“Argentina cuenta ahora con un ancla monetaria y eso ayudará a ir bajando la inflación”

El Economista dialogó con Sebastián Galiani, exSecretario de Política Económica del Ministerio de Hacienda

 

Entrevista a Sebastián Galiani ExSecretario de Política Económica Por Alejandro Radonjic 

 

Corre diciembre de 2016 y el frío boreal golpea en los suburbios de Washington DC. El tímido sol invernal aún no asoma en Maryland y suena el teléfono de Sebastián Galiani. Quien está del otro lado de la línea, a más de 8.000 kilómetros de distancia, es Nicolás Dujovne, quien acaba de ser convocado para conducir el Ministerio de Hacienda de Argentina, tras la salida anticipada de Alfonso Prat-Gay. Su llamado tenía una clara intención: convencer a Galiani de que se sumase a su equipo como viceministro. Lo que sucedió luego es de público conocimiento. Hoy, más de un año y medio después, Galiani está de vuelta en Maryland y, en diálogo con El Economista, cuenta qué ocurrió entre ese enero de 2017 y junio de este año, momento en el cual decidió regresar a la academia y a su familia.

 

El nuevo equipo económico asume en enero de 2017 con varios mandatos, uno de ellos era acelerar el famoso gradualismo. Precisamente, PratGay se alejaba del cargo por haber sido, entre otras causas, bajo la óptica de Casa Rosada algo laxo en la disciplina presupuestaria. ¿Qué medidas toman en ese sentido? Imagino que el Consenso Fiscal fue clave para esta nueva etapa.

 

Nuestro objetivo principal era bajar el déficit fiscal. Contábamos con una gran restricción inicial ya que hasta las elecciones de ese año no había posibilidad de hacer reformas. De hecho, el Congreso estuvo inactivo hasta después de las elecciones. Otro condicionante importante ha sido que el gasto del Gobierno Nacional tiene un componente muy rígido y que además ajusta con rezago a la inflación, lo que implica que cuando la inflación baja, el gasto sube en términos reales. A esto se sumó el hecho de que en 2017 comienza a pagarse la Reparación Histórica. Lo primero que hicimos fue controlar el gasto no automático para poder bajarlo ya que, sobre el gasto automático en el corto plazo no era posible actuar. Sobre ese gasto accionable se hizo bastante trabajo, logrando ese año que el gasto primario consolidado baje casi 2 puntos del PIB. Por otro lado, para poder bajar impuestos y para mejorar la asignación de recursos productivos, era necesario también reducir el gasto publico subnacional, y es ahí cuando aparece la idea de negociar la Ley de Responsabilidad Fiscal, alcanzando un primer acuerdo en abril de 2017. También trabajamos en la reforma tributaria. Entendimos también que el cambio de la formula previsional era imprescindible, pues el rezago que tenía la formula anterior era inconsistente con el programa de estabilización que tenía el BCRA. Además, dicha fórmula de ajuste de los haberes previsionales tenía otros dos problemas serios: por un lado, le pasaba el riesgo de la volatilidad inflacionaria a los jubilados y por otro los haberes crecían con el producto nominal en el mediano plazo. Ambos problemas fueron subsanados con la formula actual: ahora, si la economía crece, en unos años se produce, manteniendo lo demás constante, una reducción significativa del gasto de la Anses en relación al producto. Finalmente, se acordó el Consenso Fiscal con las provincias y se aprobó un presupuesto que apuntaba nuevamente a una baja del gasto primario en relación al producto similar a la de 2017. Estimo que a final de este año podremos apreciar una baja del gasto primario consolidado de más de 4 puntos del producto correspondiente a los dos años de la gestión Dujovne.

 

La diferencia entre un ancla sobre las expectativas y un ancla sobre la economía es que esta última opera aun si no afecta las expectativas

 

Si bien las críticas hacia el gradualismo ya empezaban a escucharse entre los ruidosos liberales locales, los mercados voluntarios los financiaban generosamente. Como ustedes siempre decían, eran (y siguen siendo) un Gobierno sin mayorías legislativas y querían cuidar a los sectores más postergados. Recordemos que el “gasto social” es, por lejos, la mayor partida presupuestaria. Con el diario del lunes, ¿aún cree que ese era el camino o que podrían haber acelerado más? ¿Se manifestaba esa tensión a nivel interno entre mantener la velocidad o acelerar?

