La puerta giratoria

Si no logramos generar dólares comerciales seguimos en la puerta giratoria: creemos que salimos pero estamos entrando

Imparable: tras el acuerdo con el FMI, el dólar sigue escalando y ya toca los $42

 

Por Carlos Leyba 

 

Federico Pinedo puso plazos. En el programa “A dos voces” informó que el actual concepto de “estabilización” es estabilizar el dólar, con fluctuaciones pequeñas, y que si en los próximos quince días ese objetivo de un dólar no volátil se mantiene, entonces –con la mejora en la expectativas– dos meses después, eso dijo, bajará notablemente la inflación y de suyo las tasas de interés.

 

Dante Sica, el ministro de Producción y Trabajo, sostuvo que ahora las “las tasas de interés tienen niveles incompatibles con la producción” y si combinamos este diagnóstico con el pronóstico de Pinedo, entonces, nos esperan aproximadamente tres meses –octubre, noviembre, diciembre– durísimos.

 

Todos los voceros oficiales son menos optimistas que Pinedo y no se ponen plazos.

 

Los plazos de Pinedo, además, son límites. Si en las próximas dos semanas, dice, el dólar no “se estabiliza”, entonces, habrá problemas con la tasa de inflación y las tasas de interés. Quince días para el primer test.

 

Hasta ahora las herramientas asociadas a la “estabilización” del dólar han sido la mecánica de crecimiento cero de la base monetaria y colocación de Leliq para “secar la plaza” asegurando tasas de interés “incompatibles con la producción”. Un descuento de cheques a 50 días, hoy, se realiza a 85%. Mas bien, no se realiza y supone, lo más probable, un eslabón roto en la cadena de pagos.

 

Por eso las tasas son incompatibles, no con la producción, sino con la actividad.

 

Si en quince días el dólar se “estabiliza”, entonces, Pinedo dixit, pasamos a la estabilización de los precios, primero un descenso de la tasa mensual de interés (hasta ahora venimos en ascensos continuados) que implicaría una inversión de la tendencia a la aceleración.

 

Ingresados en ese territorio (dólar estable, inflación descendente) podríamos imaginar estar saliendo de la “ola” (esa fue la imagen de Pinedo) para, imagino, tocar tierra firme y pensar en crecer y ahí, otra vez Pinedo, puestos a crecer ingresaríamos en diálogos para crecer. Nada de diálogos para “salir de la ola” en la que estamos.

 

La imagen de la ola de Pinedo es más apropiada que la de la tormenta que usó su inmediato sucesor en la Presidencia, Mauricio Macri.

 

La tormenta viene de afuera y no se pelea contra ella, a lo sumo uno se guarece y espera que escampe. Es algo ajeno en lo que no tengo nada que ver ni que hacer.

 

Lo de la ola es más apropiado. Uno se tira al mar y se revuelca en la ola con más o menos habilidad.

 

Los gestos de Federico, mientras hablaba, no eran del joven aguerrido que hace surf sino del tipo angustiado que bracea para salir a flote. Ese tipo sabe que no hay tiempo infinito y que el salir o no depende del esfuerzo y la habilidad. No hay más grupos de rescate.

 

Para salir de la furia de la ola hay quince días y, para llegar a una playa razonable, dos meses más.

 

Puede que Pinedo sea un gran optimista. Pero suena a que, tal vez con un poco de exagerado pesimismo de mi parte, la gente política del PRO –los racionales y perdonables del PRO– le abren un crédito de tres meses a las señales más o menos consistentes de éxito de este programa.

 

Es que los perdonables y racionales del PRO, saben (por ejemplo María Eugenia) que un deterioro mayor de la economía real que el que ya está ocurriendo no es administrable por un tiempo infinito.

 

Para administrar un proceso de deterioro económico y social en los próximos tres meses tal vez haya capacidad política y financiera. Pero si en esas horas, y no muchas más, no comienzan los signos de mejora en las variables nominales (dólar estable e inflación bajando) no hay moneda de pago disponible para pagar el combustible de la continuidad. Es decir habría que volver a barajar otro programa porque este, el de las tasas que impiden la producción y el de la expansión monetaria cero, no habría tenido resultado y, lo que es peor, habría perdido sentido (dólar volátil e inflación en continuidad).

 

En el ínterin, es decir, durante esos quince días más dos meses largos, el BCRA continuará manteniendo el pedal de Leliq a la tasa de 70% anual. Es decir, suponiendo que los resultados buscados (dólar e inflación) están encaminados, que sería la buena noticia, hará su aparición en escena el “fantasma de las Lebac” disfrazado de Leliq pero con las mismas mañas, lo que sin duda (lo ponga como lo ponga) es una pésima noticia en sí misma.

 

¿Cómo se habrá de digerir esa masa imposible de más de $700.000 millones creciendo al 70% anual? ¿O si la política tiene éxito creciendo al 40% anual? ¿Cómo? Las Lebac se llevaron puestos a Federico Sturzeneger y a Luis Caputo. Usted me dirá que eso pasó porque uno practicaba el ensayo de metas de inflación en el escenario equivocado o porque el otro practicaba la estrategia del hombre de la mesa, lo que quiera, pero lo único que tenían en común es que no imaginaban otro instrumento que la tasa de interés para doblegar el apetito por los verdes. Pero los que están ahora cortan el agua unos kilómetros antes, no emiten, pero suben la tasa de interés y multiplican los pasivos del BCRA convencidos de que un milagro los hará desaparecer.

