Crowdfunding, aporte fintech para los consumidores

Las fintech traen nuevos paradigmas que impulsan la disrupción tanto en los servicios como en los procesos de interacción de los agentes

Por Ignacio E. Carballo *

 

Comúnmente se menciona que las fintech traen consigo no sólo nuevas tecnologías, sino nuevos paradigmas, que impulsan la disrupción tanto en los servicios y productos financieros propiamente dichos (créditos, ahorros, pagos y seguros) como en los procesos o metodologías de interacción de los agentes. Y es cierto. Un claro ejemplo de ello es el financiamiento colectivo o crowdfunding. Aunque existen múltiples formas y metodologías de crowdfunding alrededor del mundo, a grandes rasgos, podemos distinguir tres enfoques o modelos que nos permitirán destacar lo novedoso de esta iniciativa para los agentes consumidores.

 

Un primer modelo, más cercano a las finanzas tradicionales, es de participación patrimonial (Equity-based). Esta metodología se compara más a las ofertas públicas de las compañías tradicionales pues, básicamente, el que aporta a un determinado proyecto obtiene una participación financiera como porcentaje de las ventas o dividendos. La novedad en estos casos es, entonces, principalmente tecnológica y no tanto metodológica.

 

Sin embargo, uno de los modelos más tradicionales, difundidos y disruptivos del crowdfunding fue el basado en las recompensas (Reward-based). En estos casos, al fondear un proyecto se pasa a ser parte del mismo, pero no (necesariamente) en términos financieros. Esta participación no financiera toma formas diversas pero busca atraer al inversor en su calidad de consumidor. Esto es, por ejemplo, la promesa de tener una versión adelantada e inédita del producto fondeado, participar en el diseño del nombre del producto o en algún detalle de su versión final, entre otros ejemplos.

 

Kickstarter, una de las plataformas de crowdfunding más reconocidas, fue desarrollada principalmente para promover la creación de proyectos creativos (arte, música, películas, o productos creativos) bajo esta lógica. Los proyectos patrocinados ofrecen recompensas como experiencias de consumo, ser el extra de alguna película fondeada por la plataforma, conocer a sus protagonistas, asistir a la avant première. A la fecha esta plataforma creada en 2009 que atrae al inversor en su rol de consumidor ha fondeado más de 250.000 proyectos mediante aportes de más de 9 millones de individuos que movilizaron un flujo superior a los $1.900 millones.

 

Otro caso interesante es el de Indiegogo. Fundado en 2008 para promover proyectos creativos, la principal diferencia fue que permitió fondeos parciales. Esto es, si el proyecto no alcanzaba la suma total propuesta en la web, se permite transferir el dinero recolectado para dar comienzo al mismo y continuar la recolección en simultáneo a su ejecución. Es así más flexible que Kickstarter, en el que si no se alcanza el monto total el emprendedor no recibe dinero para llevar adelante su proyecto.

 

Por último, un tercer enfoque muy difundido en el crowdfunding es aquel motivado por el impacto social. Si bien no hay una recompensa ni financiera ni de consumo directo para el agente que aporte al proyecto, el anhelo de tener algún impacto en la comunidad o ver materializada la idea se transforma en el principal motor del inversionista.

 

Neighborly, un sitio que inició en 2012 con fines puramente sociales, inicialmente fondeaba proyectos únicamente para fines cívicos. Aunque luego se movieron a financiar microcréditos y pequeños bonos municipales, Neighborly permitió que los vecinos invirtieran, por ejemplo, en bonos para construir parques o espacios públicos obteniendo a cambio un retorno financiero. A los dos años, la iniciativa había fondeado 55 proyectos comunitarios por un total de $2,5 millones.

 

Como puede observarse, el aspecto más interesante e innovador de estas iniciativas de crowdfunding no fue solo la facilidad de conectar miles de agentes distantes mediante la tecnología. En los modelos introducidos por este tipo particular de fintech orientada al financiamiento colectivo, se abre la posibilidad de que el retorno no sea financiero sino el anhelo de consumir el producto o ver realizado el proyecto que se está fondeando. Esa característica del inversor-consumidor es algo todavía inusual para los mercados financieros tradicionales.

 

*Universidad Autónoma de Madrid, UCA y Centro de Estudios de la Estructura Económica (CENES) de FCE-UBA / Conicet

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