“Ver a importantes empresarios presos es inédito en Argentina”

El Economista dialogó con Martín D’Alessandro (Presidente la SAAP)

Martín D’Alessandro es politólogo (además, cuenta con un master en Investigación en Ciencias Sociales y es Doctor en Ciencias Sociales), investigador (Conicet y Gino Germani), presidente de la Sociedad Argentina de Análisis Político y, naturalmente, un agudo observador de la realidad política local. En diálogo con El Economista habla sobre el debate del aborto en las vísperas del 8A, la ilusión del Lava Jato en Argentina, la actualidad de Cambiemos y el camino hacia las presidenciales de 2019.

 

¿Qué reflexiones le generó la votación del Congreso por el proyecto de Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE)? Desde el análisis político y la ciencia política, y más allá del resultado de la sesión de mañana, ¿qué lecturas deja?

 

Todavía no se ha votado en el Senado el proyecto aprobado en la Cámara de Diputados pero, en cualquier caso, he tenido impresiones encontradas. Por un lado, me parece muy auspicioso que la sociedad y la política argentina pudieran encarar este tema que fue tabú durante tantos años. En ese sentido se ha visto lo mejor de la deliberación pública: consultas amplias, compromiso, militancia, argumentación y representación genuina de opiniones e intereses por parte de los legisladores. Además, el debate ha servido como disparador de otras demandas y de más participación e involucramiento. Pero, por otro lado, Argentina cayó de nuevo en grados considerables de intolerancia: el debate incluyó insultos, descalificaciones agresivas de los argumentos contrarios o de las personas que los expusieron públicamente. En términos más amplios, sin embargo, ha sido una muestra de lo sabia que es la democracia para asimilar los cambios sociales. Si no hay todavía un consenso amplio para aprobar la legislación del IVE (o cualquier otra política pública sensible) en esta oportunidad, su implementación probablemente será más legítima en la próxima. La democracia es una práctica continua y nadie debe desesperarse ni creer que ha ganado para siempre.

 

Sigamos con la actualidad, que parece no dar respiro. Vamos a los “cuadernos de la corrupción”. Algunos se ilusionan con un Lava Jato en Argentina. ¿Cree que eso es posible y deseable y hay riesgos, como plantea Andrés Malamud?

 

A juzgar por el avance contundente y rápido de la causa judicial, su importancia y su repercusión pública, pareciera ser que sí es posible. La sola novedad de ver a importantes empresarios presos es un parteaguas en la historia de la corrupción en Argentina y en su percepción pública, que direccionaba las sospechas de corrupción solamente hacia los políticos. Lógicamente, habrá que ver cómo evoluciona la causa, cuál es la responsabilidad de cada uno y si resulta eficaz el mecanismo del arrepentido para expandir las consecuencias de la investigación. Pero no hay que perder de vista que se trata de un tema delicado y todos debemos ser cautelosos y no suponer que cientos de personas deben estar presas sí o sí ya mismo. Tanto el exitismo, mediático o no, como la descalificación del proceso en su totalidad son riesgos que empobrecerían lo que a mi criterio sí es deseable: que haya una mayor conciencia del problema que la corrupción significa para la democracia. El desgaste de la satisfacción ciudadana con la democracia es tan grande en toda la región, que el mayor riesgo es que en pocos años la alternativa no sea entre democracia transparente o corrupta, sino entre democracia y alguna forma de autoritarismo que se presente como “benevolente”.

 

“De no mediar ningún hecho extraordinario y de seguir gobernando apenas aceptablemente como hasta ahora, se agigantan las chances del Presidente de lograr su reelección en 2019”, escribió usted en Clarín luego de la potente victoria electoral de Cambiemos de 2017.  Imagino que los énfasis cambiaron desde entonces…

 

No solamente cambiaron los énfasis. En primer lugar, sí se produjo un hecho extraordinario y además imprevisto, que fue la corrida del dólar y el tsunami de desconfianza hacia el Gobierno que ese hecho produjo. La victoria de Cambiemos en las elecciones de 2017 fue producto de unas expectativas a futuro que en gran medida se han disipado y, por lo tanto, las chances de reelección no se agigantan sino que se van minimizando, según vienen señalando las encuestas. En segundo lugar, a pesar de las mejoras, y el reconocimiento de los problemas por parte del actual Gobierno es en sí mismo una gran mejora, la gestión del Estado sigue estando muy por debajo de aquellas expectativas. Sin embargo, el escenario sigue estando abierto y tampoco descartaría de antemano la reelección de Mauricio Macri, que dependerá por supuesto de la marcha y ya no tanto de las expectativas de la economía, pero también de la oferta y de la credibilidad de los planes de la oposición, así como de factores y discusiones de corto plazo que puedan surgir incluso en la propia campaña electoral. Nuevamente, la vertiginosidad de la tapa de los diarios puede traicionar a la necesaria frialdad que requiere el análisis político.

 

Usted estudia, entre varios temas, a los partidos políticos. Hoy, estamos gobernados por una rara avis, que es Cambiemos. Más allá del desempeño hacia afuera, ¿qué balance hace del desempeño hacia adentro? Las crisis económicas siempre son un potencial implosionador, así como las diferencias marcadas, y las hubo, por ejemplo, en el tema de las tarifas o en la decisión de habilitar el debate del aborto…Aun así, Cambiemos luce fuerte. ¿Hay Cambiemos para rato?

 

No creo que Cambiemos sea un fenómeno excepcional: son muchísimos los países del mundo en los que gobierna una coalición. Y Cambiemos además es una coalición mucho más natural desde los puntos de vista electoral, cultural e ideológico que muchas otras existentes en la región. En ese sentido, Cambiemos pareciera seguir fuerte e incluso creciendo, como en el caso de la Ciudad de Buenos Aires. Si bien es cierto que hay actores disconformes, también lo es que los gobiernos son de los presidentes, y que la experiencia muestra lo difícil, si no suicida, que es desafiar a un presidente desde adentro de su propio espacio. Dicho esto, el Presidente parece ahora empezar a entender la importancia de cuidar su coalición. Para Cambiemos es importante que, a falta de reglas claras de funcionamiento interno, Macri arbitre las inevitables internas con paciencia y sabiduría, y no se deje llevar por la falta de prudencia con que se mueve una parte importante de los dirigentes y funcionarios de su propio partido. Como todo en la Argentina parece hoy pender de un hilo, una ruptura de Cambiemos podría tener efectos políticos mayores que los de un eventual Lava Jato.

 

Por último, ¿cómo está hoy la ciencia política en el país? 

 

Mejor que nunca. Jamás hubo tanta oferta académica (hay unas 50 licenciaturas), el crecimiento de los graduados es exponencial (hay unos 18.000, hace 10 años éramos unos 8.000, y hace 20, 2.500), y los ámbitos de desarrollo profesional se han expandido desde la docencia y la investigación hacia la asesoría en poderes ejecutivos y legislativos en los tres niveles de gobierno (nacional, provincial y municipal), la administración pública, la gestión de organizaciones no gubernamentales, la investigación de la opinión pública, la docencia en la educación media, y hasta el trabajo en oficinas de relaciones institucionales de grandes empresas (que diseñan la “política” empresarial respecto de los poderes públicos). En tiempos volátiles, el saber politólógico es cada vez más valorado. Por eso esperamos unas tres mil personas en el próximo Congreso Nacional de Ciencia Política organizado por la Sociedad Argentina de Análisis Político (SAAP) y la Universidad Nacional de San Martín en julio de 2019. Más información en www.saap.org.ar

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