Los escenarios para el tipo de cambio real

El tendal que dejará la recesión y la inflación que estos sucesos provocan costará mucho sobrepasarlo y hay que empezar urgentemente a trabajar

Convertibilidad Argentina

 

Por Pablo Mira Docente e investigador de la UBA

 

Sobrepasados de diagnósticos, recomendaciones y pronósticos en medio de la corrida cambiaria, quizás convenga parar la pelota y pensar un poco en lo que viene. Las crisis son un tema serio, traen consecuencias sociales graves y, por eso, es importante saber surfearlas. Pero lo cierto es que tarde o temprano la urgencia pasa y hay que empezar a pensar en la dinámica de reconstrucción.

 

Una posible pregunta del público y de las autoridades en este momento es si esta devaluación “ya fue suficiente”. Argentina tiene una larga historia de correcciones cambiarias con overshooting, es decir, con devaluaciones exageradas que abren un período durante el cual el tipo de cambio tiene espacio para apreciarse. La magnitud de estas sobredevaluaciones dependen mucho de la psicología social, las señales de política, y la posibilidad de que se coordinen las expectativas de los que tienen y los que quieren dólares. Pero lamentablemente hoy aún no está claro cual es el precio al que el público estaría dispuesto a empezar a vender divisas. Más directamente, no se sabe si los que disponen de dólares comenzarán a gastarlos porque “ya están caros”.

 

Supongamos que para determinar si el tipo de cambio real actual está suficientemente depreciado intentáramos concentrarnos en una perspectiva puramente analítica. Comencemos por poner la cosa en perspectiva. Si se compara el nivel actual del Tipo de Cambio Real Multilateral (TCRM) con el de diciembre de 2001, el nivel de hoy es aproximadamente el doble. Para algunos este valor podría considerarse muy competitivo teniendo en cuenta que durante el final de la convertibilidad algunos analistas sugerían un “retraso cambiario” que se corregiría en aquel momento con una devaluación del 50%. Pero otros podrían replicar que este valor no es suficiente, ya que durante buena parte del “milagro argentino” posterior a 2002, el TCRM osciló en torno a un valor entre 10% y 15% mayor que el actual. Si en cambio comparamos con el período de dólar barato comenzado en 2011 y que con variantes se sostuvo hasta hace pocos meses, el TCRM de la actualidad es entre 25% y 50% superior, dependiendo del período exacto con el que se compare.

 

Desde luego, este cotejo asume que buena parte de las consecuencias inflacionarias de la devaluación reciente serán nulas. Una cuenta adecuada, sin embargo, debe considerar cuanto de esta devaluación pasará a precios y, por lo tanto, cuanto reducirá el TCRM. Para empezar, es difícil pensar que ocurrirá lo mismo que en 2002, un traspaso mínimo en medio de una crisis formidable. Pero la economía tampoco está en la situación de 2012 o 2014, cuando una devaluación en medio de una economía con cierta actividad propició un pass through muy superior. El de hoy es un escenario intermedio. La devaluación nominal desde mayo acumula aproximadamente 70%, pero es difícil que los precios muestren cambios del orden, digamos, del 10% en un solo mes. Por cierto, si el tipo de cambio se plancha con el tiempo, el traspaso se irá acumulando, pero lo que parece estar ocurriendo es que el tipo de cambio real permanecería de aquí en más en un nivel sensiblemente superior al que tuvimos en los últimos ocho años.

 

Esta cuenta analítica debería además considerar al menos otra variable fundamental: la capacidad de pago de la deuda externa (en dólares) de la economía argentina. En el año 2001 el escenario era trágico, y no había cálculo alguno que diera por resultado la sostenibilidad, razón por la cual se tuvo que renegociar la deuda. Pero hoy la sustentabilidad, si bien se volvió más exigente en los últimos años, no es inalcanzable. En otras palabras, un TCRM como el actual, o incluso algo menos depreciado, podría ser suficiente para afrontar los futuros compromisos.

 

Estos escenarios sugieren que, tras el descalabro, podrían sobrevenir tiempos con alguna recuperación en algunos sectores. Pero no minimicemos las consecuencias negativas inmediatas de lo que estamos sufriendo. El tendal social que dejará la recesión y la inflación que estos sucesos típicamente provocan costará mucho sobrepasarlo, y hay que empezar urgentemente a trabajar para compensarlo.

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