Brasil: elecciones e incertidumbre

El 7 de octubre se realizarán las elecciones en el país vecino, y el panorama electoral y económico sigue atado a la suerte de Lula

 

Por Héctor Rubini Instituto de Investigación en Ciencias Económicas de la SAL

 

El 7 de octubre se realizarán las elecciones presidenciales en el país vecino, y el panorama electoral y económico sigue atado a la suerte de la candidatura del ex presidente Lula Da Silva. La semana pasada, el Partido de los Trabajadores (PT) inscribió la candidatura de Lula, quien está en prisión cumpliendo una condena de doce años y un mes por corrupción pasiva y lavado de dinero. Sin embargo, el Tribunal Superior Electoral (TSE) tiene tiempo hasta el próximo 17 de septiembre para expedirse sobre si podrá presentarse a las elecciones.

 

Los números

 

Las encuestas muestran pocos cambios en los últimos meses. La última estimación de Ibope, publicada ayer por la tarde, sigue mostrando a Lula liderando las preferencias de los electores (37%) más que duplicando la intención de voto para el inmediato seguidor, el militar retirado Jair Bolsonaro, del Partido Socialista Liberal (18%). Si Lula no se presentara, el PT presentaría la candidatura del ex intendente de San Pablo, Paulo Fernando Haddad, pero éste carece de la llegada y el carisma de Lula. En esa eventualidad, la encuesta de Ibope indica que el primero sería Bolsonaro, que emerge primero con el 20%; seguido de Marina Silva, de Rede Solidaridade, (12%) y Ciro Gomes, del Partido Democrático de los Trabajadores (PDT) con el 9%. Lejos aparece Haddad, el 4%, aunque en la encuesta de junio el candidato del PT estaba aún peor, con el 2%.

 

Ideas económicas

 

Las propuestas económicas de los candidatos afines a las reforma promercado de Michel Temer son defendidas por dos candidatos con muy baja aceptación, como el ex ministro de Economía, Henrique Meirelles, del Movimiento Democrático Brasileño, y el ex gobernador de San Pablo, Geraldo Alckmin, del Partido Social Demócrata Brasileño (PSDB). Ambos están a favor de la continuidad, con algunos matices de las políticas de Temer, pero no logran acercarse siquiera a Gomes o Silva en ninguna encuesta. Siquiera Alckmin después de haber logrado el apoyo de varios de los partidos menores de centroderecha (el llamado “centrão”).

 

En cuanto a los candidatos que lideran las encuestas, Bolsonaro es el que más enfáticamente se ha mostrado a favor de privatizar al menos un tercio de las empresas estatales, aunque con restricciones para empresas de energía y minería, mientras Silva sólo afirmó que no tiene prurito alguno al respecto. En cambio, Gomes está a favor de dar de baja las concesiones ya otorgadas para extraer petróleo aunque privatizaría empresas salvo Petrobras y Electrobras. En línea con su prédica de centro-izquierda está en contra de avanzar en serio en toda reforma al sistema previsional, y propugna por una reforma tributaria con mayor carga a la riqueza y a la herencia, y baja en la carga impositiva a productos básicos de consumo. Silva no tiene ideas muy diferentes en estos frentes mientras que Bolsonaro propugna una fuerte reducción del Estado, con la adopción de un sistema previsional de capitalización y una fuerte baja de impuestos a la renta de las empresas y a los dividendos, aunque últimamente ha defendido el programa “Bolsa Familia”, sujeto a un régimen de auditorías. Su probable ministro, Paulo Guedes, egresado de la Universidad de Chicago, afirmó que mantendría el actual régimen de tipo de cambio flotante con metas fiscales e inflación, y no despediría al actual directorio del Banco Central de Brasil. En caso de ganar, Bolsonaro transformaría el actual Ministerio de Hacienda en un Ministerio de Economía.

 

Bolsonaro con inercia

 

Sorprendentemente o no, el que se ha consolidado como el preferido de buena parte de inversores y empresarios es el polémico Bolsonaro. En principio no se lo tomó demasiado en serio debido a sus expresiones irritantes contra las mujeres, los afrodescendientes, los militantes de derechos humanos, la defensa de la libre portación de armas y su reivindicación de la dictadura militar de 1965-85. Aun así, su prédica ha sido hasta ahora fructífera. Un año atrás apenas se aproximaba hacia el 12%-13% de las preferencias de los electores, y ahora ya parece afirmarse en un piso de 20% de los votos.

 

Sus puntos débiles para imponerse en el balotaje son dos: por un lado, sus afirmaciones, al filo de lo permitido por la ley, y la débil base territorial y de fiscales para el escrutinio. Pero su progreso, se basa en otros dos, tampoco despreciables: uno es el uso intenso y muy eficiente de redes sociales, comparable al de Donald Trump en su campaña electoral, y el otro, la gestión del actual Gobierno. La encuestadora CNT/MDA publicó ayer un sondeo donde se observa que para el 2,7% de la población el gobierno de Temer es “bueno” (el registro de mayo era de 4,3%) mientras que para el 78,3% es “malo o pésimo” (en mayo opinaba así el 71,2%). La falta de empleo, la lenta reactivación de la economía, y fundamentalmente, la creciente inseguridad física, han permitido a Bolsonaro captar la atención de votantes que aceptan el discurso a favor de una política de “mano dura” en materia de seguridad interior.

 

Habrá que ver si con la retórica de “mano dura” e imagen marcial suma o resta votos. No es claro el atractivo de haber confirmado como candidato a vicepresidente a un general retirado y la decisión de ubicar al menos a otros cuatro generales en puestos clave de un posible futuro gobierno de Bolsonaro. Tampoco ha dejado de hacer ruido con sus declaraciones: el sábado pasado afirmó que si llega a la presidencia, retirará a Brasil de la ONU por considerar que ese organismo “no sirve para nada”, y que “es una reunión de comunistas, de gente que no tiene compromiso alguno con América del Sur, por lo menos”.

 

Igualmente, nada está asegurado para ninguno, dado el elevado nivel de decepción con el menú de candidatos y de propuestas: ya en junio la agencia Ibope observó que el 60% de los encuestados estaba indeciso o afirmaba que no emitirá su voto. Lo cierto, es que con o sin Lula, se ha consolidado Bolsonaro como el líder de la centroderecha para estas elecciones. Habrá que ver si podrá triunfar y, en caso de ganar, si aplicará un programa liberal en líneas con las ideas de su economista jefe, o si optará por una línea de populismo autoritario de final incierto.

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