Cinco cosas que deberían lograrse en el nuevo acuerdo con el FMI

El Economista consultó a tres expertos sobre qué concesiones del FMI deberían lograr las autoridades argentinas en la reformulación del acuerdo

 

Por Juan Manuel Antonietta

 

El ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, volvió ayer desde Washington luego de concretar una negociación que resulta ser más dura de lo esperado. La renegociación del acuerdo con el FMI no será rápida e implicará una larga discusión, pese a que “Argentina tiene todo el apoyo del organismo”, según expresó ayer el vocero Gerry Rice.

 

Fuentes de Hacienda expresaron a El Economista que todavía no hay un tiempo estimado de cuando llegará la firma del FMI, aunque los más optimistas se animan a verlo hacia fin de septiembre. Rice dijo que “concluirá tan rápido como sea posible” la negociación, pero está atada a un fuerte debate entre las autoridades argentinas y del organismo internacional. De la comitiva que negoció en Washington formó parte también Gustavo Cañonero, el vicepresidente del BCRA, organismo que quedó en el centro de la escena ya que gran parte de la negociación fue para otorgarle mayores libertades.

 

El Economista consultó a tres expertos sobre qué concesiones del FMI deberían lograr las autoridades argentinas en la reformulación del acuerdo.

 

Un adelanto de los desembolsos en 2019 que despeje las dudas sobre el cumplimiento del Programa Financiero. “Claramente este fue el principal objetivo de la misión”, opinó Matías Rajnerman (Ecolatina) y agregó que “la mejor forma de disipar las presiones será mostrando de manera explícita, con números concretos y sin supuestos extremadamente optimistas, que nuestro país cumplirá sus compromisos sin mayores contratiempos en el año electoral”. Según Matías Carugati (Managment & Fitt) “hay que mostrar hacia adelante que el país va a tener el dinero necesario para hacer frente a sus compromisos, es importante a mediano plazo el adelantamiento de los fondos”. El economista Hernán Hirsch, de la consultora FyE Consult fue más explícito: “Necesitamos un programa económico fiscal, financiero y monetario creíble, coherente y consistente a partir del financiamiento que el ministro logre conseguir”, opinó y agregó que “lo fundamental es que sea creíble para los inversores de manera que pueda bajar el riesgo país”

 

 

Un incremento del monto acordado para 2020. Según Rajnerman, es importante mostrar señales claras de que el acuerdo con el FMI se extenderá al próximo ciclo presidencial, en pos de disipar las presiones sobre el tramo largo de la curva. “Si bien el cumplimiento del Programa Financiero 2019 luce como el problema más acuciante, es importante no descuidar el largo plazo, sobre todo en un arreglo que posee grandes impactos –y condicionantes- estructurales sobre la economía local”, opinó el coordinador de Análisis económico de Ecolatina.

 

Mayores grados de libertad del BCRA para intervenir en el mercado cambiario. Luego de que en las últimas semanas se viera poca intervención del BCRA porque estaba limitado por el FMI, los analistas comienzan a pedir más flexibilidad. “Es necesario un permiso para una mínima intervención cambiaria que permita estabilizar las expectativas”, explicó Hirsch. En sintonía, para Carugati a corto plazo es necesario que el BCRA pueda intervenir de una manera más flexible y discrecional frente a los acontecimientos. Así, es importante que no solo aumente el “poder de fuego” del BCRA sino también sus capacidades de intervención en el mercado. “Sólo el anuncio de que las potenciales herramientas serán mayores ayudaría a disminuir presiones en este frente”, dijo Rajnerman y agregó que “de lo contrario, si la autoridad monetaria no estuviera habilitada para actuar de manera contracíclica, podrán despejarse las dudas sobre un default, pero las expectativas de un alza del tipo de cambio no cesarían”. Para el economista de Ecolatina, esta medida daría la idea de que la oferta de dólares capaces de defender el valor del peso argentino creció de manera sustancial, desalentando nuevos episodios de estrés.

 

Una mayor flexibilidad de la meta fiscal primaria. “El objetivo de equilibrio primario en las arcas públicas para 2019 es muy ambicioso, más en un año donde la economía no crecería –o levemente- y la inflación cedería, aunque paulatinamente (lo que incrementará en términos reales el gasto en prestaciones sociales, dejando márgenes de acción solo sobre el 40% de las erogaciones primarias)”, explicó Rajnerman y aclaró que “mostrar que la penalización en caso de un incumplimiento no será tan grave es también un punto importante a considerar en la negociación”. Para Carugati, una flexibilidad aún mayor al 0,2% del PIB para aumentar el gasto social sería bienvenida ya que “lo vamos a necesitar porque la economía va a empezar a sentir el efecto de los golpes y las respuestas de política tienen un sesgo recesivo”. No obstante aclaró que el Gobierno no parecería estar negociando este punto: “hay otros márgenes para modificar el déficit final como la venta de activos del Fondo de Garantía y sustentabilidad que se pueden ser contabilizados como ingresos fiscales hasta por 0,4% o conseguir más financiamiento para obra pública de organismos multilaterales”, concluyó el economista de Managment & Fitt.

 

Nuevas metas de inflación. “Si bien el objetivo de 32% de inflación acumulada para ese año parecía lógico tres meses atrás, al momento está prácticamente descartado. Por lo tanto, es importante que se renegocien estas metas, además de explicitar de manera más clara qué implicarían potenciales reuniones con el staff o el board, cuáles serán las penalidades o respuestas de política en caso de excederse”, opinó Rajnerman y concluyó: “Esto permitirá, además de anclar expectativas, dar más precisiones sobre como proyecta el corto plazo el Poder Ejecutivo”

 

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