: 84%.

 

Alfredo Smith, presidente de la Asociación de Psicólogos de Buenos Aires (APBA), explica la demanda existente, en diálogo con El Economista: “Debido a la estructuración social de nuestro país la psicología se fue naturalizando, los sectores medios suelen preocuparse por su situación psíquica. Es una característica nacional, en todo el país hay desarrollo y colegios de psicólogos. La inclinación general de la profesión sigue siendo la clínica. El 98% de los colegas se dedican a la terapia individual, y dentro de eso la corriente psicoanalítica es casi del 50%”.

 

La pregnancia del psicoanálisis en la sociedad argentina, en contraposición con otras ramas, es un aspecto que llama la atención desde otros países. Algunos estudiosos sostienen que su difusión se popularizó tras la caída de Juan D. Perón en 1955. Sobre la disciplina abierta por Sigmund Freud, Claudia Borensztejn, presidenta de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA), resalta: “No sólo permite analizar temas sociales, sino que también se dedica a lo personal en un nivel muy íntimo, lo que requiere mucha preparación profesional y capacitación. Es una práctica de la libertad y el respeto por el otro”. No casualmente Buenos Aires suele tildarse como la “capital mundial del psicoanálisis”.

 

Manuel Tomé, psicólogo clínico y vicepresidente de la Asociación Argentina de Trastornos de Ansiedad (AATA), observa que en el último tiempo la mirada de las personas hacia la psicología se ha modificado y de forma positiva: “Este cambio cultural ha permitido descategorizar lo psicológico sujeto a representaciones que lo igualaban a la locura. La diferencia en el rótulo social, sumado a los problemas de la sociedad moderna vinculados al estrés, fobias, adicciones, trastornos del ánimo, del sueño, y complejidad de las relaciones humanas, explica que la búsqueda de ayuda psicológica resulte cada vez más frecuente. Para sentirse plena, una persona debe tener tanto salud física como mental”.

 

Así como la visión de la profesión ha evolucionado, también lo ha hecho su ejercicio. Tomé señala que si bien el modo en el que se desarrolla un tratamiento esencialmente no ha cambiado, sí se ha modificado su inclusión en distintos ámbitos y la frecuencia de las sesiones: “La llegada del equipo de salud mental a los hospitales ha obligado a salir de la comodidad de los consultorios privados para adaptarse a las posibilidades. Lo más frecuente es que las sesiones se realicen una vez por semana, entre otros factores, por un tema económico”.

 

Los costos son elevados, según los aranceles vigentes del Colegio de Psicólogos de la Provincia de Buenos Aires, una sesión individual puede costar entre $500 y $1.000, aunque pueden llegar hasta cuatro veces más arriba del otro lado de la General Paz. A la vez, un psicodiagnóstico u orientación vocacional está entre los $3.000 o $4.000.

 

Por otro lado, Borensztejn agrega que los pacientes son más exigentes, lo que obliga a ser más efectivos: “Ante problemas y angustias concretas, se espera del analista una ayuda eficiente, por lo que hay una interrelación mucho más activa con el paciente. La práctica se ha vuelto más flexible y conectada con lo social. El futuro incluye otras problemáticas, nuevas familias y concepciones, además de las tecnologías. El compromiso es pensar y ayudar a las personas en las situaciones sociales que se presenten y en las demandas que surjan”.

 

Smith cree que el gran desafío de la profesión reside en la cuestión laboral, no porque falten campos de trabajo, sino más bien por las condiciones necesarias para que el joven profesional pueda expandirse: “Hay un amplio terreno de trabajo en cuestiones de índole social que podrían significar una plena ocupación, nunca sobran profesionales. El punto es lograr la distribución y retribución adecuada”.

 

Tomé confía en que surjan nuevas ideas que den cuenta de lo complejo del ser humano, descubriendo herramientas que permitan ayudar de manera más adecuada y exitosa a los pacientes: “Espero que este cambio importante que ha iniciado en relación a la psicología continúe consolidándose, situándola como lo que intenta ser: una ciencia”.

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