“El Gobierno minimizó la movilización de la calle”

El Economista dialogó con Juan Negri (Politólogo y docente en la Unsam y UTDT)

 

Entrevista a Juan Negri Politólogo y docente en la Unsam y UTDT Por Néstor Leone 

 

“Nunca hubo una discusión legislativa tan formidable con un Ejecutivo tan prescindente. Esa prescindencia aumentó la sensación, entre los defensores del proyecto, de que el culpable de que no saliera era él y su partido. Pero tal vez sea una decisión racional”, sostiene Juan Negri, politólogo y profesor de las universidades de San Martín (Unsam) y Torcuato Di Tella (UTDT), en esta entrevista con El Economista en la que analiza el debate parlamentario por el aborto legal y sus implicancias en el mapa político. Y agrega: “A Cambiemos el triunfo del SÍ podría haberle complicado el armado en algunas provincias. El oficialismo, en el interior, está tratando de quitarle espacios al justicialismo. Con el proyecto aprobado esto podría haberse complicado”.

 

El Gobierno habilitó el debate parlamentario por el aborto legal hace cuatro meses. ¿Cuánto ganó y cuánto perdió el Gobierno con la discusión y con el resultado?

Cuando el Presidente decidió dar el debate, pensó que era una jugada que tenía muchos beneficios. En primer lugar, neutralizaba las críticas desde la izquierda de que encabeza un gobierno conservador. Además, movía el eje de discusión fuera de la economía, que no era un ámbito donde había mucho para mostrar. Además, dejaba expuesto al PJ, que tiene un sector muy conservador anclado principalmente en las provincias del noroeste. Y le permitía diferenciarse de su antecesora, que enarbola un discurso progresista, pero en su gobierno no adelantó la agenda sobre aborto, aunque sí en otros temas relacionados, como educación sexual integral. Sobre todo, pensaba que para el Gobierno no conllevaba muchos costos. Calculaban que el proyecto no iba a salir, lo cual evitaba alinear a parte del voto de Cambiemos, que es claramente conservador.

 

¿Qué ganó, entonces?

Creo que, al final, ganó poco. A pesar de abrir el debate, los sectores prointerrupción encuentran que el principal responsable de que el proyecto no haya salido es el oficialismo. Tal vez resulta paradójico, pero es así. Además, es probable que haya molestado a parte de su electorado, el más conservador, el de mayor edad. No me parece que este electorado tenga otra alternativa electoral, pero seguramente alguna molestia causó. Pero su principal pérdida reside puertas adentro. Haciendo esto, obligó a varios miembros del partido a exponerse. Todos los legisladores, incluyendo a la vicepresidenta Gabriela Michetti, tuvieron que dar a conocer su opinión sobre el tema. Estoy seguro de que a varios les molestó tener que hacerlo. Es un tema con tantas pasiones que es probable que hayan quedado resquemores entre los legisladores “verdes” y los “celestes”. Haciendo sumas y restas, varios en el partido deben estar pensando que este desgaste fue innecesario; y, encima, los “verdes”, algo frustrados por el desenlace.

 

¿Cómo evalúa las intervenciones del presidente Macri, en ese sentido?

En marzo, la movida me pareció muy buena. Pero, al igual que el Gobierno, minimizó el factor “calle”. Se generó una activación inédita de muchos actores, que venían batallando hace mucho tiempo, y explotaron cuando el proyecto se empezó a tratar. Las pasiones que despertó este proyecto excedieron el de la 125, en 2008. Algunos sectores del Gobierno, creo, piensan que era mejor que el proyecto saliera; por eso, están barajando la idea de un plebiscito. La estrategia personal de Macri fue llamativa. Nunca hubo una discusión legislativa tan formidable con el Ejecutivo tan prescindente. Esa prescindencia aumentó la sensación, entre los defensores del proyecto, de que el culpable de que no saliera era él y su partido. Pero tal vez es racional. A Cambiemos el triunfo del SÍ podría haberle complicado el armado en algunas provincias. Un (Alfredo) Olmedo, en Salta, rompiendo con Cambiemos. El oficialismo, en el interior, está tratando de quitarle espacios al justicialismo. Con el proyecto aprobado esto podría haberse complicado.

 

¿Qué consecuencias puede tener al interior del interbloque de Cambiemos o al interior del Gobierno?

