El peronismo trabaja para Macri y Cristina

Macri es líder del espacio que gobierna frente a una oposición fragmentada y Cristina es la única referente opositora que conserva su espacio y tiene un apoyo consistente

 

Ayer, Felipe Solá, Facundo Moyano y Daniel Arroyo formalizaron su alejamiento del Frente Renovador, algo que, en la práctica, se había producido ya hace un tiempo. De esa manera, las divisiones y realineamientos siguen siendo una constante en el mundo peronista. Y el costo lo pagan tanto los dirigentes que pierden apoyo –en este caso Sergio Massa – como aquellos que reiteradamente abandonan los espacios que ocupaban mostrando volatilidad e inconsistencia – en este caso, Solá–.

 

En este contexto, se fortalecen electoralmente Mauricio Macri como líder del espacio que gobierna frente a una oposición fragmentada y Cristina Kirchner como única referente opositora que conserva su espacio y tiene una base de apoyo social consistente. Ambos se sienten cómodos con ese escenario de confrontación de dos modelos: Cristina porque monopoliza la oposición y Macri porque cree que es la candidata más fácil de enfrentar.

 

La celebración del 17 de octubre, con su multiplicidad de actos, mostró la fragmentación peronista en su apogeo, aunque la base electoral se mantiene más firme que aquellos que buscan representarla.

 

Esto es particularmente evidente en el caso del GBA, un territorio clave para cualquiera que quiera llegar a la Casa Rosada, y más aún si es peronista, porque en esa región debe obtener una ventaja suficiente que le permita compensar la derrota en otras.

 

Y en ese territorio, el escenario es binario en términos políticos: Macri o Cristina. Hay sectores, que aún con críticas, siguen apoyando la necesidad de un cambio y otros, que aún críticas, consideran que con Cristina estaban mejor. Si se repitiesen resultados similares a los de 2017 en el GBA (lo que es probable dado que la experiencia argentina enseña que los cambios en las conductas de los votantes son lentos), en el medio quedaría poco lugar, apenas el 20% del electorado, para distribuir entre peronistas no K, la izquierda y una eventual oferta del progresismo.

 

Los militantes de Cambiemos que salen a timbrear en el conurbano siempre señalan que allí nadie pregunta por Urtubey, Massa o Pichetto. El peronismo no K puede ser fuerte en varias provincias y retener los gobiernos que hoy tiene, e incluso, puede sumar algunos, pero no puede ser competitivo a nivel nacional sin un buen caudal en las secciones electorales primera y tercera de Buenos Aires. Y allí el peronismo entra, casi exclusivamente, de la mano de Cristina. No hay espacio para un utópico kirchnerismo sin Kirchner como el que aspira a representar Solá.

 

También Jaime Durán Barba sostiene que el escenario es binario como se los hizo saber a los intendentes bonaerenses de Cambiemos a los cuales aleccionó el viernes pasado en Vicente López. En esa ocasión, sostuvo que en 2019 habrá que enfrentar “a un adversario popular” y que “despierta fanatismo en una parte de sus seguidores”.

 

Pero, según Durán Barba, Cambiemos está en mejores condiciones para enfrentar las elecciones que en 2013 y destacó que “si trabajamos sensatamente, vamos a ganar”.

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