Consecuencias de dolarizar la economía

Un informe de GMA Capital enumera cuales serían las consecuencias de implementar la polémica iniciativa deslizada desde EE.UU.

Por la suba del dólar, aumenta la competitividad

 

En las últimas horas, el fantasma de la dolarización reapareció y lo más novedoso es que el rumor no provino desde el mercado local, sino desde una figura de peso del exterior. “La única salida de Argentina es la convertibilidad”, fue la frase del director del Consejo Económico Nacional de la Casa Blanca, Larry Kudlow.

 

Ante la proliferación de estas noticias, voceros oficiales del Gobierno desmintieron rápida y rotundamente la propuesta. Aseguraron que “Argentina no está negociando ninguna dolarización ni nada parecido con Estados Unidos”. En este escenario, un informe de GMA Capital enumeró la gran serie de desventajas que tendría implementar una política así.

 

En primer lugar, Argentina perdería la política monetaria y, con ella, la capacidad de amortiguar los shocks externos reales con variaciones en el tipo de cambio nominal.

 

Con una paridad fija, el ajuste en la competitividad no se lograría con un “valor de dólar” más alto que mejorara el tipo de cambio real, sino con precios de la economía más bajos. Dada la inflexibilidad de los salarios a la baja, la corrección ocurriría, de forma lenta y dolorosa, mediante una recesión con deflación (experiencia argentina entre 1998 y 2001).

 

Otra desagradable consecuencia de eliminar la política monetaria es que el BCRA perdería dos atribuciones: la primera es la de beneficiarse imprimiendo dinero cuando hay crecimiento económico. La demanda de dinero genuina dejaría de reportar “señoreaje” al BCRA y al sector público consolidado, perjudicando las arcas fiscales.

 

El segundo rol que cedería el BCRA sería el de ser prestamista de última instancia del sistema financiero. Los bancos quedarían muy expuestos ante eventos de corrida bancaria sin la red de liquidez que ofrece hoy la autoridad monetaria.

 

Sin política monetaria propia, las condiciones financieras de Argentina estarían supeditadas a la política que persigue la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed). La tasa de interés local tendría una trayectoria similar al costo del dinero norteamericano más un spread. Actualmente, la Fed se orienta a elevar gradualmente las tasas para normalizar las condiciones financieras derivadas de la salida de la crisis internacional de 2008.

 

El dólar se fortalece en el mundo como resultado de este nuevo escenario. Si Argentina se apegara a esta moneda, la baja productividad interna quedaría todavía más expuesta y con pocas probabilidades de mejorar. La necesidad de obtener dólares por la cuenta corriente (única fuente genuina de divisas) conduciría, nuevamente, a un ajuste por cantidades, es decir, caída de la actividad y mayor desempleo.

 

Asimismo, las fluctuaciones de los movimientos de capitales impactarían de forma directa en la economía real. Una mayor variabilidad en la cantidad de dinero en Argentina conduciría a que los auges y las recesiones se profundicen, con poco margen de maniobra para las autoridades de nuestro país.

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