 

Llegados aquí, ¿qué nos queda al final del día? Estamos en la ola, tenemos en total tres meses para salir. Si salimos nos cargarán el fardo de las Leliq y, de eso no hay duda, como las tasas de interés son incompatibles con la producción, tendremos menos producción y más necesidades que atender presupuestariamente como consecuencia del desempleo que no puede no aumentar y de la pobreza que aumentará como bien lo ha pronosticado el Presidente.

 

El desempleo y la pobreza, en términos occidentales, implican, sí o sí, más reparto de recursos públicos (gasto público) o (Dios no lo permita) más recursos fuertes para poner orden.

 

Difícil de entender, entonces, porque habría de bajar el gasto público si el gasto social o el de emergencia, a consecuencia de la parálisis económica, para mantener el orden social debería aumentar.

 

Los plazos que fijó Pinedo son razonables. Nada se puede deteriorar trágicamente en tres meses. Y si la aparición de expectativas favorables madurara en ese plazo, entonces, sería imaginable un escenario menos complejo.

 

Pero el optimismo de Pinedo no lo comparten los dirigentes oficialistas que suponen muchos meses más para que el remedio tenga resultados. Claro que ellos tampoco ignoran que el remedio puede que arregle, por ejemplo, la calvicie, pero queme el cuero cabelludo para siempre. Digamos el remedio peor que la enfermedad. Es lo que advierte Sica: incompatible con la producción.

 

Para el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, el mismo de los brotes verdes marchitados antes de nacer, el programa de él, Guido Sandleris y el FMI (moneda cero, déficit cero y actividad real menos que cero), “necesita al menos cuatro años más para consolidarse”.

 

De acuerdo con el diccionario la RAE consolidar es dar firmeza y solidez, o bien convertir algo en definitivo y estable, o finalmente, juntar algo quebrado.

 

Las primeras declaraciones posteriores a la firma del acuerdo con el FMI señalaron justamente que se trataba de “juntar” las partes separadas (quebradas) de la política macro clásica que nos habían gobernado desde los primeros días PRO. La pata fiscal a ritmo diverso de la monetarias. Antes de este acuerdo con el FMI, la política fiscal y la monetaria seguían caminos divergentes. Un tiempo de Presupuesto expansivo (“desarrollista”) y moneda restringida vía tasa de interés. Y otro tiempo de restricción fiscal, y en la práctica crecimiento de la Base Monetaria a alta velocidad. Lo gráficó Miguel Angel Broda con el aire acondicionado prendido a frío y calor al mismo tiempo. Como era de esperar, resultados nulos.

 

Para Dujovne, ahora el programa aspira a “juntar algo quebrado”, consolidar en cero moneda y cero déficit primario. Al menos, en los primeros días, esta parte parece estar en marcha. Es decir esa “consolidación” ya empezó. Si no hay resultados no será la culpa del comando diversificado. Ahora es un comando unido y con la misma visión y bandera, simple, cero.

 

Para el Ministro este cóctel es recesivo, lo anuncia y lo proclama. No lo trata de evitar. Aunque su colega de la Producción le diga que Fisco y moneda van para el mismo lado, pero ese lado es incompatible con la producción. La respuesta de Dujovne es “sí recesión”.

 

Recesión es capacidad ociosa y desempleo. Es decir desperdicio de recursos. Pregunta. ¿No es que no debemos consumir más que lo que producimos? Y entonces, ¿por qué razón es bueno que no produzcamos? ¿Por qué una política incompatible con la producción?

 

Vamos a la otra definición de consolidación. Cuando Dujovne habla de consolidación de este programa debe estar pensando en “convertir algo (este programa) en definitivo y estable”. Un programa definitivo es uno “para siempre”. Déficit cero y moneda cero para siempre. Equilibrio fiscal y estancamiento monetario. ¿Puede ese programa ser “estable”? ¿Y cómo hacerlo definitivo? Eso es política y consenso. Lo que no se ve demasiado probable. ¿Qué es lo que quiere consolidar? No hay duda de que este no es un programa de crecimiento de la economía, ni de desarrollo de la sociedad y es difícil que se pueda formar un consenso que dé estabilidad, para un programa que no contempla ni crecer ni desarrollar, que suena igual pero no es lo mismo.

 

Finalmente, consolidar, para RAE es dar firmeza y solidez. No puede ser firme algo que se asienta sobre un terreno tan frágil que es el del crecimiento de la pobreza o la recesión por mucho tiempo. No estamos frente a algo sólido.

 

Este es un programa de sólo un objetivo. Estabilizar el dólar asociado a bajar la inflación.

 

En el camino, queriendo o no queriendo, la tentación del carry trade y el ancla inflacionaria, están a la puerta y seguimos en el desvío de la única ruta razonable.

 

Si no hay un programa en serio para lograr los dólares vía la balanza comercial seguimos en la puerta giratoria: creemos que salimos pero estamos entrando

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