La Corte Suprema y las políticas de Estado

Se cierra un ciclo prolongado y con muchas innovaciones, que sirvió para la compleja tarea de articular una sociedad multicultural

 

Por Enrique Zuleta Puceiro  

 

La presidencia Ricardo Lorenzetti será recordada como uno de los ciclos más extensos, innovadores y productivos de la historia de la Corte Suprema. Si bien el debate sobre el saldo final de la intervención de la Corte estará por mucho tiempo sometido al debate y a la controversia, bien pude decirse que el balance es prometedor hacia el futuro.

 

Una evaluación de conjunto es tarea difícil, en la medida en que deberá recorrer facetas tan diversas como la recuperación del prestigio institucional de la Corte, sus aportes a la renovación de la agenda institucional del país, a la gestión innovadora del servicio de justicia y a la siempre amenazada independencia de los poderes.

 

Sin embargo, con las dificultades de un juicio de conjunto, bien puede decirse que, desde el punto de vista del prestigio social de la administración de Justicia, hay sin duda un antes y un después de los años de la etapa Lorenzetti. Todo balance del período deberá recorrer aspectos tan diversos como el aporte de la Corte a la agenda política de la transición, el balance y punto final de la etapa del terrorismo de Estado, la superación de los efectos y consecuencias recurrentes de los estados de emergencia económica y la propia reconstrucción institucional del Poder Judicial. El saldo es positivo y destaca sin duda el aporte decisivo de la Corte a la construcción de una visión del país entendido como una sociedad plural basada en la libertad personal. “El desafío de nuestra generación –sintetizó muchas veces Lorenzetti– es la articulación de una sociedad multicultural, teniendo en cuenta no sólo su mera existencia, sino la complejidad y la enorme riqueza de sus diferentes opiniones y proyectos de vida”.

 

Una reseña

 

Resulta difícil reseñar el aporte de la Corte Lorenzetti a esta etapa de reconstrucción del prestigio social y la fuerza institucional de la Justicia. Pocas veces tuvo la Corte una misión más ardua y difícil, en el contexto de una brecha inmensa entre expectativas y realidades como la que se abrió a partir de la crisis de 2001. Los años del ciclo Lorenzetti han sido sin duda los más difíciles desde el punto de vista de la gestión de las instituciones democráticas.

 

A la hora de un balance del ciclo, acaso deba subrayarse, entre muchos otros logros y aportes, la importancia de una de las principales ideas -fuerza del período: la función de la Corte en el diseño y ejecución de políticas de Estado.

 

Desde el momento mismo de su llegada a la Presidencia, Lorenzetti formulo un plan de políticas de Estado que operó como eje vertebrador de la redescubierta función gubernativa de la Corte. Lorenzetti no solo redactó y promovió una agenda integrada acerca del papel de la Justicia como política de Estado. La difundió y la explicó personalmente por todo el país y la proyecto en los principales foros internacionales. Las ideas de la Corte Lorenzetti se convirtieron en un programa de trabajo común, compartido por la Asociación deMagistrados de la Justicia Nacional y Federal, la Federación Argentina de la Magistratura y la Junta Federal de Cortes de todas las provincias, junto a otras asociaciones, centros de estudios, programas universitarios y organizaciones no gubernamentales y de la sociedad civil. La agenda propuesta por Lorenzetti fue desde entonces el eje central de las conferencias nacionales de jueces, que al modelo de otros países, reunieron cada dos años a centenares de jueces y magistrados de todos los rangos y fueros.

 

Iniciativas de este tipo operaron un efecto regenerador del Poder Judicial en todo el país. Le devolvieron a la judicatura una autoestima y una noción de su misión y funciones que se trasladó con rapidez a los poderes judiciales de las provincias. Bien puede decirse que, en lo que hace a la afirmación de la identidad programática del Poder Judicial ha habido un antes y un después de la gestión Lorenzetti.

 

A partir de este impulso inicial, la judicatura argentina ha venido desarrollando un programa de políticas de Estado, complementado por comisiones operativas encargadas de implementar propuesta y recomendaciones tanto nacionales como internacionales. El vigor de esta iniciativa logró atenuar la muy pobre performance institucional, tanto nacional como provincial, de los consejos de la magistratura, inaugurados por la Constitución de 1994, aunque con dificultades de diseño, implementación e implantación institucional aún no superados.

 

A partir de la era Lorenzetti, los jueces crecieron en conciencia de su identidad y de sus posibilidades de actuación como poder del Estado, comprometido con la sociedad. La Corte apoyo con vigor esta autonomía incipiente a través de instituciones y comisiones, tales como la Comisión de Independencia Judicial, el Centro de Información Judicial, la Comisión Nacional de Acceso a la Justicia, las Oficinas de Violencia Doméstica, de la Mujer, Ambiental, de Celeridad de Juicios Penales, de Informatización y de Gestión.

 

Esta acción institucional se complementó con una fuerte presencia internacional de la Corte que le permitió operar como un factor de apertura y modernización de la agenda institucional del país. Oficinas como la dedicada a la Violencia Doméstica, a la Justicia Ambiental o el acceso a la Justicia son aportes innovadores, casi inexistentes en otras áreas de gobierno o en las instituciones centrales de los poderes Legislativo y Ejecutivo. Cualquier balance del desarrollo institucional comparado de los diversos poderes del Estado, tanto en el nivel nacional como provincial, arroja un saldo ampliamente favorable al aporte del Poder Judicial, liderado si lugar va dudas por la propia Corte.

 

Las iniciativas

 

La agenda sigue abierta y las expectativas publicas desbordan tal vez las propias capacidades institucionales del Poder Judicial. Una sociedad frustrada y desencantada vuelve a pedir a la justicia verdad, cuando en realidad no es esta la función estricta de la Justicia. Los jueces solo pueden producir, no siempre y en el mejor de los casos, justicia, que puede o no ser un aspecto de la verdad. Esta demanda urgente y desmesurada de la sociedad a la justicia es un resultado del vacío institucional y del fracaso de muchas otras de las instituciones de la democracia representativa. Con sus luces y sus sombras, la gestión de la Justicia en la era Lorenzetti estuvo ciertamente a la altura delas circunstancias.

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