El sector externo empieza a reaccionar ante el ajuste

La balanza comercial y la balanza turística empiezan a reaccionar favorablemente a los nuevos precios relativos y la recesión

 

Por Mariano Cúparo Ortiz 

 

La balanza de bienes y servicios empieza a dar señales de mejora. Difícilmente pueda ser catalogado como una buena noticia, vista integralmente, porque es una consecuencia de la caída de las importaciones generada por el marco recesivo en el que entró la economía tras la devaluación del tipo de cambio (que también afectó, lógicamente, el turismo). Aun así, tanto el rojo de turismo como el de bienes mostraron una buena reacción ante el ajuste y los analistas prevén que la dinámica en el frente externo dejará de sufrir la presión de los rojos de bienes y servicios, aunque la fuga (la compra de dólares minorista) seguiría siendo una fuente de desequilibrios.

 

Lo definió hace unos días el director de Macroview, Pablo Goldín, en El Economista TV, con una proyección incluso optimista, aunque crítica, hacia adelante: “En el sector externo cambia completamente el panorama. Hasta hace unos meses el tema era el déficit comercial y de cuenta corriente. En seis meses el tema será de cuanto será el superávit comercial. ¿Eso soluciona al sector externo? No, de ninguna manera, porque vamos a tener positivo el comercio exterior, no por una buena noticia sino porque se van a derrumbar las importaciones en forma absoluta, pero vamos a seguir con el tema del colchón y el atesoramiento”.

 

Se estabiliza la CC

 

Un informe publicado ayer por Ecolatina le puso números macro al fenómeno de estabilización externa por las malas. La situación remite a una estrategia infalible para que una pareja merme su cantidad de peleas, que los amantes se vean menos. La consultora afirmó: “Tras el salto del dólar y el enfriamiento de la actividad, el desequilibrio externo comenzó a moderarse por el brusco freno de las importaciones. Estas pasaron de crecer 20% interanual en el primer cuatrimestre del año a caer 0,5% interanual en mayo-junio de 2018. En igual sentido, las compras externas de servicios pasaron de crecer 6% interanual en el acumulado enero-abril caer 12% interanual en el bimestre mayo-junio”.

 

Y agregó: “El rojo de bienes sería prácticamente nulo en el segundo semestre, achicándose significativamente respecto a los casi US$ 6.000 millones de la segunda mitad del año pasado. El saldo comercial de 2018 marcaría una mejora respecto al año pasado, pasando de un déficit US$ 8.500 a US$ 5.500 millones. El déficit de servicios también se achicaría en la segunda mitad del año alrededor de 25%, cerrando el año en torno a US$ 8.000 millones”.

 

Respecto la cuestión de los servicios, donde el turismo es por lejos la principal explicación del drenaje de divisas que mes a mes se ve en los informes del MULC que publica el BCRA, el analista Federico Muñoz aportó un dato clave en lo que se observó en mayo, mes en el que la crisis cambiaria hizo centro: “El gasto con tarjetas de crédito de argentinos en Chile, en mayo, fue la mitad que en mayo del año pasado. La canilla del turismo shopping parece estar cerrándose de manera acelerada”.

 

Se subestimó

 

La cuestión del balance externo es central ya que es por ahí por donde se encuentran las principales explicaciones para la crisis de divisas que tuvo la economía y que desembocó en la fuerte devaluación y parate de la actividad económica.
Sigaut Gravina destacaba hace unos días que desde el Gobierno se subestimó la cuestión hasta que se volvió imparable. La carta de la Jefatura de Gabinete de enero sostenía que “una parte importante del deterioro reciente es explicable por factores específicos (autos y Brasil), que irá disminuyendo a medida que baje el déficit fiscal y que otros países en la misma situación en la que estamos –saliendo de una recesión, necesitados de inversiones para crecer– también han tenido déficit parecidos (o mayores) a los nuestros”.

 

El economista de Econviews, Eric Ritondale, coincide en el punto de vista generalizado acerca de que “la economía tuvo un déficit externo muy alto el año pasado, que fue mal leído por el mercado y por eso se vio la corrida cambiaria en abril y mayo”. Y afirmó que la clave para solucionar el problema será, en algún punto, más que contraer las importaciones vía recesión, superar los desafíos estructurales y exportar más y mejor: “Los desafíos estructurales están por el lado de las exportaciones. Sabemos que el año que viene van a aumentar US$ 10.000 millones sólo por la cosecha. Después tenemos otros desafíos más estructurales, que son cuestiones de mediano plazo como el perfil productivo”.

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