Una nueva agrodirigencia

Nuestra agrodirigencia deberá estar a la altura de un mundo globalizado

 

Por Patricio DellaGiovanna Gaíta Delegado de la SRA, Consejero del INTA y miembro del Comité de Asuntos Agrarios del CARI

 

La última Exposicón Rural de Palermo, que tuvo lugar entre el 18 y el 29 de julio, dejó en claro que el campo argentino está redefiniendo su rol en la política nacional.

 

Por un lado, fue terminante con todos los dirigentes políticos nacionales y provinciales, respecto a la irretroactividad de la baja de las retenciones. Asimismo, Argentina fue sede, por primera vez en la Historia, del encuentro de ministros de agricultura del G-20. El hecho de que las 20 economías más grandes del globo se reúnan en casa, no es casual. Definitivamente no. Nuestro país ha logrado reinsertarse el mundo desde el lado que más cómodo se siente: produciendo alimentos de calidad y en cantidad para millones de habitantes del mundo. Como nunca, se vivió un Palermo lleno de reuniones y discusiones sectoriales que iban desde el rol de los productores de carne de guanaco –una delicatassen surgida de una situación de crisis en los campos de la Patagonia austral- hasta el desarrollo de nuevos comederos inteligentes, que suplementan a los animales en base a las necesidades calóricas específicas de cada uno, por medio de un chip geolocalizado.

 

Por el otro, dejó traslucir varias cuentas pendientes que todavía tiene el sector para reinventarse. Estas tienen que ver con el atraso de la ganadería nacional, el envejecimiento de los dirigentes gremiales, el papel de los jóvenes en la agenda agroindustrial, las mujeres rurales como actoras fundamentales de la cadena agroalimentaria y un cúmulo de leyes que se anuncian pero que no se sancionan: riego, semillas y seguro multiriesgo entre otras. Además, dejó traslucir una necesidad que tiene nuestro sector, obtener una fuerte representación en el ámbito político de la nación. El hecho de que ciertos agrodirigentes ocupen hoy cargos públicos, debería potenciar a los productores para continuar involucrándose en la “res pública” de nuestra Nación. Y así, generar acuerdos transpartidarios que sienten las bases de una propuesta agroindustrial sin distinción de colores políticos que nos una bajo el concepto de una ruralidad aggiornada al Siglo XXI. Debemos tener agro concejales, agro legisladores provinciales y nacionales, y fuerte voces agro empresarias.

 

Argentina y su agrodirigencia deberán dar discusiones a la altura de un mundo globalizado que come más, con paladares harto diversos. La representatividad debe crecer pero esta debe ir acompañada por la formación educativa. Varios de los ministros sentados a las mesa del G-20 en Buenos Aires, son acreedores de Phd o doctorados, mientras que el nuestro no. Ello no es un impedimento pero sí es un llamado de atención, porque a la hora de competir en el mercado mundial, las negociaciones serán cada vez más arduas. En consecuencia, necesitaremos a los mejores jugadores en la cancha, es decir, a agrodirigentes multilingües, universitarios formados al más alto nivel con la capacidad de discutir temas tales como las agro- criptomonedas, el venture capital, el crowdfunding y las nuevas creaciones: hoy hay vacas lecheras que dan leche hipoalergénica.

 

Tenemos metas ambiciosas, pero no debemos descuidar los medios para alcanzar dicho fin. Quedará en nosotros saber hacer lugar para las nuevas generaciones conservando lo bueno del pasado y lo mejor del presente para proyectarnos hacia un mejor futuro.

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