Adiós al local propio

Los nuevos emprendedores construyen su negocio en Instagram

 

Por Delfina Torres Cabreros

 

Rocío Jiménez, una diseñadora industrial de 29 años, trabajaba en una empresa gráfica cuando paralelamente empezó a estampar remeras con frases escuchadas al aire de la radio Futurock y a venderlas mediante una cuenta de su marca en Instagram. En poco tiempo pudo dejar su trabajo y dedicarse exclusivamente a su emprendimiento, Hammer, que hoy funciona montado en las redes sociales, con un anclaje físico mínimo: un taller en la casa de su madre, en Once. Jiménez siquiera fantasea con la posibilidad de abrir un local a la calle: fabrica a pedido y nunca tiene stock remanente ni mercadería que liquidar. Como ella, otros emprendedores jóvenes encontraron en Instagram un medio para dar a conocer sus productos y venderlos directamente a los clientes, ayudados por tiendas digitales y sin la necesidad de sostener estructuras costosas.

 

El e-commerce ya es un viejo conocido de los negocios, pero si en un principio llegó asociado a las grandes empresas, a lo largo de los años ha ido ramificándose hasta penetrar en pequeños emprendimientos construidos a partir de un perfil gratuito en las redes sociales. Esta tendencia se ve acompañada por un aumento en las ventas desde dispositivos móviles que, según un informe de la empresa tecnológica Creito, ya representan el 50% del total en Latinoamérica.

 

Aunque se quejan de las comisiones que cobran las plataformas de venta y de pago, celebran la simplicidad de las transacciones y, sobre todo, los bajos costos fijos

 

Carla de Luca, creadora de la marca Carla de Luca Jewelry, comenzó a vender accesorios cuando era apenas una adolescente en su cuenta personal de Facebook, pero fue con la llegada de Instagram y su migración a esa plataforma que su negocio se volvió más próspero. De Luca, de 23 años, hoy canaliza todas sus ventas por esa vía. Destaca el engagement que la plataforma propicia entre la marca y el usuario y la versatilidad de herramientas como las “stories”, que le permiten subir la promoción de cerca de 15 productos por día sin saturar el “feed”.

 

“Sé de muchos casos en que han abierto locales o showrooms, han puesto mucho dinero y no termina siendo lo que esperaban. Yo, en cambio, en Instagram tengo un público al que llego y es totalmente orgánico. Sé que el que me sigue, me compra”, señala la emprendedora, al comparar su clientela con la de comercios físicos.

 

Según la consultora Colliers International, durante el primer semestre de 2018 los precios de alquiler promedio de locales comerciales de la ciudad de Buenos Aires fue de US$ 44,34 por m2, a lo que hay que sumarle impuestos, gastos de servicios y mantenimiento. Estos altos costos son uno de los motivos por los que los emprendedores reinventan permanentemente la forma de vender. “Ahora se está volviendo al pick up”, apunta De Luca. Es decir, antes que los showrooms o los locales, se privilegia el retiro de productos por puntos específicos. También se ofrece la posibilidad del envío por correo y, si el cliente y el vendedor están dentro de la órbita de la ciudad, el reparto mediante aplicaciones como Rappi o Glovo.

 

Otro punto favorable es que no se requieren grandes inversiones iniciales. “Yo a la marca la monté con $500”, dice Rocío Jiménez. Sus primeras remeras nacieron con la estampa de frases que se decían al aire de la radio online Futurock y fue a partir de ese público inicial de oyentes de la radio que comenzó a expandirse hacia otros clientes que se acercaban con pedidos personalizados. “Me armé una Tienda Nube en la que tengo un sistema de descuento para la radio, pero está abierto para todos. Yo sólo fabrico por pedido, no tengo stock. Es el sistema que me deja soportar la incertidumbre actual, ya que si no vendo no tengo mercadería que se quede archivada ni tengo que liquidarla. Trabajo por lo que necesito, y sigo”.

 

Tienda Nube es un aliado fundamental para muchos de estos emprendimientos. La empresa argentina ofrece una plataforma de venta online asociada a la cuenta en redes sociales, que permite profesionalizar el circuito y ofrecer una alternativa a las ventas uno a uno. Según los números de la empresa, hay más de 500.000 tiendas creadas en la Argentina y Brasil y se facturan más de $1800 millones de ventas por año a través de ellas. Tras el período gratuito de prueba, Tienda Nube cobra un monto fijo por mes (que varía según la cantidad de productos ofertados y comienza en $400) más una comisión del 2% sobre cada venta. Además se suma la comisión de Mercado Pago, la plataforma de pago dentro de la plataforma de venta, que es de alrededor del 5% y aumenta si se ofrece el pago en cuotas. Es decir: en una venta de $300, Mercado Pago se queda con $15 y Tienda Nube con $6.

 

“Lo de las comisiones es tremendo”, dice Cecilia Zanniello, una diseñadora industrial de 28 años que junto a Adrián Leonardo Reyes, un licenciado en Comercialización de 30, son los socios detrás de Divertimentos Viajeros, una marca de mochilas, accesorios para viajeros y decoración de mapamundis. “Hacemos todo venta online desde la tienda o desde Mercado Libre, y no se nos ocurriría poner un local hoy en día ni locos. La realidad es que todo el centro del emprendimiento se basa en tener los costos fijos lo más bajo posible”, apunta.

 

La “impersonalidad” que le imprimen los medios digitales a la venta es una ventaja que los emprendedores repiten: al momento de ejecutar la venta, el sistema se conduce solo. Pero, al mismo tiempo, y casi paradójicamente, las redes permiten generar una cercanía entre la marca y sus clientes. Según Zanniello, es muy frecuente el contacto posventa. “Nos pasa mucho que nos mandan fotos de sus mochilas en algún lugar del mundo porque se lo llevaron de vacaciones, o el mapamundi en su casa. La gente se recopa eso y ahí se forma un vínculo, porque después nosotros reposteamos eso y se arma como una cadena”.

 

La diseñadora destaca, además, la posibilidad que esta modalidad otorga de no estar atado a ninguna estructura. “Si mañana me quiero dedicar a otra cosa o me está yendo mal –aventura– cierro el monotributo, apago la computadora, y se terminaron mis gastos fijos”.

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