¿Qué hacer con el dólar?

Opinan José Luis Machinea, Jorge Carrera, Martín Vauthier, Gabriel Caamaño Gómez, Miguel Zielonka, Martín Alfie y Diego Falcone

Por la suba del dólar, aumenta la competitividad

 

Pese a las ventas del BCRA y el mejor clima entre los emergentes, el dólar volvió a subir en Argentina. La estrategia es insustentable (porque en algún momento se acaban las reservas) y, además, no se disipa la incertidumbre, que posterga decisiones de inversión y/o consumo. ¿Qué debe hacerse? ¿Convalidar un salto hasta donde el mercado se sienta cómodo y se equilibre? ¿O, por el contrario, el BCRA debe seguir batallando (con tasas, subastas e intervenciones a futuro) para defender la paridad en la zona de $ 31?

 

El riesgo que observan algunos economistas es que se hace muy difícil determinar cual es el tipo de cambio de equilibrio. Y si el dólar sigue subiendo sin control, la inflación puede trepar aún más. Por eso, un grupo de economistas entiende que se debe dejar subir un poco más al dólar (un salto discreto, señalan) para luego sostenerlo en ese nivel. De esa manera, habría un dólar adecuado para mejorar las cuentas externas pero que debería ser compensado con otras medidas que eviten su traslado a precios . Y que además ayuden a cumplir con la meta del déficit acordada con el FMI.

 

Otro sector no considera adecuado que se recurra a medidas con algo de heterodoxia porque tendrían más costos que beneficios. Pero el debate está abierto.

 

Por eso, El Economista dialogó con varios expertos para consultar sus opiniones sobre cual debe ser la política a seguir con el dólar. Según todos, y más allá de su opinión, es necesario subsumir esa política cambiaria a la política económica general porque no son compartimientos estancos. A continuación, sus visiones.

 

José Luis Machinea UTDT y ex Presidente del BCRA

 

“En el marco de un nuevo programa, se requiere generar credibilidad en el cumplimiento de las metas fiscales pactadas con el FMI y en el financiamiento de las obligaciones del 2019. No deben existir dudas desde el punto de vista fiscal y debe negociarse un préstamo puente de US$ 10.000 millones adicionales, ya sea con países o con el propio FMI, para cerrar el Programa Financiero de 2019. Ese es el camino. Debés mostrar que tenés el dinero y que no hay dudas de que vas a cumplir con todas tus obligaciones”, dice Machinea en diálogo con El Economista. “Estas medidas deben anunciarse conjuntamente con el nuevo tipo de cambio. También debe haber un acompañamiento de los empresarios de todos los sectores, con acuerdo de precios, en algún caso retenciones o también postergando por un año la anunciada baja de impuestos, para que la gente perciba que es un esfuerzo compartido”, remata.

 

Jorge Carrera UNLP y ex Economista jefe del BCRA

 

“Hoy, las dos opciones extremas son malas y la ancha avenida del medio tampoco existe”, dice. “Es un problema defender un tipo de cambio bajo y que la gente no te crea”, dice, por un lado. Por el otro, “dejarlo ir a un nivel más alto genera dudas sobre cuan preparado está el Gobierno, y no solo por el efecto inflacionario”. En ambos casos, dice Carrera, es necesario un anclaje de expectativas. Por ejemplo, si se elige defender el $31, “saliendo a hacer una propuesta fuerte con algún ancla para decir con potencia ‘acá me paro’”. El problema, agrega, es que eso no ha ocurrido, “ni con la bala de plata del FMI, que se usó tempranamente”. Resulta que la brecha de dólares, amplía, “es grande” y no sólo figuran allí los dólares que necesita el Tesoro en 2019 (cerca de US$ 8.000 millones) sino lo que se precisan para la Cuenta Corriente (que rondaría los US$ 15.000 millones en 2019) y la Cuenta Capital, con un formación de activos externos que persiste con ahínco. “Siempre y cuando no haya más shocks negativos”, dice Carrera, como Brasil o una eventual cosecha mediocre. “El Gobierno debe dejar de correr detrás de la curva”, concluye.

 

Martín Vauthier Eco Go y UTDT

 

