Las enseñanzas que deja el Programa Empalme

La iniciativa lanzada en mayo de 2017 por Mauricio Macri, que en la teoría tenía lógica, no tuvo éxito en la práctica. ¿Qué pasó?

 

Por Jorge Colina Economista de Idesa

 

El Programa Empalme, lanzado en mayo de 2017 por el Presidente, tiene como objetivo incorporar a beneficiarios de planes sociales en el empleo asalariado formal a través del incentivo a las empresas a considerar durante dos años el monto del plan social como parte del salario. Una idea, que en la teoría tiene lógica, en la práctica no tuvo éxito. ¿Qué pasó? El diseño incorporó muchas exigencias que no se condicen con la realidad de las empresas ni con la de los beneficiarios de planes sociales.

 

Para incorporar beneficiarios de planes sociales, las empresas deben hacerlo con contrato por tiempo indeterminado bajo la Ley de Contrato de Trabajo, debe cumplir con los valores que se fijan los convenios colectivos y, en caso de contratación part-time, el monto del subsidio se proporciona. Además la empresa debe incrementar su dotación respecto a diciembre de 2016 y mantener esta situación durante los 24 meses que dura el subsidio. Si se produce una reducción tienen dos meses de plazo para incorporar nuevos empleados sino, de lo contrario, pierden el subsidio.

 

Como se ve, el programa es muy exigente para la empresa. Con lo cual, para que sea atractivo el subsidio debe ser importante o los beneficiarios de los planes sociales altamente valorados por los empleadores. El subsidio de los planes sociales es de aproximadamente $4.000 mientras que los salarios de convenio fijan salarios mínimos bastante por encima del Salario Mínimo Vital y Móvil, que se ubica en los $10.000 y que, más contribuciones patronales a la seguridad social y a los sindicatos, se hacen unos $13.000 aproximadamente. O sea, el incentivo es inferior al 30% del salario que la empresa debe pagar. No es mucho.

 

Habría que ver cuan valorados pueden ser los beneficiarios de los planes sociales para los empleadores. Si bien no hay datos públicos sobre los perfiles laborales de estas personas, lo cierto es que si están en esos planes es porque tienen déficit de empleabilidad; déficit que pueden venir de los bajos niveles de educación –secundaria incompleta o inferior–, bajas calificaciones o nula experiencia laboral y/o limitaciones socioemocionales para desempeñarse en puestos de trabajo formales (habilidades blandas). Esto definitivamente produce una inconsistencia entre las altas exigencias a las empresas, el bajo nivel del incentivo y los déficit de empleabilidad de los beneficiarios.

 

De todas formas, el Programa Empalme brinda una valiosa lección y es priorizar los objetivos. Si se quiere dar empleabilidad a los beneficiarios a través de la inserción en empresas formales, hay que hacer mucha más atractiva para la empresa la contratación. Aquí se pueden hacer muchas cosas. Por ejemplo, permitir el trabajo part-time sin proporcionar el subsidio para que sea más atractivo el incentivo y además para facilitarle la inserción laboral al beneficiario ya que no todos están dispuestos o pueden trabajar full-time, en especial, mujeres con hijos y jóvenes. Otra opción es crear una figura contractual no laboral que sea del tipo aprendiz que abone una reconocimiento monetario no contributivo (sin cargas sociales) y sin indemnización por despido que son los dos costos laborales que más temores generan en los departamentos de recursos humanos de las empresas. Otra opción complementaria sería que en la determinación del reconocimiento monetario se respete al Salario Mínimo Vital y Móvil y no el del convenio colectivo, que es mucho más alto.

 

Ciertamente que muchos críticos señalarían de que estas propuesta implican una precarización de las condiciones laborales para los beneficiarios de planes sociales. La equivocación en la que incurre esta crítica es dar por supuesto que los beneficiarios de planes sociales pueden acceder al empleo bajo las muy exigentes condiciones que fijan la Ley de Contrato de Trabajo, cosa que – con el fracaso del Programa Empalme– quedó demostrado que es falso. Generar estas condiciones propuestas, lejos de precarizar, es adaptar las condiciones legales a la vulnerable situación del beneficiario del plan social para generar una acercamiento con los potenciales, no dadores de empleos, sino dadores de una oportunidad de empezar a aprender a trabajar en el mundo laboral formal.

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