El rótulo de liberal en el debate público en Argentina se encuentra muy distorsionado. Dejando este tema de lado, el problema en la toma de decisiones es que éstas se realizan bajo un escenario de incertidumbre. No se dispone del diario del lunes. Los analistas que dicen que lo que ocurrió este año iba a pasar seguro más temprano que tarde argumentan en forma contraria a la teoría y la evidencia. Podía pasar, pero también podía no pasar y tener unos buenos 2018 y 2019 como predecían esos mismos analistas hasta marzo de 2018. Obviamente, la mayoría de los economistas preferiríamos poder reducir un déficit elevado rápidamente, pero la situación fiscal heredada por el presidente Mauricio Macri era desastrosa, por lo que no era posible hacerlo en un año. El déficit financiero consolidado –y este es el único déficit que puede usarse para hacer comparaciones en el tiempo debido a la devolución de recursos de la Nación a las provincias que ocurre desde 2016- trepo arriba de 7 puntos del PIB en 2015. Podemos observar lo que ocurrió, pero no lo que no paso. Creo que gran parte del debate público se centra sobre si en el 2016 se podía haber hecho un ajuste significativo y haber evitado legislar la reparación histórica, o al menos hacerlo conjuntamente con una reforma previsional integral. Yo no estaba en el Gobierno en ese momento y no conozco los debates internos que se dieron entonces. No obstante, no puedo renegar de lo que escribí entonces. Pensaba desde el lugar que ocupaba en ese entonces, que se podría haber hecho más ajuste, especialmente debido a que la inflación se había acelerado. De todas formas, creo que esto es debatible. El análisis de los distintos escenarios contrafácticos no puede prescindir las consideraciones derivadas de la situación política, como por ejemplo los efectos sobre las chances de la ex presidenta Cristina Kirchner en las elecciones de 2017, pues si el Gobierno no ganaba esas elecciones, todo el proyecto de cambio abortaba. La polarización política en el país obviamente dificulta mucho el camino. Recordemos que en 2017 una discusión pública era que los inversores estaban esperando el resultado electoral para decidir mayores inversiones. Obviamente, en un contexto así, el camino por el que se mueve un Gobierno reformista es estrecho, tiene que estar atento muchas variables simultáneamente. En cualquier caso, se habla poco sobre los cambios legislados de diciembre de 2016 sobre el impuesto a las Ganancias Personales, los cuales claramente fueron en la dirección incorrecta. No veo argumentos importantes para defender esa reforma.

 

La reinserción de Argentina en el mundo ha sido exitosa y hay un apoyo internacional muy fuerte al programa de Gobierno

 

Más allá de esos debates, el 2017 fue un año relativamente positivo para la economía y, en rigor, Cambiemos tiene una gran performance en las elecciones de medio término. Esa es la línea argumental que hoy tiene el Gobierno. “Veníamos bien hasta…”. Hablemos sobre el punto de inflexión hacia la crisis actual. La lectura oficial es que fueron las tormentas globales, junto a la sequía, que llegaron hacia el segundo trimestre de 2018. Sin embargo, hay una lectura alternativa, y complementaria (porque las tormentas, ciertamente, existieron) que ubica la inflexión en el famoso 28-D, mes en el que también aprobaron un cambio en la fórmula de movilidad jubilatoria que fue muy resistida en las calles. ¿Qué visión tiene usted?

Tanto entonces como ahora veía que era problemático afectar la credibilidad del BCRA. Lo que usted llama la línea argumental del Gobierno son hechos concretos que afectaron e impactaron en la economía de Argentina de forma severa: la sequía, la remisión de capitales desde los mercados emergentes, la desaceleración económica de Brasil. A su vez, es innegable que la economía debió enfrentar estos shocks en una situación de fragilidad financiera muy importante. Claramente, los mismos shocks en Chile no hubiesen generado ninguna crisis, pero también es cierto que el país no tuvo los mismos shocks que el resto de los países emergentes como señalan muchos analistas. Resulta necesaria una aclaración en este punto: se ha dicho que el Gobierno ha hecho un mal diagnóstico al resaltar los shocks y no la fragilidad financiera existente, y que por tanto no enfrenta los problemas de fondo. Esto es falso, el Gobierno respondió acelerando su programa de ajuste fiscal. Esa es la respuesta que esperan quienes hacen esa crítica que, por tanto, resulta infundada.