Debe ser difícil para algunos diputados y diputadas, contrarios al proyecto, sentarse ahora con Silvia Lospennato, como si no hubiese pasado nada, que no paró de sacarse fotos con Victoria Donda o con Malena Galmarini. No creo que el bloque se parta; pero, sí, tendrán que reconstruir la armonía interna. En esto tiene que ver mucho el carácter de lo que se estaba discutiendo. En palabras de Albert Hirschman, un conflicto “innegociable”. Esto hizo que varias intervenciones fueran muy duras con los que estaban en la vereda de enfrente. No creo que a algunos legisladores les haya hecho mucha gracia el discurso de Lospennato, por ejemplo.

 

Los votos tuvieron un peso geográfico y etario importante en la determinación final. ¿Qué aspecto en especial lo sorprendió?

La sorpresa vino más que nada por el comportamiento de las provincias que podríamos definir como “centrales”. En otras palabras, que los senadores por Jujuy, Salta o Santiago del Estero hayan votado por la negativa, no debería sorprender a nadie. En términos geográficos, es más llamativo el voto de los senadores por la Capital o Santa Fe; o los diputados de Córdoba. Allí hay una mezcla de convicciones personales e ideología conservadora (posiblemente, el caso de Esteban Bullrich y de Federico Pinedo) con consideraciones electorales. Este último caso es el de Omar Perotti, que quiere ser gobernador de Santa Fe. Un voto negativo le resta apoyo en el sur progresista de la provincia; pero el norte de Santa Fe es otra cosa. Hay que ver si esa abstención termina siendo una buena estrategia. Es importante remarcar que, más allá de lo que uno piense, los senadores están pensando en su juego electoral. Quieren ser reelegidos, algunos aspiran a gobernar sus provincias. Es fácil, para los sectores progresistas, criticarlos (me incluyo), como se vio en las redes sociales. Pero para los senadores que aspiran a gobernar su provincia es difícil hacer campaña el año que viene con los sectores conservadores y la Iglesia en contra.

 

Los bloques estuvieron más atados a la pertenencia local de los senadores que a la discusión interna de esos espacios. ¿Qué implica eso en términos políticopartidarios, si se quiere?

Uno de los resultados de este debate fue que varios prestaron atención a cosas que los politólogos tenemos más incorporadas. Por ejemplo, el carácter regionalmente diverso de nuestro federalismo. Efectivamente, en algunos temas las fracturas regionales son más fuertes que las partidarias. Esto tiene que ver con el carácter desnacionalizado de nuestro sistema de partidos. Por ejemplo, en algunas cuestiones económicas, todos los legisladores de una provincia votan juntos. En el peronismo, esto es menos un problema, por dos razones. Primero, porque creo que está más acostumbrado a este tipo de divisiones regionales. Y segundo, porque ya está muy dividido entre kirchneristas y el peronismo “federal”. En la decisión de abrir el debate algo de este cálculo regional hubo: suponer que los principales votos en contra iban a venir del PJ. Aumentar la fractura entre el peronismo más izquierdista urbano contra el del interior, más conservador; pensando en seguir poniendo obstáculos a un peronismo unificado. En donde creo que le faltó muñeca a Macri fue en lograr que sus senadores votaran a favor. Pensando exclusivamente en términos estratégicos, creo que el mejor escenario para el Gobierno era que la mayoría de sus senadores votaran a favor y que el proyecto cayera por los senadores peronistas del interior. Al final, lo que terminó pasando es que el principal aportante de votos negativos fue Cambiemos.

 

¿Quiénes ganaron y quiénes perdieron con la discusión y el rechazo?

Creo que el Gobierno termina ganando poco, si es que ganó algo. No creo que gane votos del sector “verde”, dejó heridas internas. En marzo minimizaron esto cuando decidieron dar el debate. Aunque hoy es difícil verlo, los sectores feministas asociados a estos reclamos ganaron. Ganaron visibilidad, por ejemplo. Hoy ves pañuelos por todos lados. El debate se instaló. Tal vez soy poco objetivo en esto, pero creo que los sectores antilegalización quedaron muy expuestos en la pobreza de sus argumentos. Es una victoria pírrica para ellos. Si a eso le sumamos que hay una grieta generacional en este tema, creo que no falta mucho para que en Argentina se legalice el aborto.

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