Dólares 2019 y la tesis de la cosecha salvadora

La reducción en la oferta de dólares por parte del Ministerio de Hacienda enciende luces amarillas respecto de una nueva escalada de la divisa

 

Por Pablo Bortz y Nicolás H. Zeolla Ceed-Idaes y Conicet

 

Durante las últimas tres semanas, Argentina parecía vivir una tregua cambiaria. Una muestra es que el dólar había desaparecido de los titulares de los portales de noticias, lo que llevó a algunos a entusiasmarse con la posibilidad de que la incertidumbre cambiaria haya quedado atrás. Sin embargo, las razones de la tranquilidad parecen reducirse exclusivamente a la fuerte inyección de dólares producto del primer desembolso del acuerdo con el FMI. El aviso de la reducción en la oferta de dólares por parte del Ministerio de Hacienda enciende luces amarillas respecto de una nueva escalada de la divisa, a la vez que alerta sobre la cantidad de reservas mínimas para cumplir los compromisos con el FMI.

 

Considerando la información de reservas del BCRA se puede observar que la dinámica de drenaje de reservas no cesó. Tomando como punto de partida el 22 de junio, cuando ingresaron los dólares del FMI, las reservas se ubicaron en US$ 63.274 millones. Un mes después ya se perdieron US$ 5.179 millones. El principal uso de estas reservas fueron las operaciones del sector público por US$ 5.825 millones. Si uno descuenta el pago de vencimientos de intereses de bonos dolarizados (Discount y Century Bond por US$ 1538 millones) y que no se renovaron cerca de US$ 100 millones de Letes, el Gobierno lleva vendidos casi US$ 3.500 millones para abastecer la demanda de dólares de fuga minorista y el déficit de cuenta corriente. Es decir, el equivalente a US$ 100 millones por día. Y éste era el escenario de tranquilidad.

 

El año que viene los desembolsos del FMI serán por la mitad del volumen y estirados en el doble de tiempo que los de 2019. Es decir, en 2019, con el FMI solo no alcanza. Siguiendo las previsiones técnicas del organismo en el reporte del acuerdo Stand-By, es posible estimar una demanda de dólares de US$ 90.000 millones en concepto de importaciones de bienes y servicios y US$ 37.700 millones por amortizaciones de deuda e intereses, a lo que habría que sumarle unos US$ 13.400 por formación neta de activos externos (con bastante optimismo). Esto daría una demanda total bruta de dólares por aproximadamente US$ 137.000 millones. Por el lado de la oferta de divisas, el FMI estima que ingresarán US$ 85.300 millones por exportaciones, US$ 23.000 millones de deuda pública (por financiamiento de organismos internacionales, entre otros), US$ 14.000 millones por inversión extranjera directa y otras colocaciones de deuda privada, y US$ 11.636 millones por desembolsos del propio FMI, totalizando una oferta bruta de dólares de US$ 124.600 millones. El resultado neto de estas operaciones es un déficit de casi US$ 14.000 millones.

 

Para cerrar esa brecha, acá aparece la tesis de la cosecha salvadora y el boom de confianza. Debido a la mejora en los rindes y los precios internacionales, la cosecha de maíz y soja 2018-2019 aportaría unos US$ 6.000 millones adicionales entre marzo y junio, justo antes de las PASO. Esto traería asociado un shock de confianza (en un año electoral) que contraería la fuga a menos de US$ 6.000 millones para la primera mitad del año (unos US$ 1.000 millones por mes, o sea 180% menos que el promedio mensual para el primer semestre de 2018), lo que cerraría la brecha externa.

 

El optimismo implícito en estas cuentas no escapa a las propias autoridades ni al FMI. El anuncio de la reducción en los montos de las licitaciones diarias de dólares apunta en el mismo sentido: faltan dólares para cumplir con el objetivo mínimo de reservas comprometido con el FMI. Entre las alternativas aparecen: un tipo de cambio más depreciado, una tasa de interés más alta y/o la llegada de un fondeo extraordinario (como ser un swap con la Fed o más financiamiento del mismo FMI), ya en un escenario de máxima. De no suceder esto último, el FMI mencionó, en voz baja, la alternativa más temida para el escenario adverso: “La deuda federal es sostenible, pero no con alta probabilidad”.

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