 

¿Cómo fue la política del acercamiento a Washington? Al FMI, me refiero. Hay quienes plantean que se apuraron y había caminos alternativos…

No importa lo que haga un gobierno, siempre va a haber analistas críticos que opinen lo contrario. Por ello, los funcionarios tienen que participar del debate público y explicar la visión y razones detrás de los actos de gobierno. El acercamiento al FMI fue como se dio a conocer. Madame Lagarde había visitado el país en marzo para participar de una reunión del G20 y había elogiado efusivamente lo realizado por el gobierno hasta entonces. Si no recuerdo mal, había dicho algo así como que estaba impresionada no solo como directora del FMI, sino también como exministra. Luego, en mayo, en el nuevo contexto financiero, el entonces ministro de Finanzas consideró que no tenía el acceso a los mercados de crédito que necesitaba y, junto al Presidente y el ministro Dujovne, decidieron que lo mejor para minimizar los costos de ello era reemplazar ese financiamiento a través de un acuerdo StandBy con el FMI. Antes de ello se había anunciado mi retorno a Estados Unidos, por lo que, buscando darle continuidad al equipo de trabajo, no lideré el equipo técnico de Hacienda en las negociaciones, por lo que no puedo hablar sobre las mismas.

 

La baja del gasto primario consolidado en los primeros 2 años de la gestión Dujovne será de más 4 puntos del PIB

 

En paralelo, fue creciendo el peso de Dujovne. Además de ser el guardián de la caja y el interlocutor con el FMI, fue sumando poder y hoy, casi sin quererlo, es una suerte de superministro. Pregunto esto por la cuestión de la coordinación y el diseño del gabinete económico sin un primus inter pares. Parece lógico en una crisis, ¿pero no hubiera sido mejor antes, en 2016-2017, también? Alguien que vele por el famoso equilibrio general…

Sin dudas, todo gobierno debe velar por el equilibrio general. El ministro de Economía tiene un rol fundamental en esa tarea, pero no por ello tiene que ser un primus inter pares. Creo que el rol del ministro Dujovne fue creciendo como reconocimiento a su capacidad y a su trabajo.

 

El Presidente Macri encara el cambio en el país, y ese cambio requiere de tiempo y un nuevo periodo de Gobierno

 

Se acaba de negociar el acuerdo 2.0 con el FMI que incluye US$ 7.100 millones adicionales, pero, sobre todo, una gran aceleración de los desembolsos. Además, una nueva política monetaria (y cambiaria). ¿Qué lectura hace?

La primera y principal lectura es que hay un apoyo internacional muy fuerte al programa de Gobierno del Presidente Macri. Sin dudas, la reinserción de la Argentina en el mundo ha sido exitosa, aunque el proceso debe continuar, especialmente en lo económico. En segundo lugar, la existencia del programa con el FMI tal cual ha sido acordado muestra que el país no tiene un problema de solvencia, y refleja el entendimiento del organismo y la comunidad internacional sobre la dificultad de llevar a cabo íntegramente, en el corto plazo, el programa de reformas impulsado por el Presidente Macri, y de acceder en este contexto a los mercados financieros, dada la historia del país y su polarización política actual. En tercer lugar, el avance al equilibrio fiscal primario y la asistencia financiera son muy importantes y acotan la crisis al mercado cambiario. Argentina cuenta ahora con un ancla monetaria. Ello ayudara a ir bajando la inflación. La diferencia entre un ancla sobre las expectativas y un ancla sobre la economía es que esta última opera aun si no afecta las expectativas. En ese sentido, en un país como Argentina, el ancla cambiaria opera directamente sobre los precios mientras que el ancla monetaria lo hace indirectamente, pero otorga flexibilidad cambiaria.

 

Macri ya dijo que va a competir en 2019 e imagino que usted quiere que gane. ¿Por qué?

Sin dudas. Creo que el Presidente Macri encara el cambio en el país, y que ese cambio requiere de tiempo. Una forma de decirlo es que yo también quiero mi diario del lunes. Quiero el diario del tercer lunes de noviembre de 2023, que nos cuenta que, en una elección reñida, en la cual no se cuestionó la regla de equilibrio fiscal estructural, ni la política de metas de inflación del BCRA, ni los avances en la reforma del sistema educativo, de salud y judicial, ni la integración al mundo, Cambiemos logro imponerse a un renovado partido peronista, cuyo candidato es un joven profesional, sin vínculo alguno con el kirchnerismo, con un equipo técnico sólido, y comprometido con los valores democráticos. Para que esto pase, el Presidente Macri necesita otro periodo de gobierno, y Cambiemos necesita tener mayor fuerza parlamentaria. Si esto pasa, esta crisis cambiaria será la última crisis macroeconómica en el país de las crisis.

 

Esas reformas, ¿son la base de un programa de desarrollo?

La base está. Parafraseando a Larry Summers le diré, ‘tráigame un país con las cuentas fiscales estructuralmente ordenadas, integrado al mundo, con seguridad jurídica y que invierte en su capital humano que no le haya ido bien’.

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