Economistas piden no cantar victoria todavía y recién ven rebote hacia el 2º T de 2019

Opinan Vauthier, Lorenzo, Carugati, Alfie y Caamaño Gómez

 

Por Alejandro Radonjic 

 

Una golondrina no hace verano, y parece que tampoco varias semanas de cierta pax cambiaria. Los motivos para la cautela son más que atendibles: nunca se sabe cuando terminan las crisis. Y la calma cambiaria de agosto, que precedió a la corrida de septiembre, todavía sigue fresca. Hay que tener cuidado con los amagos. Aun así, la pregunta sobre si la crisis pegó la vuelta es oportuna. Además de la media sanción del Presupuesto 2019 (que vale más porque pasó por la cámara más exigente) y la aceleración de los desembolsos provenientes desde Washington, y la propia pax cambiaria reciente, los números, tanto fiscales como externos, están corrigiéndose velozmente.

 

El cóctel del 2018 ha sido muy duro. Tanto el problema como las soluciones tendientes a remediarlo. Así, la crisis va pasando por diversas fases secuenciales. “La aceleración de la inflación y la salida de capitales dominaron el tercer trimestre, afectando el consumo y la inversión. La caída del PIB no fue tan pronunciada como la del segundo trimestre, porque el ‘efecto sequía’ dejó de incidir y porque el sector externo comenzó a contribuir positivamente sobre el nivel de actividad, con crecimiento de exportaciones y merma de importaciones. En el cuarto trimestre, la contracción crediticia sustituye a la salida de capitales como factor de retracción de inversiones y consumo, potenciada por el impacto de la aceleración inflacionaria sobre el poder adquisitivo de la población”, dice Jorge Vasconcelos del Ieral.

 

En rigor, ayer Econviews informó que el crédito cayó en términos reales en octubre: apenas avanzó 32% interanual con una inflación varios puntos por encima.

 

El Economista habló con varios analistas para saber en qué momento de la crisis estamos y, sobre todo, cuáles son las perspectivas hacia adelante. Más allá de las disidencias lógicas, normales en tiempos inciertos, todos piden no cantar victoria y auguran que la recuperación llegará recién hacia 2019.

 

Martín Vauthier Eco Go

 

“Las crisis de balance de pagos suelen darse por etapas. Primero se deterioran los indicadores financieros, luego los de la economía real y finalmente los sociales. Y la reversión suele darse con la misma secuencia. Suponiendo que en octubre finalmente se logró frenar la volatilidad extrema del tipo de cambio (difícil afirmar que se terminó la corrida con estos niveles de tasas de interés), todavía falta una reversión en los indicadores de la economía real y en los sociales, donde aún no se vio lo peor”, dice Vauthier ante El Economista. “Es difícil que la economía pegue la vuelta con estas tasas, así que, en un escenario optimista donde el BCRA tenga margen para comenzar a bajar la tasa en diciembre y en forma más sostenida en enero, el punto de inflexión del nivel de actividad recién se vería en el primer trimestre del año que viene”, agrega y señala que los drivers serán “fundamentalmente los sectores transables, destacándose la normalización en la cosecha tras la sequía 2018, y una tracción de sectores como el turismo y el sector energético”.

 

Guido Lorenzo ACM

Según Lorenzo, “la contracción monetaria se va a notar en los próximos meses” y no avizora un punto de inflexión en el corto plazo. “Los ciclos en Argentina son muy difíciles de anticipar”, dice, más allá de que proyecta una recuperación hacia el segundo trimestre de 2019. “El salario perdió fuerte contra la inflación y va a tardar en recomponerse a los niveles anteriores al sudden stop”, amplía y señala que “el dinamismo vendrá por el lado de las exportaciones, pero lleva tiempo”. Eso, agrega Lorenzo, no se logra en un mes o un trimestre y expresa que la actividad ya ha caído bastante en 2018.

 

Matías Carugati Management & Fit

“No quiero apresurarme en evaluar la situación, pero la dinámica tras la reformulación de la política económica y el apoyo, con plata, del FMI parece estar dando resultado en su objetivo básico y principal, que es recuperar un marco de relativa estabilidad. El sendero de las variables principales no está predeterminado, pero sí puede preverse con cierto margen de error, lo que ayuda a anclar un poco las expectativas y ordenar las decisiones de los agentes”, dice Carugati ante El Economista. “Por ahora, se está dando la dinámica ‘buena’, pero los shocks pueden empujarnos hacia un sendero ‘malo’”, agrega. “Vemos menor volatilidad y si seguimos en el ‘buen camino’, el daño debería ser menor al esperado”, señala. “Seguimos pensando que la economía va a empezar a recuperarse en el segundo trimestre. No nos gusta ponerle una letra porque parece que la V es puro optimismo y la U es lo contrario. Tal vez sea algo a mitad de camino”, añade.

 

Martín Alfie Radar Consultora

 

“No me aventuro a llamarlo punto de inflexión”, dice Alfie. “Hay que recordar que durante julio y agosto, por ejemplo, también vivimos unas semanas de pax cambiaria, y muchos también señalaban que la crisis había quedado atrás”, acota. El punto de inflexión, dice Alfie, “se verá cuando el riesgo país baje sustancialmente, ya que en una economía abierta y desregulada ese el principal indicador de la sustentabilidad a largo plazo y la visión del mercado sobre el país”. Si bien dice que se descomprimieron las dudas financieras para 2019, “el problema es 2020 y después”. ¿Y la recuperación? “Va a ser más en forma de U porque el torniquete monetario y el ajuste fiscal es fuerte. El segundo trimestre puede dar positivo por el agro, pero sin gran derrame al resto de la economía”, concluye.

 

Gabriel Caamaño Gómez Consultora Ledesma

 

“Recién arranca esto”, dice Caamaño Gómez. “Y si bien hay algunos indicios positivos y el techo de la banda por ahora estuvo lejos, también es cierto que, aun a pesar de los niveles de tasa y lo que permite prever el acuerdo con el FMI y la media sanción del Presupuesto, tampoco hemos testeado el piso de la banda. Ergo, me parece que debemos ser prudentes. Si realmente logramos estabilizar expectativas, la reducción de la volatilidad cambiaria naturalmente se va a dar en un contexto de progresiva desaceleración de la inflación y reducción de la tasa”, manifiesta y plantea dos posibles pisos. “Siendo optimista, el piso está al caer y será en diciembre o enero. Siendo menos optimista, recién en febrero o marzo”, concluye.

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