Jair Bolsonaro y el futuro del Mercosur

Tanto en las políticas para el mercado interno como en las vinculadas con el comercio exterior, Brasil salta hacia lo desconocido

 

Por Héctor Rubini Instituto de Investigación en Ciencias Económicas de la USAL

 

El triunfo de Bolsonaro ha sido de una magnitud tal que pulverizó las expectativas de un triunfo de Fernando Haddad en el balotaje del próximo 28 de octubre. Sin un cisne negro de ahora hasta entonces, tanto las encuestadoras como los medios de prensa brasileños esperan casi unánimemente que Bolsonaro triunfe en esa instancia.

 

La dinámica de la región, y en particular del Mercosur, podría verse sujeta a más cambios en caso de un triunfo de Bolsonaro que en el de una hipotética victoria de Haddad. El PT siempre ha privilegiado el sostenimiento del bloque como un polo de poder político y armonización de estrategias económicas, pero sin ceder a su rol fáctico de jugador dominante en la región. El bloque encajaba en el armado de la globalización de los ’90 bajo la forma de regionalismo abierto en materia comercial. El arancel común, aun con no pocas “perforaciones”, se mantiene, a pesar de la falta de coordinación de las políticas macroeconómicas y una real armonización de las relativas a la movilidad de capitales y factores. A su vez, la incorporación de Venezuela y Bolivia no ha contribuido a profundizar la integración.

 

En los últimos dos años y medio los reales progresos en materia de integración han brillado por su escasez. No poca controversia ha generado la decisión, hasta ahora, de mantener a Venezuela en el bloque mientras que los miembros iniciales del Mercosur no parecen haber coordinado criterios ni políticas, más allá del acuerdo automotriz entre Argentina y Brasil.

 

Este tipo de cuestiones, aparentemente alejadas de la coyuntura, podrían volver al centro de los debates a partir de la cumbre del próximo jueves, en que los vicecancilleres del Mercosur recibirán a Qin Gang, viceministro de Relaciones Exteriores de la República Popular China. A nadie escapa el fuerte interés de Uruguay de cerrar un tratado de libre comercio con el país asiático. Rechazada dicha propuesta por el resto del bloque, el Gobierno uruguayo apunta al menos a un amplio acuerdo entre el Mercosur con China. Algo que no será fácil de alcanzar, dado que Paraguay sigue manteniendo relaciones diplomáticas con Taiwán, y no con China. Si bien no se descarta algún tipo de acuerdo, no será ni por asomo un tratado de libre comercio con el bloque.

 

Dichos acuerdos probablemente sufran cambios sustanciales si gana Bolsonaro, pero su pensamiento real es por demás confuso. En la campaña ha circulado un documento en el que sostiene que los países más abiertos son los más ricos, y se manifiesta a favor de la reducción de aranceles y barreras no arancelarias. Pero no pocas de sus declaraciones periodísticas y en redes sociales sugieren un ideario proteccionista y Mercosur escéptico: que el bloque no tiene “nada” para ofrecer al resto del mundo, que Brasil no tiene ninguna obligación de tener buenas relaciones con sus vecinos, no se manifestó en contra a las barreras al comercio exterior aplicadas por Dilma Rousseff entre 2008 y 2012 y, por si fuera poco, que es conveniente “menos Mercosur y más acuerdos bilaterales”.

 

Si a esto se suma su expresa admiración por Donald Trump, es claro que su política de comercio exterior se orientará a una adaptación hacia el comercio de bilateralismo selectivo que hoy practica Wasington. En ese escenario global que la Casa Blanca trata de extender a cada vez más socios comerciales, la dinámica responde a imponer restricciones y amenazas con controlar los términos de negociación.

 

Esa serie de acuerdos bilaterales llegará, tarde o temprano, a esta región, pero difícilmente Bolsonaro subordine sus prioridades a los acuerdos de Mercosur. En todo caso lo más factible sería impulsar alguna forma de nuevo Mercosur, quizás retrocediendo a un mero set de acuerdos sobre preferencias arancelarias específicas y no mucho más. Puede que sí, puede que no. Se trata de alguien que en su campaña afirmó que promovería el abandono de su membresía de la Organización de las Naciones Unidas. Con Bolsonaro, todo es posible.

 

Como es de esperar, tanto las automotrices, como otros sectores manufactureros de la región están en alerta amarilla (al menos) frente al potencial triunfo de Bolsonaro. La cumbre de Montevideo poco podrá avanzar, dado que el balotaje Brasil se celebrará el domingo siguiente. Gane quien gane, el bloque entrará en una impasse hasta que asuma el nuevo presidente brasileño en enero próximo.

 

Lo que siga dependerá de la conformación de su equipo de Gobierno. En el caso de Haddad no se esperan cambios pero, en el caso del favorito, rápidamente se vienen observando acercamientos a economistas liberales del sector privado. Si bien Paulo Guedes (posible nuevo ministro de Economía) siempre estuvo a favor de mantener en la conducción del Banco Central de Brasil a su actual titular, Ilan Goldfajn, este ya anunció que abandonará el cargo si gana Bolsonaro. Además, no se observa una efectiva integración ni diálogo profundo entre los cuadros políticos y los potenciales conductores de la política económica del candidato. Y si estos son ejecutivos del sector privado sin conocimiento ni expertise en el Estado, los cortocircuitos y problemas de coordinación podrían aparecer antes de lo esperado.

 

En definitiva, tanto en las políticas para el mercado interno como con relación al comercio exterior, Brasil está en la antesala de una etapa de cambio que hasta ahora asoma como una suerte de salto hacia lo desconocido.

Te puede interesar

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *