La baja de impuestos también debe esperar

No sólo la famosa desinflación deberá esperar hasta más adelante sino, también, la necesaria baja de la presión impositiva

 

No sólo la famosa desinflación deberá esperar hasta más adelante: también la necesaria baja de impuestos. Y no sólo por el regreso de las retenciones a las exportaciones. Además, por las novedades que traería el Presupuesto 2019, que hará su ingreso formal el viernes a la Cámara Baja del Congreso.

 

La ley de leyes incluiría, según pudo reconstruir El Economista, una suba de 0,25% a 1% el impuesto sobre los Bienes Personales de los argentinos en el exterior. Además, como parte de las negociaciones entre la Casa Rosada y los gobernadores, se postergará por un año la baja de Ingresos Brutos, un gravamen clave para los distritos y, además, también se pospondrá por un año de la baja del Impuesto de Sellos. En el Gobierno dicen que “es un pedido de los gobernadores”. Sea como fuera, 2018 marcaría una nueva suba de la presión impositiva global en Argentina.

 

Sobre estas cuestiones, El Economista dialogó con el abogado Diego N. Fraga, socio de RCTZZ Abogados.

 

Sobre Ingresos Brutos, Fraga dijo: “Esto es uno de los mayores logros del Consenso Fiscal, que se estaría perdiendo. El impuesto sobre los Ingresos Brutos es uno de los más distorsivos de nuestra economía y de los que más le resta competitividad a las empresas. La medida va en contra de todas las políticas proclamadas por el Gobierno y va a afectar la reactivación”.

 

Sobre Sellos, agregó: “Es uno de los impuestos más anacrónicos que existen en el país y que grava la existencia de un contrato escrito y autoejecutable. Más allá de que existen formas legales de eludir ese tributo, ello no es posible cuando se trata de operaciones sobre bienes registrables (por ejemplo, inmuebles o vehículos). Las provincias (y la Ciudad de Buenos Aires) aprovechan esto y suelen establecer tasas ridículas que encarecen monstruosamente estas operaciones”.

 

Sobre Bienes Personales, por último, dijo, categórico: “Sería un knock-out a la confianza en el país y a la seguridad jurídica, porque hace poco tiempo la propia Ley de Sinceramiento Fiscal (27.260), como incentivo para atraer capitales ocultos previó la reducción gradual de alícuotas en el impuesto sobre los Bienes Personales hasta el nivel del 0,25 (flat). Un primer golpe a los inversores –sincerantes y no sincerantes– ya había ocurrido con la reforma tributaria de fines del año pasado, cuando se gravaron en el impuesto a las ganancias determinadas rentas denominadas financieras que hasta ese entonces se encontraban exentas. De aprobarse esta reforma en bienes personales se estaría destrozando la credibilidad no sólo del actual Gobierno sino del país. Atentaría contra el éxito de cualquier amnistía futura”.

 

Como conclusión, Fraga remarca: “Es muy triste ver que queden en la nada importantes aspectos de las reformas fiscales de los últimos tiempos por el festival de gasto público de las provincias”.

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