“Actualmente, el Gobierno dispone de un stock de divisas (reservas netas del swap con China, con Basilea y encajes por US$28.000 millones y desembolsos trimestrales por US$2.900 millones del FMI) que puede destinarse a dos usos: blindar el Programa Financiero en moneda extranjera o intentar sostener al peso en un contexto de desarme de Lebac”, ensaya, como introducción, Vauthier. “En este contexto, y en ausencia de un aumento en la liquidez en dólares (por ejemplo, un adelanto en los desembolsos del FMI o nuevas líneas de crédito con otros prestamistas que incrementen el poder de fuego), la política económica se encuentra frente a un dilema en el que cualquier decisión va a comportar elevados costos una vez que el mercado bajó el pulgar al financiamiento de los déficit gemelos, que se incrementaron entre 2015 y 2017”, agrega. “En este punto, cada dólar que el Gobierno utiliza para defender al peso es un dólar menos del cual dispone para enfrentar los vencimientos de corto plazo en moneda extranjera, mientras el mercado ‘hace la cuenta’ de los dólares que van quedando en el camino. Sin una baja sostenible en el riesgo país, que muestre que el Tesoro vuelve a tener acceso a financiamiento para ampliar el stock de divisas disponible y moderar el trade off entre defender al peso o asegurar el pago de los vencimientos de corto, no hay medida (intervenciones, tasas altas, subas de encajes) que pueda estabilizar al mercado de cambios por más de unos días o semanas. Adicionalmente, si las intervenciones se prolongan, se corre el riesgo de ingresar en un círculo vicioso en el cual el stock de dólares disponibles se reduce, lo que termina dificultando la baja en el riesgo país y aumentando consecuentemente la presión cambiaria. Y si la presión en el mercado de cambios se mantiene, las tasas de interés en pesos deben sostenerse en niveles elevados, lo que posterga en el tiempo la recuperación en el nivel de actividad requerida para reducir la incertidumbre en el plano político, que es otro de los factores que pone un piso al riesgo país”, amplía Vauthier, también profesor de la Maestría en Finanzas de la UTDT. “Desde el punto de vista de la política, es entendible que se busque evitar la percepción de un dólar aumentando todos los días. Sin embargo, si no se despejan las dudas sobre el Programa Financiero y no se logra una baja en el costo de financiamiento, las intervenciones corren el riesgo de complicar el escenario de corto plazo, dificultando la baja en el riesgo país, manteniendo la presión sobre el mercado de cambios y la necesidad de sostener las tasas altas en pesos, postergando la vuelta al crecimiento y prolongando la incertidumbre en el plano político”, concluye.

 

Miguel Zielonka Econviews

 

“En mi opinión, el dólar contra el peso debe moverse en tándem con las monedas emergen- tes, y especialmente con el real. Si el movimiento del peso se se- para del real, entonces sí tiene sentido administrar. Si no, usar instrumentos para alejarnos del movimiento de las monedas regionales no es aconsejable. En resumen, hay que pelear solamente si nos estamos debilitando en exceso”, dice Zielonka. ¿Y se puede acotar el pass-through, es decir, la inflación adicional que genera la suba del dólar? “La inflación será lo que tenga que ser. Hoy, la política monetaria no está intentando frenar la inflación sino estabilizar el tipo de cambio. Si llegan a un pacto social, mejor”, concluye.

 

Gabriel Caamaño Gómez Consultora Ledesma

 

“En esencia, estamos ante un evento por balanza de pagos. Ergo, el Gobierno necesita estabilizar las expectativas para poder relanzar el programa macroeconómico. En ese proceso, la reducción de la volatilidad cambiaria es un paso fundamental. Pero no es que tenga que ser lograda en forma directa sino, más bien, que tiene que ser un resultado de todo el resto. Al fin y al cabo, la volatilidad cambiaria es una consecuencia, que luego se vuelve a alimentar. Ergo, más que salir a querer eliminar la volatilidad cambiaria en forma directa, con tasa, absorción e intervenciones directas, más allá de lo que ocurra con los temas de fondo que explican la incertidumbre y el castigo, el BCRA debería intentar administrar el proceso e ir ganando tiempo y espacio para que se encaren las acciones tendientes a solucionar esas cuestiones”, dice. “El tema es que la línea entre una cosa y otra es delgada y difusa y, además, si el BCRA fuerza el tiempo y el espacio para que se avance y luego no se avanza, expost queda siempre como que intervino directamente, de la forma que sea, para intentar impedir algo que era inevitable”, agrega. Por último, sugiere que “terminar de despejar las dudas por el lado del Programa Financiero es una de las cosas que hace que no se termine de desactivar” y concluye: “Eso sería importante, al menos, para terminar de definir si nos queda algo por hacer o ya está”.

 

Martín Alfie Radar

 

“Todas las posiciones tienen sus riesgos. Yo creo que el ‘soltarlo hasta que se ubique’ es bastante peligroso, porque es una dinámica que no sabes cuando termina y profundiza aún más la recesión. Me parece que es necesaria una estrategia más clara y consistente que utilice las tres herramientas (tasas, subastas y futuros) de manera coordinada y más clara que hasta ahora, que busque estabilizar en torno a un nivel. De todas formas, es cierto también que las condiciones de oferta y demanda actuales no garantizan que puedas defender un valor, y puedas entrar en un escenario de pérdida de reservas acelerada y alimentación de expectativas de devaluación. Estoy más cerca de la posición de pelearle para mostrar estabilidad, pero no hay una receta mágica”, dice Alfie ante El Economista.

 

Diego Falcone Cohen

 

“El capital de trabajo que se invertía en Lebac ahora diversifica y una parte se va a dólares. Hasta que no se digieran esos $300-400.000 M de letras vamos a estar complicados. A (Luis) Caputo no le preocupa tanto la inflación. No hay que soltarlo y que se acomode sólo: es como dejar a Ronaldo sin marca. Por lo menos, seguilo como Mascherano a Mbappé”, dice el Head Portfolio Manager de Cohen.

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