“El balance de los primeros tres años de Cambiemos es negativo”

El Economista dialogó con Martín González Eiras sobre las Macrinomics

 

Entrevista a Martín González Eiras Universidad de Copenhague

 

El Economista dialogó con Martín González Eiras, PhD en Economía del MIT y actualmente profesor de Economía de la Universidad de Copenhague en Dinamarca, sobre los primeros 3 años de la era Cambiemos y las perspectivas que se abren tras la aprobación, por parte del FMI, del Stand By 2.0, el viernes pasado.

 

Están prontos a cumplirse los primeros 3 años de Cambiemos en el poder. Neteado de todos los atenuantes, tanto globales como locales y las expectativas, propias y ajenas, ¿qué balance acumulado hace hasta el momento?

El balance es negativo. El Gobierno cometió serios errores de diagnóstico y se ató las manos aduciendo que no era socialmente posible realizar el ajuste a mayor velocidad. Cuando (Mauricio) Macri asume, la Reserva Federal empezó a aumentar la tasa de interés y era esperable un sendero de aumentos. A su vez Cristina Kirchner le deja el Gobierno con la transferencia de recursos a las provincias por aproximadamente 2,5 puntos del PIB. A pesar de estas dos realidades, el Gobierno durante su primer año, aumentó el gasto público, universalizando la AUH y aumentando jubilaciones. En mi opinión, eran medidas para tomar cuando la situación fiscal lo permitiese, no con un déficit de 6 o 7 puntos del PIB. A tres años de Gobierno estamos con más inflación, más desempleo, más pobreza y menos ingresos per cápita que en el último año de Cristina Kirchner. Es cierto que los desajustes macroeconómicos que había hoy son menores, en particular en tarifas, pero la contracara es que la deuda externa creció exponencialmente al punto de ser un factor de inestabilidad.

 

Pasemos a la candente actualidad y la crisis que atraviesa Argentina. ¿Cuál es su visión sobre el gatillo del cierre de los mercados y la corrida contra el peso? ¿Fue el famoso 28-D, el gradualismo fiscal, el agotamiento del waiver que los mercados le dieron a Mauricio Macri en 2016-2017 para que haga algo, el impuesto a la renta financiera (con eje en Lebac) y/o una combinación de todas?

Todos los factores tuvieron importancia en gatillar la crisis. Pero el más importante fue el 28D, que tuvo lugar una semana después de la reforma tributaria en EE.UU., que implicaba una aceleración en la suba de tasas de interés para balancear la política fiscal más laxa. En lugar de dar señales para mantener o ganar confianza de los mercados, el Gobierno decidió dinamitar la independencia del BCRA, algo que, en realidad, ocurrió unos días más tarde cuando la entidad bajó las tasas de interés antes que la inflación convergiera a las nuevas metas del 15%. Si el ajuste fiscal hubiera sido más acelerado, sin dejar de ser gradualista, probablemente no hubiéramos estado en la primera fila de países afectados por crisis de confianza de 2018.

 

Hacia adelante, algunos hablan de espiralización de la inflación ante una demanda de dinero que no se recuperará, otros de una bola cuasifiscal indetenible por la masa de Leliq (por los intereses que devenga), otros de una gran recesión intolerable. ¿Qué riesgo le parece más peligroso para el plan en curso?

El riesgo más serio para el plan en curso es político. Imaginemos que el peronismo no kirchnerista se une bajo una candidatura y presenta un programa que contemple la renegociación de la deuda pública emitida durante los últimos cuatro años, y la renegociación de los acuerdos con el FMI. Algunos comentarios al respecto ya han sido realizados. En ese caso, y aunque el resto del programa económico sea racional y atractivo para votantes argentinos, la perspectiva de otro barajar y dar de nuevo espantaría a los mercados y habría una nueva corrida contra el peso. El BCRA tendría pocos recursos para enfrentar esta corrida si el dólar perfora el techo superior de la banda de no intervención. Se generarían serias dudas sobre la capacidad, y compromiso, del Gobierno para honrar su deuda. En ese escenario es improbable que el BCRA y el Tesoro puedan, o quieran, mantener una política de cero emisión.

 

¿Hay margen para un escenario optimista que, aun con una recesión grande o tasas altas por un buen rato, nos conduzca a un escenario más positivo?

Sí, por supuesto. El mayor activo del Gobierno es que Cristina Kirchner tiene incentivos para presentarse como candidata en las elecciones de 2019. De no hacerlo, y dar un paso al costado para facilitar que otro peronista gane, se expone a que el próximo oficialismo la desplace de su bastión de poder: el conurbano bonaerense. Y si pierde su base territorial se arriesga a no poder renovar su banca de senadora en 2023 y perder así los fueros que la mantienen, por ahora, fuera de la cárcel. Macri sabe que en un balotaje contra Cristina gana, aunque los votantes sientan que están optando entre dos males. Si el Gobierno logra entrar en este balotaje tendrá otros cuatro años para hacer las reformas que debería haber empezado en 2015, y que son necesarias para que el país vuelva a crecer. Más vale tarde que nunca.

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